A propósito del Día de la Tierra
«[…] Desde aquellos tiempos del Renacimiento europeo, la naturaleza se convirtió en mercancía o en obstáculo al progreso humano. Y hasta hoy, ese divorcio entre nosotros y ella ha persistido, a tal punto que todavía hay gente de buena voluntad que se conmueve por la pobre naturaleza, tan maltratada, tan lastimada, pero viéndola desde afuera. Las culturas indígenas la ven desde adentro.
Viéndola, me veo. Lo que contra ella hago, está hecho contra mí. En ella me encuentro, mis piernas son también el camino que las anda.
Celebremos, pues, esta Cumbre de la Madre Tierra. Y ojalá los sordos escuchen: los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la misma dignidad.»
Eduardo Galeano
Mensaje a la Cumbre Climática de Bolivia
«[…] Desde aquellos tiempos del Renacimiento europeo, la naturaleza se convirtió en mercancía o en obstáculo al progreso humano. Y hasta hoy, ese divorcio entre nosotros y ella ha persistido, a tal punto que todavía hay gente de buena voluntad que se conmueve por la pobre naturaleza, tan maltratada, tan lastimada, pero viéndola desde afuera. Las culturas indígenas la ven desde adentro.
Viéndola, me veo. Lo que contra ella hago, está hecho contra mí. En ella me encuentro, mis piernas son también el camino que las anda.
Celebremos, pues, esta Cumbre de la Madre Tierra. Y ojalá los sordos escuchen: los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la misma dignidad.»
Eduardo Galeano
Mensaje a la Cumbre Climática de Bolivia
Los Derechos del hombre y la tierra
Hace cuarenta años una iniciativa, movilizada por universidades y colegios así como por el inmenso rechazo del propio pueblo norteamericano a la guerra imperial contra Vietnam, logró germinar la creación simbólica de un día dedicado al Planeta, a la casa común que habitamos.
A cuarenta años de ese envión, de ese forzado y digno pulso contra el sistema guerrerista y ecocida seguimos agitando banderas en defensa de un mejor mundo.
A cuarenta años tenemos la tecnología necesaria para crear posibilidades que quiebren de tajo al sistema vampiro que es, sin más, el capitalismo. Luego de revoluciones verdes y de la locura de la tecnología «terminator» propia de la biotecnología empecinada en los organismos transgénicos, ya cada vez somos más los que entendemos y sudamos, en la cotidiana lucha, por un planeta libre de tecnócratas y productivistas ciegos.
Víctimas los sureños del planeta del delirio confortable del «american way of life» que pica y se extiende por todo el mundo, estamos ahora cada vez más conscientes de la cicatriz y la estafa progresista de la minería, de la especulación inclemente de la banca internacional que juega a ser «verde» y simula financiar proyectos de disque sustentabilidad.
En cuarenta años de sobrecalentamiento y despilfarro propio de los países hegemónicos hemos visto la voracidad trasnacional de las corporaciones, especie de dragones de mil cabezas que, desde su proceder asfixiante, ahorcan espacios de fragilidad humana y natural con la sola y maldita idea de lucrar a unos poquitos «empresarios».
A cuarenta años de este día que en Estados Unidos llevó a la creación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) seguimos los dignos pueblos del Sur en el África, en el Asia y en la América «no gringa» heredando las secuelas del neoliberalismo y sus maquilas, de sus planes (IIRSA, ALCA, Plan Puebla Panamá) integracionistas a nivel mercantil pero nulos en el abrazo de los pueblos.
A cuarenta años, aquí, los maltratados del libre comercio seguimos empecinados en la defensa de la oralidad y la cosmovisión indígena, en la semilla campesina, en el saber africano y en la serenidad sabia y ancestral asiática. Entendemos que la trampa está en las palabras trucadas y en las acciones belicistas que asumen el orbe como una despensa desde donde asaltar los rubros que anhelan hasta el desespero los países groseros del «primer mundo».
Lo que celebramos en esta fecha es la posibilidad de seguir tejiendo acciones sensatas, accionares locales mientras pensamos globalmente en la esfera azul que habitamos; la sobrecalentada esfera azul que nos lleva consigo por el universo ancho y ajeno.
En Maracaibo, a orillas del Lago, desde el puerto y su Centro de Arte «Lía Bermúdez» asumimos desde la Sociedad Homo et Natura, el Movimiento de Estatuas de Maracaibo, la Organización Indígena Wayuú Maikiraalasalii, Clorofilazul, Colectivo La Voz del Monte, así como docentes del PFG en Gestión Ambiental de la UBV- Zulia y docentes de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia, una mirada integral de la situación actual de la minería en la Cuenca Hidrográfica del Río Socuy.
Desde el cine y con la proyección del documental «Tierra, Agua y Dignidad» dirigido por la comunicadora social Patricia Meléndez nos enteramos de primera mano de los graves daños que la minería del carbón ha generado en la zona del Guasare (noroccidente del Estado Zulia) y lo que podría generarse de concretarse los nefastos proyectos de extracción de carbón en la cuenca del río Socuy.
Escuchar los testimonios de ecologistas e investigadores del conflicto socioambiental que se está gestando por la «necedad progresista falsa» de unos pocos mineros con grande poder mediático en los espacios de vida de comunidades indígenas wayuú, nos llevó a repensar como activa audiencia las maneras como actualmente seguimos viendo el tema del carbón mineral en la región.
Si entendemos que mientras sigamos resquebrajando el tejido social indígena con procederes mineros que ven al suelo, a los ríos y a los bosques húmedos como obstáculos para la obtención del carbón (que luego es transformable en energía para países sedientos de ella) en ese mismo momento seremos capaces de avanzar en una sentida y fortísima defensa del agua y la vida que se mantienen en la Sierra de Perijá.
Si somos capaces de revisar el paralelismo existente entre la defensa de la dignidad de los pueblos indígenas, de sus modos de ser y hacer, junto a la defensa cotidiana de los derechos de la madre Tierra, estaremos pulsando con mayor hondura en la dirección más sana y liberadora y por ende menos presa de los agites en que solemos deambular..
Se trata de embasurarnos menos de las nociones edulcoradas que ven en estas efemérides la posibilidad para seguir estafando con las mismas frases vaciadas de verdad.
La vida en juego, la dignidad de los humanos en juego por culpa de grises empresarios que todo lo ven desde un mortal pragmatismo, desde la separación entre lo natural y lo humano, para así lucrar y comerse al planeta entero.
Aquellos que ven al planeta como algo allá, sobrecalentado, en vías de extinción, al borde del colapso apocalíptico y repleto de refugiados climáticos, no terminan de acercarse a la razón de todo este desmadre, a la causa de todos los problemas: el sistema capitalista que todo lo resume a mercancía, a cosa que se canjea por dinero (papel moneda). Ahí es clave y vital dirigir los esfuerzos reflexivos y emotivos.
En ese sentido toca labrar colectiva senda. Decirlo y hacerlo para que la estafa sea atajada por la dignidad de los muchos que durante siglos hemos sido las bestias de carga, los salvajes, los sacrificables, los «pata en el suelo», los descamisados, los ninguneados, las minorías despreciables del sistema neoliberal, los ecoterroristas, los pertenecientes a las «mafias verdes», los arrinconables, los desplazables, los tercerizables, los candidatos a postales de naturaleza corporativizada.
La posibilidad de juntar talentos creadores como se dio en esta oportunidad del 22 de abril de 2010 nos obliga a mantenernos movilizados en una madura actitud que sea siempre solidaria con el reclamo de ampliación justa de los territorios ancestrales indígenas yukpa, barí de la Sierra de Perijá.
La tierra y su biodiversa manifestación, hoy amenazada desde diversos flancos por la especie humana intoxicada de afán de lucro, intoxicada por tener y no ser, obliga a revisar en profundidad el origen de donde procedemos así como el destino que llevamos junto a las secuelas graves que dejamos en ese “querer tener”.
Países dominados por procederes corporativos avanzan ansiosos para anclarse como parásitos a ecosistemas frágiles en nuestra tierra. Vaciados de sí, sin sus recursos preciados, ahora estos países hegemónicos se empecinan en disfrazar su ecocidio. Perijá no escapa a esta realidad y, víctima de la cuadratura del pensamiento tecnocrático, se ve amenazada de concesiones que el Estado entrega a empresas mineras trasnacionales para que exploren y exploten el mineral carbonífero que yace en el subsuelo.
Resulta que esos yacimientos minerales, tan preciados por el sistema global imperial, sin los cuales quedarían desnudos en su criminal voracidad y exceso enfermo, se ubican en espacios ancestrales indígenas donde aún logran mantenerse bosques y ríos importantes que han llegado a evolucionar durante milenios en maduros sistemas ecológicos y culturales.
Por tanto la tensión surge cuando no se aprecia esta realidad sagrada y vital y se pretende disponer de los “recursos minerales” como si ellos se encontraran en una despensa de la cual, bajo el republicano discurso de: “por el interés de la nación”, se pretende obviar la vida humana indígena que allí crea manifestaciones culturales inéditas y modélicas de las cuales tocaría aprender mucho.
La resistencia indígena en defensa del agua y la vida en Cachirí, en el Socuy no ha detenido ni detendrá su reclamo emancipado y digno, más aun cuando se encuentran consagrados en nuestra Carta Magna derechos fundamentales que garantizan la permanencia y respeto de los pueblos indígenas.
Cine: imagen y palabra sentida para denunciar atropellos antiguos y recientes a la piel del planeta y a la piel indígena. Nos duele y compromete a seguir luchando, la falsedad carbonera que sigue embistiendo de seguido, burlando dignidades populares que se oponen a la sequía, a la acidificación de ríos, a la deforestación de bosques, a la ruptura de tejidos sociales indígenas.
Violenta la creencia en la transformación y en la vida posible (en la vida nueva que hacemos) la acción de criminalizar, perseguir, acusar, detener y encarcelar con argumentos y pruebas falsas a caciques indígenas yukpas que se han opuesto a la terrible estafa que, a nivel nacional (y más terriblemente en el Estado Zulia), ha creado la nada conciliadora Comisión Regional para la Demarcación de Hábitats y Tierras Indígenas.
Los asistentes a la convocatoria del video foro del 22 de abril de 2010, escuchamos del comprobado proceder grosero del Ministerio Público, que, en el Estado Zulia sigue secuestrado por manías y lógicas racistas desconocedoras (con toda intención) de la realidad indígena local y , para asombro y consternación, aferrada a accionares burgueses y acomodaticios en nada cónsonos con la visión y praxis revolucionaria.
Sabemos que en la actualidad la justicia criolla ordinaria, que enjuicia a Sabino Romero, Olegario Romero, así como el joven Alexander Fernández, se encuentra subordinada a la justicia militar del Fuerte Macoa ubicado en Machiques (suroeste del Estado Zulia). Esta situación sigue ampliando la brecha entre lo que dice la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas y la realidad que padecen encarcelados estos compañeros yukpas.
Se ha negado en este caso, sin ningún argumento serio, que las propias comunidades indígenas resuelvan, dentro de sus territorios, los conflictos que en su devenir cotidiano puedan suscitarse. Terrible precedente que traerá repercusiones nacionales e internacionales por lo que implica a nivel de violación de derechos humanos.
Escuchamos a Lucía Martínez, compañera de Sabino Romero y a la madre del joven Alexander Fernández en esta jornada de cine y palabra. Su denuncia habla de lo injusto de esta situación que corroe la esperanza de muchos indígenas yukpas en creer en una patria nueva debido a este dolor propinado por un sistema que en nada enmienda su despliegue minero y, por tanto, pareciera destinar todas las fuerzas jurídicas y políticas para mantener callados, invisibilizados, aislados (¿nuevamente?) a los que otrora se enfrentaron con dignidad a la estafa de la «demarcación chucuta» de los territorios indígenas y a los que mantuvieron la lucha de resistencia ancestral por la recuperación de sus territorios.
No puede verse entonces el problema planetario sin revisar las difíciles relaciones que promueve el sistema capitalista en el plano global y en el plano local. La lucha por los ríos y la biodiversidad; la defensa de frágiles ecosistemas no debe enceguecernos hasta el punto de obviar el trasfondo: la sobrevivencia a la que son llevados miles de seres humanos (indígenas, campesinos, afrodescendientes, mujeres, niños) por el afán neoliberal del sistema global.
Jamás tendremos avances certeros en la lucha por la ecología planetaria al desconocer las causas del conflicto que todo lo desertifica, lo sobrecalienta, lo extingue y lo hace mercadeable desde la lógica del eco-desarrollo y la falsa y cacareada sustentabilidad de la cual el mismo sistema neoliberal ya se aprovechó para lucrar y saquear aún más.
Conscientes de que en el Zulia (al occidente de la Patria Bolivariana) estamos hermanados a tantas luchas continentales y globales que reclaman verdad, justicia, respeto por la biósfera y por la defensa de los territorios indígenas amenazados por los tentáculos globales de empresas trasnacionales.
Seguimos tejiendo labor de calle, denuncia argumentada para abrazar talentos y corazones que ayuden a terminar de una buena vez con la práctica de la mentira burocrática, con la garra neoliberal que deambula hambrienta y azorada por esta patria bolivariana y por este planeta azul que nos lleva con él.