17 abril, 2026

La Segunda Independencia será socialista o no será

“La Junta Patriótica respeta, como debe, al Congreso de la nación; pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana. Vacilar es perdernos”.

Simón Bolívar, 4 de julio de 1810

“La Junta Patriótica respeta, como debe, al Congreso de la nación; pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana. Vacilar es perdernos”.

Simón Bolívar, 4 de julio de 1810

Hace 198 años un puñado de patriotas reunidos en el Congreso en Caracas declaró la independencia y con ello el establecimiento de la primera república de Venezuela. Se refrendaba así la declaración del 19 de abril de 1810 mediante la cual se había destituido al capitán general Vicente Emparan y conformado la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII.

Desde 1808 cuando se conoció en Caracas la noticia de la conquista francesa de España, la efervescencia política se había hecho sentir. Los sectores más radicales concentrados en la Sociedad Patriótica comenzaron a avistar la posibilidad de la independencia, mientras los más conservadores aspiraban a cierta autonomía manteniendo a Venezuela bajo dominio de la corona española.

Esta pugna entre los criollos ricos (mantuanos) en un primer momento la dominaban los conservadores, quienes vetaron el ingreso al país de Francisco de Miranda, social y políticamente sospechoso para estos sectores.

La capitanía general de Venezuela había experimentado un gran desarrollo de su comercio internacional, esto había posibilitado el surgimiento de una poderosa clase de blancos criollos muy rica y relativamente ilustrada, influída por el pensamiento revolucionario norteamericano y la Ilustración europea del siglo XVII.

El monopolio del comercio exterior ejercido por la corona española se había convertido en un severo obstáculo para el incremento de la riqueza de esa nueva oligarquía hija de los primeros conquistadores españoles.

Radicales y conservadores coincidían en la necesidad de independizar sus negocios del imperio, y se diferenciaban en los grados de dependencia respecto a la corona española. Poco a poco los sectores más radicalizados comenzaron a ejercer su preponderancia, la cual se puso en evidencia en la reunión del Congreso que declaró la independencia en 1811.

Se inició entonces una guerra cruel y total, que destruyó la base material de la provincia y acabó con las vidas de muchos de los mantuanos ricos que habían declarado la independencia y participado en la intentona de 1810.

Una muestra de la crudeza de la lucha se refleja en el decreto de guerra a muerte promulgado por Bolívar el 15 de junio de 1813. Para ese momento las atrocidades del ejército realista hacían inviable una guerra civilizada –si es que es posible llamarla así-. Según Bolívar el enemigo combatía en una especie de guerra de exterminio. En aras de dividir claramente los bandos en pugna, el decreto afirmaba que: “Nuestra bondad se agotó ya, y puesto que nuestros opresores nos fuerzan a una guerra total, ellos desaparecerán de América y nuestra tierra será purgada de los monstruos que la infestan. Nuestro odio será implacable y la guerra será a muerte… Españoles y Canarios, contad con la muerte aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida aun cuando seáis culpables”.

No sería sino hasta el triunfo militar en Carabobo que Venezuela conocería la vida como nación políticamente independiente. Sin embargo, aquella liberación conseguida en medio de la guerra más atroz y cruenta desarrollada en todo el continente, en medio de sacrificios indescriptibles, se perdería progresivamente en manos de la nueva oligarquía surgida de la confrontación, conformada por los caudillos militares que encabezaron la conflagración, quienes capitalizaron los pocos recursos y tierras del país. Serían estos lo que entregarían el país a las potencias imperialistas de la época, primero Inglaterra y Francia, y posteriormente a Estados Unidos, a partir del comienzo del siglo XX, coincidiendo esto con los albores de la explotación petrolera que convertirían a Venezuela de un país rural y agrícola a uno capitalista y minero.

La promesa de liberación y justicia social que acompañó la gesta de independencia no se ha cumplido. La sustitución de un imperio por otro ha signado la vida del país.

La lucha revolucionaria que el pueblo protagoniza desde 1989, y que en los últimos años ha conocido altos niveles de confrontación social y política, es continuación de aquella lucha que encabezaron los llaneros, negros, pardos y mestizos en el siglo XIX, tanto en la guerra de independencia como en la guerra federal.

Sigue pendiente la verdadera independencia del pueblo y los trabajadores venezolanos, que sólo será posible en el marco de la ruptura definitiva con el capitalismo, comenzando a transitar el verdadero camino del socialismo y del gobierno de los trabajadores y el pueblo.

Hoy los latinoamericanos y los venezolanos en particular, luchamos por una Segunda Independencia que será anticapitalista o no será. Cumplir con el sueño de integración latinoamericana de Bolívar sólo será posible en el marco de la revolución en todo el continente, para conformar la Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina.

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