17 abril, 2026

Las extrañas recetas del profesor Dieterich

El profesor Heinz Dieterich, desde que anda promocionando la idea de que para transitar hacia el socialismo no hace falta expropiar a la burguesía, cada cierto tiempo se supera a sí mismo y nos sorprende con recetas inverosímiles para superar los problemas que aquejan a los gobiernos reformistas de América Latina y enfrentar a las amenazas del imperialismo.

El profesor Heinz Dieterich, desde que anda promocionando la idea de que para transitar hacia el socialismo no hace falta expropiar a la burguesía, cada cierto tiempo se supera a sí mismo y nos sorprende con recetas inverosímiles para superar los problemas que aquejan a los gobiernos reformistas de América Latina y enfrentar a las amenazas del imperialismo.

En el reciente artículo titulado «Parálisis estratégica de Chávez-Correa-Lula ante Declaración de Guerra de Obama», Dieterich pronostica un golpe de Estado en el futuro próximo de Venezuela. Y dice que para evitar una agresión yanqui, vía Colombia, hay que armar un frente militar encabezado por nada menos que Lula Da Silva, y acompañado por Chávez y Correa, porque esa sería la única manera de enfrentar a los gringos, cuya política hacia América Latina compara con el Blitzkrieg nazi.

No es la primera vez que el profesor realiza este tipo de pronósticos, y las recetas que suele dar son igual de extrañas. El año pasado, en el marco de la ofensiva racista y separatista de la burguesía de la Media Luna boliviana, Dieterich recomendaba que se colocara a Fidel Castro como cabeza estratégica del gobierno boliviano. Según el profesor, todo el problema boliviano era la ausencia de un aparato burocrático de «planificación estratégica», y la formación de cuadros en las tesis del «socialismo del siglo XXI», esa doctrina utópica según la cual se puede organizar una economía de equivalencias sin expropiar a la burguesía.

Durante el 2007, cuando el general Baduel se alineó con la derecha, Dieterich le recomendó a Chávez que pactara con él y modificara la propuesta de reforma constitucional, porque había que ubicarse en el «centro político», que era lo que supuestamente hacía Baduel. Lo que Dieterich no vio en ningún momento fue el tremendo giro a la derecha emprendido por el gobierno de Chávez entre los años 2007 y 2008, a tal punto que le pidió a Chávez que llegara más lejos y pactara con Baduel.

Dieterich describe el infierno capitalista chino, en el que los trabajadores son semiesclavos, superexplotados por las transnacionales más importantes del mundo, como «una superpotencia mesurada, que participa responsablemente en la solución de los grandes problemas de la sociedad global, desde la crisis económica mundial, vía la destrucción climatológica y ecológica, hasta los conflictos en el campo nuclear (Corea del Norte, Irán)».

Dicho todo esto, volvemos al artículo sobre el supuesto Blitzkrieg de Obama y el rol de Lula para enfrentarlo. Dieterich ve una supuesta parálisis de Chávez y Correa, pero esto sólo lo percibe porque se niega a desentrañar el verdadero carácter de esos gobiernos. Son gobiernos de conciliación de clases, que proclaman abiertamente que es necesaria una alianza con la «burguesía nacional» (la misma que ha organizado golpes y sabotajes contra el pueblo), y que no son nada consecuentes frente al imperialismo. Por eso es que Chávez no hace nada contra la impunidad en el tema del sicariato contra el movimiento campesino; porque no desea ir contra esa alianza fundamental con la burguesía. Por eso les otorgó amnistía a los golpistas y tremendas ventajas económicas.

¿Cómo puede Chávez resistir al imperialismo al mismo tiempo que dice que Obama representa la esperanza de la humanidad, y que asegura que Venezuela será siempre un proveedor seguro de petróleo para los EEUU? En cuanto al papel de Lula, la cosa resulta peor. ¿Lula va a armar un frente militar regional para prepararse para frenar a Obama? ¡Por favor! Lula es actualmente uno de los candidatos de los yanquis para presidir el Banco Mundial cuando termine su mandato presidencial en Brasil. Esa es una demostración de que Lula es un agente del imperialismo, y que ahora va a cobrar por sus servicios. ¿A quién podría ocurrírsele que Lula pueda cumplir algún tipo de papel antiimperialista en el mundo?

Ahora supuestamente los burócratas José Vicente Rangel, Wilmar Castro, y Giordani, deben convencer a Chávez de que reoriente el rumbo de su gobierno para acabar con los racionamientos de luz y agua, la inseguridad, la inflación, y demás «fallas gerenciales». ¡Como si no fueran parte del mismo gobierno que Chávez! El problema es que no podemos tener una sociedad capitalista y dependiente sin sus defectos. Para superar estos, hay que realizar los cambios revolucionarios que reclama la población, pero que el gobierno es incapaz de hacer debido a los intereses creados a lo largo de diez años de gestión del Estado, en los cuales se ha levantado una portentosa nueva burguesía, tal como en la década del 60 surgió un sector burgués ligado a Acción Democrática. Ese sector dominante en el gobierno es enemigo mortal de todo lo que huela a revolución o a socialismo.

Dieterich también es un defensor de la conciliación de clases, cree que no hay que expropiar a la burguesía para avanzar hacia el socialismo. Y lamentablemente, Fidel ha venido dando el mismo consejo: no hacer de Venezuela otra Cuba.

No es verdad que estamos ante un Blitzkrieg nazi. Los gringos están usando ataques indirectos, como incluso demuestra el extraño golpe en Honduras, donde los gringos fueron ambiguos y jugaron al éxito del programa golpista de manera muy indirecta, a pesar de tener una base militar en ese país. Eso demuestra que los yanquis están debilitados, luego de su derrota en Irak y el empantanamiento de Afganistán, y no pueden (aunque sin duda les gustaría) apoyar de frente un golpe gorila como el hondureño, ni mucho menos lanzar un Blitzkrieg.

No podemos confiar en los mismos consejeros que han asesorado y definido el actual rumbo del gobierno venezolano, ni mucho menos esperar a que Lula se vuelva antiimperialista. Lo que hay que hacer es dejar a un lado las ilusiones y fortalecer al movimiento obrero y popular, dontándolo de una política autónoma, que no esté sujeta a los vaivenes del gobierno (que un día dice que Obama es la esperanza del mundo, y al día siguiente se lamenta de que nos quiera invadir). Hay que fortalecer una verdadera opción política revolucionaria y difundir la noción de que las salidas militaristas convencionales serán inútiles, pues sólo la resistencia de todo el pueblo puede enfrentar con éxito a una agresión imperialista.

* Simón Rodríguez Porras es militante de la Unidad Socialista de Izquierda

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