«No se puede rescatar a la vez a Wall Street y a Main Street»
El discurso transcrito a continuación fue pronunciado por Alan Benjamin, en el Encuentro del 9 de mayo en San Francisco. Alan miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Sindical de San Francisco y es uno de los Presidentes del Comité sobre la crisis económica del Consejo. Este discurso se pronunció en nombre del Comité de organización del Encuentro, en la sesión de apertura del programa. El c. Benjamin estará presente en el XVI Encuentro para la defensa de los convenios de la OIT y de la independencia de las organizaciones sindicales, el 6 de junio de 2009, en Ginebra.
El discurso transcrito a continuación fue pronunciado por Alan Benjamin, en el Encuentro del 9 de mayo en San Francisco. Alan miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Sindical de San Francisco y es uno de los Presidentes del Comité sobre la crisis económica del Consejo. Este discurso se pronunció en nombre del Comité de organización del Encuentro, en la sesión de apertura del programa. El c. Benjamin estará presente en el XVI Encuentro para la defensa de los convenios de la OIT y de la independencia de las organizaciones sindicales, el 6 de junio de 2009, en Ginebra.
A mediados de enero, el Comité sobre la crisis económica, del Consejo Sindical de San Francisco (SFLC) publicó un informe que destacaba un punto central: no se puede salvar a la vez a Wall Street y a Main Street «porque Wall Street se beneficia de la especulación y el plan de salvamento subvenciona la especulación».
Afirmábamos que no podemos responder a las necesidades de los trabajadores y de los oprimidos – en particular en este período en que la economía está pasando de una recesión épica a una depresión – en asociación con Wall Street y los patronos. Este principio fundamental – que está en el origen del movimiento sindical – nos ha llevado a organizar esta conferencia bajo una la consigna: «¡Rescatar a los trabajadores – No a Wall Street!».
No se puede construir una cooperación con Wall Street y las grandes multinacionales, porque los intereses de los trabajadores y los de los patronos son contradictorios.
Esta palabra de tan sólo dos letras: «No», es quizá la palabra más importante que debemos guardar en el espíritu si queremos construir un movimiento independiente y combativo en defensa de los intereses de los trabajadores.
Cuando nuestros dirigentes sindicales aceptan esta idea fraudulenta de que se puede salvar a la vez a Wall Street y a Main Street, nos encontramos otra vez paralizados, en un momento en que sería necesario movilizar para defender nuestros propios intereses. O, peor aún, eso lleva a nuestros sindicatos a acompañar estos planes y a aceptar lo inaceptable.
Veamos la crisis de la industria del automóvil, que concentra todos los problemas del plan de reflotamiento a los que están confrontados los trabajadores hoy día. El banquero de Wall Street Steve Rattner que dirigió el Grupo de Trabajo de Obama en cuanto al salvamento de GM y Chrysler, puso un revólver sobre la sien de los sindicatos de trabajadores del automóvil y declaró: «Utilicen el dinero de los planes de jubilación y salud de su sindicato para apoyar a las empresas en quiebra. ¡No tienen otra opción que la de unirse a los patronos en una «colaboración por el emplo» si quieren salvar sus empleos y evitar males peores!».
Pero esta reestructuración dirigida por las grandes empresas, preparada en Wall Street e instaurada por la administración Obama, tiene por único objeto destruir empleos, decenas de millares de empleos sindicados. Tiene por único objeto destruir comunidades enteras, así como los sindicatos de los trabajadores de la industria automovilística.
Se pide a los sindicatos asumir la responsabilidad directa del despido de los trabajadores, del aumento de los ritmos de trabajo y arriesgar los fondos de salud y protección social -de costa a costa-, tal y como lo han decretado los técnicos de Wall Street y los patronos. Se les pide poner en competencia a los pensionistas, que se inquietan por sus pensiones y por su protección social, con los trabajadores activos cuyos contratos son calificados por un pensionista como «contratos de esclavitud».
Desgraciadamente, la dirección de los trabajadores de la industria del automóvil ha aceptado lo inaceptable y -sin idea de cómo responder y sin apoyo de los otros segmentos del movimiento obrero-, los sindicados de Chrysler han votado este podrido plan de reflotamiento. Sólo un escaso porcentaje votó contra el acuerdo y tenían razón en votar «no».
No, ese no es el papel de un sindicato salvar a las grandes empresas y hacer sus trabajos sucios. Por eso, en el boletin que contiene el programa de este Encuentro, pueden leer un artículo de nuestro Comité del Consejo Sindical de San Francisco sobre la crisis económica, en el que repetimos que el movimiento obrero en su conjunto, puede y debe entablar hoy un combate, antes de que tengamos un nuevo PATCO o peor. El movimiento obrero puede y debe movilizar a sus miembros a escala nacional para exigir:
¡NI UN SOLO DESPIDO EN EL AUTOMÓVIL (NI EN NINGÚN OTRO SECTOR)!
¡REPOSICION A TODOS LOS DESPEDIDOS EN SUS EMPLEOS!
NACIONALIZACION DE LOS 3 GRANDES y reequipamiento de la industria, con coches eléctricos y sistemas rápidos de transporte colectivo, equipamientos solares y eólicos, y demás. Se puede reequipar y hacer más verde nuestra industria y nuestra economía. No solamente en palabras, sino en actos.
Y esta insistencia sobre la importancia central de la ayuda a los trabajadores de Detroit para organizar la respuesta es una de las razones por la que nuestro Comité de Organización de este Encuentro, propone que se organice el 13 de junio una manifestación, aquí en San Francisco -desde el Edificio de la Reserva Federal al nuevo Edificio Federal-, en el marco de la protesta nacional contra la cumbre de los hombres de negocios y de los banqueros, en Detroit del 14 al 16 de junio.
Ahora, numerosos dirigentes politicos nos explican que, dada la crisis económica, es importante que los trabajadores -y los sindicatos en concreto-, sean más comprensivos respecto a las necesidades y el papel de las grandes empresas estadounidenses. Se nos explica que Wall Street y los patronos son socios vitales para salir de la crisis.
El Presidente y su principal consejero económico, nos han explicado, por ejemplo, que la ley sobre la libre elección de los empleados (EFCA) sería demasiado «divisora» y, que deberíamos encontrar un «compromiso» que proponga una solución a las «inquietudes legítimas» de los patronos. Estos políticos, desgraciadamente, están ahora unidos por voces que se alzan en el interior del movimiento obrero y que manifiestan que el combate por la EFCA [Ley de Libre Elección del Em- pleado – NDT] -que no terminado de ninguna forma-, debe ahora abandonarse y que debemos considerar «alternativas» a la EFCA.
Se nos dice también que la exigencia del movimiento obrero, por limitado que se le pudiera considerar, por una revisión importante del ALENA y de los otros Tratados de «libre comercio» (una revisión que tiene por objetivo añadirles cláusulas sociales y medioambientales aplicables) ya no está a la orden del día. Obama y sus consejeros nos han dicho hace algunas semanas, en contradicción con sus discursos previos, que la ALENA es un acuerdo «básicamente bueno».
Pero ese tratado no es nada de tal. Es una espada dirigida al corazón de los movimientos obreros aquí y en los otros países firmantes.
La única manera de volver las cosas en nuestro beneficio, es que el movimiento obrero encuentre su independencia frente al Gobierno y a los patronos, una independencia resumida hoy por estas dos letras: «NO» sobre nuestra bandera.
Rescatar a los trabajadores, NO a los bancos, significa poner fin a todos los planes de rescate de los bancos y recuperar la pasmosa suma de 4.000 millones de dólares gastada por el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal para salvar a los bancos durante los dos últimos años, puesto que estos fondos han sido utilizados únicamente para beneficiar a los especuladores. Ellos no han salvado empleos, no han creado nuevos empleos, ni han estimulado la economía.
Que el movimiento obrero reclame su independencia frente al Gobierno y a los patronos es una condición necesaria, además, para que seamos capaces de movilizar a la clase obrera, la mayoría, en un combate real por nuestras reivindicaciones:
* ¡Ni un despido!
* ¡Un programa masivo de empleos para que cada trabajador encuentre su empleo!
* ¡Una ley de libertad de elección de los empleados, ahora!
* ¡El sistema de salud de pagador único, ahora!
* ¡El fin de la guerra y de los presupuestos de guerra!
* ¡Una moratoria sobre los embargos y los desalojos, ahora!
* ¡Alojamientos accesibles para todos, ahora!
* ¡Papeles para todos, ahora!
Sí. Deberemos combatir por lo que queremos, no aceptar lo que no queremos, sobre todo, no sin combatir.
Un nuevo viento de esperanza sopla sobre este país. La gente quiere verdaderos cambios. Votaron por el cambio; ellos lo esperan. Al mismo tiempo existe una gran angustia. Y, aquí y allá, numerosas personas comienzan a comprender que el cambio no se les dará desde la cúpula, desde los banqueros y políticos de Washington; si debe haber cambios, serán ellos, la mayoría, la clase obrera, quienes deberán hacerlos producirse, movilizándose en su propio nombre.