Los sucesos que cambiaron la historia
Hace 52 años, el 23 de enero de 1958, el dictador Marcos Pérez Jiménez y un grupo de sus colaboradores, huían en el avión presidencial «La vaca sagrada» rumbo a Santo Domingo, donde otro dictador, Rafael Leonidas «Chapita» Trujillo les dio asilo, y seguramente se los cobró a buen precio.
Hace 52 años, el 23 de enero de 1958, el dictador Marcos Pérez Jiménez y un grupo de sus colaboradores, huían en el avión presidencial «La vaca sagrada» rumbo a Santo Domingo, donde otro dictador, Rafael Leonidas «Chapita» Trujillo les dio asilo, y seguramente se los cobró a buen precio.
Terminaba así un período iniciado el 24 de noviembre de 1948, cuando los militares, con el mismo Pérez Jiménez a la cabeza, derrocó al presidente constitucional Rómulo Gallegos, en un típico golpe de Estado, y fue reemplazado por una junta militar que pocos días después fue reconocida por el gobierno de Estados Unidos. Se iniciaba una cadena de golpes que se prolongó varias décadas.
Esa madrugada en Caracas comenzó una pugna por el poder. En la Academia Militar se reunió un grupo de altos oficiales con el contralmirante Wolfgang Larrazábal dirigiéndolo, mientras en el Ministerio de la Defensa (La Planicie) se reunían otros para formar una junta distinta.
Entre tanto, el radiodifusor Amilcar Gómez, militante del partido URD, presentaba en Radio Caracas a Fabricio Ojeda como presidente de la Junta Patriótica (JP). El país que conocía de su existencia, ignoraba quiénes la integraban y se sorprendió que la JP estuviese formada por representantes de AD, Copei, PCV y URD. Fabricio le habló al pueblo que había estado expectante desde la misma noche del 21.
¿Cómo fue posible que cayera tan fácilmente una dictadura que parecía tan sólida y que solo días antes había derrotado la rebelión militar que comandaba el Tcnel Hugo Trejo? La verdad, ese día 23 culminaba un proceso de descomposición del gobierno, que se aceleró durante esos días de enero (*)
El Plebiscito. Según la Constitución aprobada por la Asamblea Nacional de la dictadura, en diciembre de 1957 debía resolverse la sucesión de Pérez Jiménez (PJ) por la vía electoral. Ese callejón sin salida lo resolvieron con un plebiscito, se votaba azul para que PJ continuara y rojo por el cese de su gobierno. Casi nadie votó, pero las cifras que manipuló el Consejo Supremo Electoral le dieron una rotunda victoria al SÍ.
En las Fuerzas Armadas, donde ya existía descontento, el plebiscito estimuló a los sectores antidictadura y aceleraron los preparativos de una rebelión que se precipitó el 1º de enero con la detención, días antes, de varios oficiales. PJ pudo dominarla en poco tiempo, y lo anunció así al país. Pero la procesión andaba por dentro. La represión contra decenas de oficiales hizo que muchos otros militares organizaran nuevas conspiraciones, y comenzaron los contactos entre las cuatro fuerzas.
En la calle había mucha agitación, pese a que los participantes eran duramente reprimidos. Los papeles de la Junta Patriótica que se repartían guilladamente, la agitación de grupos de universitarios del Frente Estudiantil Universitario, las acciones en algunas fábricas y la creación de JP en el interior, el manifiesto de los intelectuales, etc, crearon un ambiente insostenible para la dictadura.
Pérez Jiménez destituyó al ministro de Defensa, Gral. Rómulo Fernández, posteriormente al del Interior, Vallenilla Lanz, y al jefe de la tenebrosa Seguridad Nacional, Pedro Estrada, todo lo cual revelaba sus debilidades y divergencias internas.
En algún momento fue posible establecer relación entre la Junta Patriótica y los militares, Fabricio Ojeda y el Dr. Oscar Centeno fueron el eslabón, y en especial con la Marina, y desde entonces se coordinaron las acciones. La unidad cívico-militar se había alcanzado oportunamente, y resolvió que el 21 de enero estallara una huelga general y seguidamente intervendrían varias unidades militares, navales, de la Aviación y de la Guardia Nacional.
La huelga. Esa huelga comenzó el 20 de enero en los diarios, de manera que al día siguiente la falta de prensa ayudara a la movilización en fábricas, comercio, banca, y en los barrios. Al mediodía, con el toque de campana en algunas iglesias, y el corneteo de los carros en el centro de Caracas, hizo explosión la protesta contra la dictadura.
Fue una huelga muy activa, en varios barrios hubo enfrentamientos con la policía, y en el centro de la ciudad y cerca de algunas empresas. El balance de muertos fue de 67.
También en el interior hubo paralización en algunas ciudades. Por la noche decretaron el toque de queda, nadie podía salir de sus casas. Por falta de coordinación entre los militares, Larrazábal ordenó que no se iniciara la acción militar. Fue un día de incertidumbre.
Desde Miraflores, Pérez Jiménez dio instrucciones para hacer un balance de las unidades militares, y al regresar la comisión le dio un parte negativo. Ninguna le quedaba fiel, salvo el batallón Bolívar. Por la noche, el general Llovera Páez le dijo que no podían quedarse. Y a partir de ahí empezaron a preparar la huida.
Hace diez años entrevisté a Pérez Jiménez en Madrid, y me dijo que a él no lo obligó nadie a salir, ninguna huelga y que lo hizo para evitar un derramamiento de sangre, que si peleaba habría tenido que fusilar a muchos traidores.
El movimiento popular, la Junta Patriótica, los partidos de la clandestinidad no tuvieron sentido del poder. Cuando se formó la primera Junta Militar, pese al prestigio que tenía la Junta Patriótica, y personalmente Fabricio Ojeda, no demandaron posiciones en la Junta y tampoco lo hicieron los oficiales más activos antidictaduras. La consigna que emergió en la tarde del 23 fue de «Civiles a la Junta». Y fueron complacidos, incorporaron a Eugenio Mendoza y Blas Lamberti, genuinos representantes del sector empresarial más poderoso.
Desde ese día, la unidad y el triunfo logrados el 23 de enero, fueron aprovechados durante cuatro décadas por fuerzas de la política y la economía que poco habían hecho por alcanzarlos.