La revolución agraria traicionada
He querido asignar como título a este pequeño y modesto ensayo, una analogía con la magistral obra de León Trotsky, La Revolución Traicionada. Obra que vio la luz tiempo después de que estalinismo cegara la vida de este gran líder Bolchevique de la Revolución Rusa. Entendiendo el mismo como una contribución para dar inicio a reflexiones y análisis profundos en materia de la Revolución Agraria, especialmente en estado Yaracuy.
He querido asignar como título a este pequeño y modesto ensayo, una analogía con la magistral obra de León Trotsky, La Revolución Traicionada. Obra que vio la luz tiempo después de que estalinismo cegara la vida de este gran líder Bolchevique de la Revolución Rusa. Entendiendo el mismo como una contribución para dar inicio a reflexiones y análisis profundos en materia de la Revolución Agraria, especialmente en estado Yaracuy.
El análisis que brevemente presento está enfocado en los aspectos históricos y político institucional, cuyo estudio nos permitirá explicar y entender la realidad de la dinámica actual del campesino yaracuyano y sus relaciones con otros actores del agro. Correspondería en futuros ensayos presentar otros puntos de vista en relación a la materia.
El campesino del estado Yaracuy, verdadero y auténtico actor de las revoluciones que han perseguido la emancipación del pueblo. Sus fibras moleculares están impregnadas de las luchas del Negro Miguel y Andres López del Rosario «Andresote», quienes encendieron la llama libertaria en contra de la monarquía española.
De las entrañas de los campos del yaracuyanos, surgió años más tarde, ya en Guerra de Independencia, José Joaquín Veroes, quien al lado del propio Simón Bolívar participa en varias acciones de armas, en Lima militó a las órdenes del general Jacinto Lara y luego en Bogotá con el Libertador.
Al calor de la Guerra Federal y de la revolución campesina, insurge bajo las banderas de “Tierras y Hombres Libres”, proveniente del pueblo de Urachiche Prudencio Vázquez, quien decidió no seguir siendo un peón de hacienda, e incorporarse a las filas del ejército federal bajo las órdenes del General del Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora.
De igual manera a lo largo de nuestra historia han insurgido otros líderes como Faustino Parra, quien fue un rebelde, un “guerrillero” de su tiempo que abrazó con gran pasión el liberalismo. Luchó por los humildes y buscaba la redención de su gente, se identificó con los problemas populares y exigía víveres a los más poderosos para entregárselos a los necesitados.
Digno ejemplo de la estirpe revolucionaria del campesino de Yaracuy, fue el comité de Tierras “Santa Lucía San Juan”, quienes en tiempos de la democracia Adeco-copeyana, hicieron frente a las bayonetas del oligarca, representadas por la empresa azucarera Central Matilde, quien usufructuaba las tierras sagradas del Valle de Chivacoa. Mención importante merece el caso del Comité de Tierras “Cañizos-Palo Quemao”, quienes igualmente rescataron del latifundio 2.400 hectáreas ilegalmente en manos del oligarca ligado a la industria azucarera.
Vemos pues, que en el Yaracuy los campesinos y las campesinas llevan en su sangre un flujo ardiente por la libertad y la emancipación. Esta condición imprime a su accionar características de rebeldía, irreverencia, autodeterminación y autonomía; siempre al lado de sus instintos revolucionarios heredados de sus antepasados.
Ahora bien, veamos las relaciones actuales que tienen los campesinos y campesinas del Yaracuy con otros actores que hacen vida en el sector agrícola, veamos pues:
A pesar de que en el estado Yaracuy los catorce (14) municipios están en manos del PSUV, los alcaldes y sus equipos tienen una acción nula, gris y pírrica, dirigida a no fortalecer el sector agrario; su accionar ha sido castrador y limitador de la autonomía histórica de los epígonos del movimiento campesino. Bajo irracionales premisas de que «se debe mantener la disciplina revolucionaria», el burocratismo municipal pretende manejar al hombre y mujer del campo, cuando el principio socialista establece lo contrario (son las organizaciones del proletariado y el pueblo, democráticamente conformadas, quienes en el tránsito del capitalismo al socialismo tomarán el control de la economía y del Estado democrático-burgués, para transformarlo y edificar un nuevo Estado democrático obrero y campesino).
A nivel del gobierno regional, la situación no ofrece una mejor perspectiva, el Gobernador Julio León Heredia, como una de sus primeras medidas, eliminó la Secretaría de Tierras y Seguridad Agroalimentaria, esta instancia a pesar de haber sido un órgano del aparato democrático-burgués, ofreció en el pasado a las fuerzas campesinas un puntal para el rescate de manos del latifundio de más de 60.000 hectáreas en el estado.
Esta secretaría ha quedado reducida a una especie de oficina donde se donan ciertos combos compuestos por machetes, palas, semillas, entre otros, o promueven jornadas de profilaxia sanitaria a perros, gatos, caballos y otras especies animales. Más patético aún es la completa desvinculación entre los restos de la Secretaría de Tierras y el ente crediticio del gobierno regional (IADEY), cada uno por su lado, este último favorece a la pequeña burguesía rural. Esta incipiente política a corto, mediano y largo plazo no va elevar la producción de los campos rescatados, y no es por falta de recursos, sólo veamos las multimillonarias sumas que genera la Empresa «Socialista» de minerales o metálicos de Yaracuy, producto de la explotación irracional de arenas.
En esta heroica provincia fundada por Zamora el 28 de marzo de 1859, las instituciones adscritas al Ministerio del Poder Popular para Agricultura y Tierras, están secuestradas por un grupo denominado “La Pandilla de Braulio”, ellos se denominan Comando Regional Agrícola Unificado (CRAU), éste ha sido una cofradía que a través de una política termidonaria, controla y dirige la política agraria nacional en el estado Yaracuy, sus estrategias son típicas del burócrata pequeño burgués, se basan en el engaño y la coacción para «hacer su voluntad», quien se atreva a contradecirlos o proponer un análisis con puntos diferentes a los suyos, inmediatamente se activa un aparato excluyente, en el que una de sus cabecillas (Laura Lorenzo), da la orden de que a ese campesino o campesina no se le dé crédito ni tierras, véase el caso de la cooperativa Santa Inés del Monte, herederos del mártir campesino Nelson López, quienes no cuentan con el apoyo del Estado venezolano, o el caso de la comuna Valles de Bruzual, a quien Braulio Álvarez (Diputado a la Asamblea Nacional y líder de la pandilla) le desvió los recursos (2.500 millones Bs.) y se los entregó a Alonso Zapata (socio comercial de Braulio).
He mencionado que “La Pandilla de Braulio” esta liderada por el diputado Braulio Álvarez (unos dicen que tiene engañado a Chávez, yo sostengo que el comandante Chávez lo que mantiene es este estatus quo con conciencia de hechos). Álvarez aplica la farsa de atacar la ineficiencia de sus socios, cuando es él mismo que la promueve, éste junto a Johel Pineda «El Morocho» (Diputado suplente a la Asamblea Nacional), dirigen el Frente Campesino Jirajara, el cual es una pantomima reformista, que castra la autonomía y capacidad organizativa del hombre y mujer del campo, esta «organización» se basa en el mando burocrático, sin reflejo en la masa campesina, sin que ello sea producto de una elección democrática de base; sus directrices emanan de la cúpula de la pandilla, no del análisis democrático de los comités campesinos. Reitero lo expresado antes, quien se oponga, quien proponga, quien tenga iniciativa de ideas contrarias, es inmediatamente aplastado en sentido político y económico por la burocracia termidonaria encarnada en “La Pandilla de Braulio”.
Ahora bien, visto el análisis que brevemente he presentado, necesario es que el campesino y campesina del estado Yaracuy, vuelva a sus raíces históricas de lucha, de irreverencia, que le permitan gestar una verdadera organización de base, que sea fiel reflejo de la voluntad de la masa campesina, que no sea un “laboratorio de experimentación con ratas blancas”, en el que el burócrata decida, direccione e implemente.
Se deben implementar comités de base de la masa campesina, por fundo rescatado, o por sectores de fundos rescatados, órganos democráticamente electos, que puedan planificar y dirigir la producción de estos espacios. Estas nuevas organizaciones de base podrán entrar en contacto para la planificación de la producción agrícola con los comités de trabajadores de fábricas encargadas de dar valor agregado a lo producido. Igualmente y como enlace fundamental son los comités de consumidores, que actualmente se materializan a través de los consejos comunales o las comunas, eslabón fundamental, ya que al conocer los requerimientos de consumo, del área de influencia de los predios rescatados, perfectamente se puede planificar lo que se va a producir.