22 enero, 2026

Guerra civil y genocidio patrocinado por imperialismos saqueadores en Sudan 

12 de diciembre de 2025. El país es escenario de una de las peores catástrofes humanitarias del mundo y, más recientemente, de asesinatos en masa y atrocidades contra civiles sudaneses en El Fasher, la capital de región de Darfur.

El número de muertos en dos últimos años de guerra civil oscila entre 60.000 y 150.000, según las fuentes; hay más de 13 millones de desplazados y más de la mitad de la población, de 52 millones de habitantes, se encuentra en riesgo de hambruna. Se calcula que dos tercios de la población necesitan asistencia humanitaria para sobrevivir. La violencia sexual como arma de guerra está generalizada y los indicios de una limpieza étnica en Darfur se han multiplicado tras la caída de El Fasher, el último bastión que le quedaba al ejército en esa región.

Sudán es uno de los países africanos con más riquezas naturales. Tenía gran cantidad de hidrocarburos, pero esto estaba en Sudán del Sur que se separó en el 2011. Pero ahora Sudán tiene una gran extracción de oro. Como toda África fue colonizado saqueado por los imperialistas de Europa, en el caso de Sudán por Gran Bretaña. Aunque declaró su independencia en 1956, como la mayoría de los países africanos en esa época, distintos imperialismos continuaron la colonización y saqueo del país con gobernantes y sectores burgueses que sirvieron a uno u otro imperialismo.

Durante 30 años, desde 1989 al 2019, gobernó el dictador Omar al-Bashir, cómplice con imperialismos para saqueo del país.

En el 2011 se independizó Sudan del Sur con 12 millones de habitantes, separándose de Sudan, repudiando a la dictadura de Al-Bashir. Sudan del Sur es rico en hidrocarburos, con población mayoritariamente negra africana, Mientras que Sudán tiene mayoría de población de ascendencia árabe.

Levantamiento popular en el 2019 y caída del dictador Al Bashir

La caída del dictador Omar Al-Bashir se produjo por un gran levantamiento popular. Marchas de millones de sudaneses que exigieron la destitución de Bashir desde diciembre de 2018 hasta abril del 2019, incluyendo la huelga política nacional de mayo de 2019 y las barricadas erigidas por los manifestantes que a menudo tomaron la ciudad a pesar de la violencia militar.

Cuando en diciembre de 2018 estalló la revolución sudanesa contra Al Bashir. Al Burhan y Hemedti eran dos pilares del régimen. En aquel momento intentar salvar la situación con un lavado de cara para que los negocios capitalistas se sigan haciendo. Ambos protagonizaron el golpe de Estado del 11 de abril que derribó a Al Bashir. Pero continuó el entreguismo de riquezas y empeorando la crisis del país hasta hoy.

Y ambos actuaron como un solo hombre para reprimir y terminar la revolución sudanesa, en episodios como la masacre de Jartum del 3 de junio de 2019, en la que fueron asesinados más de un centenar de manifestantes, o el golpe de Estado del 25 de octubre de 2021, respondido por millones de manifestantes en las calles.

La nueva guerra civil

Desde la caída de Al Bashir, los dos intentaron convertirse en el único hombre fuerte de Sudán. Cada uno cortejaba a las diferentes potencias imperialistas y cada uno era cortejado por estas para saquear el país.

El 15 de abril de 2023 se producían los primeros choques de la tercera guerra civil sudanesa. El detonante fue el enfrentamiento entre los dos hombres fuertes del país por un poder que han compartido desde 2019: Abdelfatah al Burhan, jefe del ejército sudanés y jefe del Estado de facto, y Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti, líder de las RSF.

Hemediti tuvo una historia de genocida. Durante la dictadura, entre el 2003 y el 2019 Hemediti comandó las milicias supremacistas árabes Janjaweed que actuaron como tropas de choque del dictador Al Bashir contra poblaciones negras, y que protagonizaron el genocidio en el que murieron cerca de 400.000 personas.

Al Bashir lo premió por esas masacres a Hemediti con concesiones de minas de oro y lo ascendió a jefe de la milicia paramilitar que se convirtió en su guardia principal, las RSF. Mientras medraba en el aparato del Estado se convirtió en uno de los hombres más ricos de Sudán. Y aquí entra en escena Emiratos Árabes Unidos (EAU), principal destino del oro sudanés asociado con Hemediti que le exportaba el oro.

Hoy los Emiratos Árabes Unidos muy vinculado a Estados Unidos, se han convertido en el principal suministrador de armas, apoyo logístico y dinero para Hemediti y sus milicias RSF, a través de sus aliados en la región: Chad, Uganda, Somalia y la Libia oriental.

A la vez, la oligarquía sudanesa de la capital y su hombre fuerte, Al Burhan, tenían otros acuerdos: la exportación del oro debía ser vía Egipto, el principal valedor de Al Burhan. Para El Cairo, la estabilidad y el control de Sudán es clave.

Las principales potencias imperialistas también están implicadas. China mantiene importantes acuerdos comerciales con Jartum  y su presidente Al Burhan y también sostiene al ejército sudanés con armamento. También Rusia tiene principales relaciones con Al Burhan en este momento.

Y Estados Unidos tiene relaciones con Emiratos Arabes Unidos y a través de ellos también con Heediti, el otro bando de la guerra civil.

El destino que las potencias imperialistas y la oligarquía del propio país tienen reservado para Sudán es el mismo que dictaron para Sudán del Sur. El “país más joven del planeta” obtuvo su independencia en 2011, sufrió una guerra civil desde 2013 hasta 2020 y desde 2017 encabeza el índice de Estados fallidos, por delante de Somalia. Eso sí, sus abundantes recursos (petróleo, oro, plata, diamantes, etc.) no han dejado de fluir hacia los países capitalistas avanzados.

La guerra civil en Sudan no solo no tiene final a la vista, sino que amenaza con extenderse a otros territorios de una región ya inestable, alimentada con dinero y armas por diferentes patrocinadores imperialistas.

Y aunque peleen entre ellos, en algo están de acuerdo los distintos imperialismos China, Rusia y Estados Unidos, y países que intervienen en Sudan, y los dos caudillos Heditti y Al Burhan, en saquear el país reprimir cualquier movimiento popular que cuestione este saqueo.

África está recorrida de norte a sur por la revolución y la contrarrevolución. A la pesadilla de la guerra civil sudanesa se suman otras como la de la República Democrática del Congo, todas con un mismo sometidas al robo de los recursos naturales del continente por las potencias imperialistas y sectores burgueses africanos asociados a potencias imperialistas.

Frente a esto, el mismo espíritu que impulsó la revolución sudanesa en 2019 impulsa ahora movilizaciones en Madagascar, Tanzania, Camerún, Kenia o Marruecos. Mientras el capitalismo ofrece miseria, saqueo y guerras, los trabajadores y la juventud muestran una y otra vez que hay un camino de unidad y rebelión para cambiar el estado de las cosas. En toda África, el continente más devastado y saqueado por los imperialismos desde hace muchos siglos. La disyuntiva socialismo o barbarie es hoy más cierta que nunca en Sudán y en toda África.

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