Los resultados electorales del 26 S: ¿fin de la transición?
Introducción
Todo proceso electoral es esencialmente político. Los resultados en las elecciones para elegir los candidatos a la Asamblea Nacional por parte del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), nos permite desde entonces un análisis de tendencias de cara no solamente a lo que será la composición del próximo Parlamento, sino esencialmente de lo que le depara al país (político) en los años que vienen.
Introducción
Todo proceso electoral es esencialmente político. Los resultados en las elecciones para elegir los candidatos a la Asamblea Nacional por parte del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), nos permite desde entonces un análisis de tendencias de cara no solamente a lo que será la composición del próximo Parlamento, sino esencialmente de lo que le depara al país (político) en los años que vienen.
Esta ocasión es propicia para develar varios aspectos:
I.- De dónde venimos como tiempo electoral y como tiempo político.
II.- La necesaria sincronía entre un tiempo y otro.
III.- El carácter de la transición.
IV.- Las perspectivas políticas (y no sólo electorales) para lo que serán las elecciones parlamentarias de septiembre 2010.
I.- De dónde venimos como tiempo electoral y como tiempo político
• La Reforma Constitucional que intentó darle un giro a la revolución se exponía como el punto más relevante de la acción política gubernamental, en apenas siete meses del nuevo ejercicio de gobierno y a tan sólo ocho años de la declaratoria de principios de la actual Constitución.
• Hoy en día la idea de la Reforma subyace aún en los planteamientos centrales del Presidente y de quienes lo siguen, sin considerar el necesario balance pendiente de su fracaso.
• Como ya lo habíamos advertido, la Reforma Constitucional evidenciaría que continuamos frente a un proceso de transición política iniciado como tendencia a partir del 27 de febrero de 1989 y profundizado diez años después, del cual aún no terminamos de salir.
• Podríamos señalar que la derrota de la Reforma entre otras cosas respondería a la ausencia de sincronía entre el tiempo político y el electoral. ¿Sigue siendo ello así?
II. La necesaria sincronía entre un tiempo y otro
• Cuando señalamos lo anterior, no sólo nos referimos a ciertos espacios políticos (por ejemplo el de la recurrencia de los procesos electorales) sino igualmente a las condiciones para participar en política.
• Ello explicaría que las tendencias políticas que se debaten en su seno no han emergido en su totalidad y lo que ha aparecido como manifestación no son aún definitivas.
• Lo anterior explicaría como, por ejemplo, más de la mitad de los candidatos por lista de la oposición lo constituyen dirigentes del Partido Acción Democrática (el partido más importante de la IV República) y Un Nuevo Tiempo (derivación del anterior).
• En este contexto, todos los procesos electorales (incluyendo el del PSUV y el del 26-S) que se abren en Venezuela, aparecerían en varios tiempos si tomamos como base algunas reflexiones sobre el pasado referéndum en torno a la Reforma y a la Enmienda Constitucional respectivamente, toda vez que las lecturas de los resultados de las elecciones desde diciembre del 2007 en el país tienen a – nuestro parecer – su punto de partida (como tendencia) en este último proceso, y no por ejemplo en las elecciones donde se eligieron gobernadores y alcaldes en los años 2005 y 2008.
III. El carácter de la transición
• El momento electoral del 26-S muestra de nuevo el contenido del proceso político que se inició en Venezuela a partir del año 98.
• Si como ya lo dijimos, desde entonces el sistema político venezolano es abierto, el carácter del mismo quedará ratificado con los resultados del próximo 26-S.
• Las fases de transición política históricamente han demostrado que son muy cortas en el tiempo.
• Es por ello que en ese periodo histórico tan concreto y tan específico las bases materiales (objetivas) y subjetivas deben ser echadas para mostrar que es posible el salto hacia niveles superiores de organización social y de producción.
• El período de transición, sus características pero sobre todo su tiempo de realización, es lo que ocupó mayor atención a teóricos del marxismo como Lenin y Trotski.
• Sería este último quien abordaría con mayor precisión el carácter de la misma. Trotski desnudó la dificultad propia inherente a la transición y lo difícil de construir el socialismo.
• ¿A qué se refería? Justamente al tiempo. La condición fundamental para que una transición se convierta “en un salto hacia adelante” y no en una “regresión hacia atrás” estaría determinado porque, en un tiempo muy corto, se debe demostrar que es posible trascender lo viejo que tarda en morir para dar paso a lo nuevo que tarda en nacer.
• Lo anterior es lo que quedará demostrado con los resultados electorales del 26-S. Lo viejo no ha muerto y lo nuevo ha tardado mucho en nacer.
• Lo último ha ocurrido, entre otras cosas, porque la transición no ha sido suficiente para hacer emerger lo nuevo.
• Y ha sido insuficiente porque ni la base material ni lo subjetivo ha sido creado como condición necesaria para preparar a la sociedad (venezolana) a un estadio superior de organización social.
• ¿Significa el resultado electoral el fin de la transición? No todo lo contrario. Crea las mejores condiciones (cualitativas ahora fundamentadas en la pluralidad y diversidad) para despachar la posibilidad de regresión y avanzar hacia saltos históricos.
• La transición se convierte en la oportunidad histórica que ofrece el tiempo presente para avances sociales cualitativos.
• No obstante, la historia de las revoluciones demuestra también que si los cambios no son aprovechados en tiempo oportuno, la regresión incubada en ella aparece y se reafirma como negación.
• No hay un sólo ejemplo en la historia de las revoluciones donde la transición haya sido exitosa.
• En consecuencia, darle fuerza y contenido para comprender la importancia del tiempo histórico que se juega en una fase de transición, sigue siendo un asunto pendiente en los momentos actuales.
IV. Las perspectivas políticas (y no sólo electorales) para lo que serán las elecciones parlamentarias de septiembre 2010
• La enorme abstención en el seno de las elecciones del PSUV y los 52 puestos reservados para la lista muestran la disfuncionalidad en el seno de una organización que no termina de erigirse como el vaso comunicante entre el liderazgo del Presidente y su base social.
• El Partido que supuestamente había emergido con nuevos cánones de conducta y sobre todo de acción, quedó despachado con esta forma tan sui generis de elección. Ello quedará reflejado también en los resultados electorales del 26-S.
• Sin embargo, la revolución no necesariamente seguirá avanzando electoralmente si a ello no se antepone su profundización en lo político. Los resultados electorales del 26-S así lo van a demostrar.
• Se sigue priorizando en la constitucionalización y normativización del proceso político venezolano como si ese fuera el escenario central de los cambios actuales.
• Se volvió a hacer hincapié en las reglas del sistema democrático burgués (elecciones) y no se ha percatado que a la larga, en la mayoría de los casos, los pueblos han sido víctimas de las perversidades inherentes a la misma.
Conclusiones
• En este contexto, no hay momento para más y nuevas equivocaciones pues los tiempos de la derecha no son los de la izquierda y la regresión se devela como la principal amenaza de los cambios revolucionarios, y sobre todo, emancipatorios que se suscitan a escala histórica y mundial.
• Los resultados del 26-S son una expresión más de los errores internos que se han cometido en el seno del oficialismo que de una victoria propiamente de la oposición.
• Ya sabemos que esta ha hecho lo suyo y ha experimentado de todo hasta que consiguió resultados.
• Sin embargo, no se puede negar que se está en una fase en la que o se le imprime fuerza al proyecto de cambio y en consecuencia se profundizan en las tareas pendientes, o se corre el riesgo de que a decir de Daniel Bensaid, «el aniquilamiento de las virtualidades liberadoras invente amenazas desconocidas y no menos aterradoras».