Israel, la paz crucificada
El actual diálogo entre israelíes y palestinos, como los anteriores intentos de llegar a acuerdos de paz definitivos, está amenazado con terminar en un rotundo fracaso.
El actual diálogo entre israelíes y palestinos, como los anteriores intentos de llegar a acuerdos de paz definitivos, está amenazado con terminar en un rotundo fracaso.
Siete semanas después del inicio en Washington de las negociaciones directas entre la Autoridad Nacional Palestina y el gobierno de Israel, compulsadas y rectoradas por Estados Unidos, estas no han mostrado progreso alguno, se encuentran detenidas y con grandes posibilidades de fracasar debido a demandas de Tel Aviv, inaceptables para los palestinos.
Cuando la Casa Blanca convocó a ambas partes a retomar las negaciones en busca de una salida al conflicto, pidió se reestablecieran sin condiciones previas. En la práctica ha sido Israel quien ha sentado las pautas para continuarlas.
A pesar de la solicitud de Washington, la Unión Europea y la ONU, el primer ministro sionista, Benjamín Netanyahu, se negó a prolongar la moratoria sobre la construcción de nuevos asentamientos de colonos judíos en los territorios palestinos, que venció el pasado 26 de septiembre.
Esta es una medida clave demandada por la ANP para proseguir un diálogo rodeado de escepticismo, desconfianza, e incertidumbre, y el rechazo por amplios sectores de la población palestina.
La decisión de Netanyahu, apoyada por la ultraderechista coalición de su gobierno, fue aprovechada por los colonos judíos para reiniciar la edificación de las más de 2 mil viviendas programadas en el vasto plan de colonización sionista en Cisjordania y Jerusalén oriental, que originó nuevos enfrentamientos con los residentes palestinos.
En una posición aún más intransigente los dirigentes sionistas exigen ahora a los palestinos el reconocimiento de Israel como un Estado-nación judío, a cambio de una nueva moratoria sobre la construcción de los asentamientos, sin mayores compromisos de su parte, capaces de restituir definitivamente los derechos del pueblo palestino.
La constitución del Estado palestino independiente, bajo la concepción israelí, estará cercenado en su extensión y soberanía, al no reconocer Tel Aviv las fronteras existentes antes de la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967 y, además, pretender este desmilitarizado y con presencia del ejército sionista en zonas fronterizas.
Agrava más la situación, la enmienda a la Ley de Ciudadanía, recién aprobada por el Knesset, (Parlamento), que obliga a los no judíos que quieran nacionalizarse israelíes a jurar lealtad al país como Estado judío y democrático, lo cual afecta a la minoría palestina, un quinto de la población de la nación hebrea, que en 1948 quedó dentro de las fronteras de Israel, y también a millones de refugiados árabes, que se verán imposibilitados del retorno, como lo establecen resoluciones de Naciones Unidas.
La medida, calificada de fascista por países árabes, es otra expresión de la falta de voluntad política de Israel para llegar a un acuerdo de paz con los palestinos.
Para los analistas políticos, con estas onerosas condiciones, rechazadas categóricamente por la ANP y el pueblo palestino, el primer ministro israelí pretende también demostrar el fracaso de la política de Estados Unidos para lograr la paz ha fracasado, y la potencial derrota de Barack Obama y el Partido Demócrata en las elecciones legislativas norteamericanas del próximo mes de noviembre.
El contexto del inestable diálogo entre la ANP e Israel, se han producido nuevos hechos de violencia con Cisjordania por las agresiones de los colonos judíos y del ejército sionista a la población palestina, que han costado la vida a niños y adolescentes y causado, además, numerosos daños materiales.
A la vez, Israel mantiene bloqueada por aire, mar y tierra la Franja de Gaza, con lo cual agrava más cada día la crisis humanitaria en que ha sumido a ese territorio habitado por un millón 500 mil palestinos.
En estas circunstancias las perspectivas son cada vez más dudosas y difíciles para el logro de una paz duradera, que Israel ya se ha encargado de crucificar.