19 febrero, 2026

Sobre el “buen trato” de la Iglesia Católica a los esclavos en la Mérida colonial

En los últimos días hemos visto con horror, aunque no sorprendidos, la indiferencia de los jerarcas de la Iglesia Católica en Venezuela respecto al sufrimiento que están pasando miles de damnificados por las lluvias intensas. Eso sí, no podía faltar la intervención descarada de personajes como Baltazar Porras y Jorge Urosa en asuntos que distan de formar parte de la doctrina religiosa, dando la impresión, por tanto, de que si no fuera por la sotana, estos sacerdotes serían otros politiqueros en busca de notoriedad (nos basta y sobra con el montón de “revolucionarios” y “escuálidos” que pululan por doquier).

En los últimos días hemos visto con horror, aunque no sorprendidos, la indiferencia de los jerarcas de la Iglesia Católica en Venezuela respecto al sufrimiento que están pasando miles de damnificados por las lluvias intensas. Eso sí, no podía faltar la intervención descarada de personajes como Baltazar Porras y Jorge Urosa en asuntos que distan de formar parte de la doctrina religiosa, dando la impresión, por tanto, de que si no fuera por la sotana, estos sacerdotes serían otros politiqueros en busca de notoriedad (nos basta y sobra con el montón de “revolucionarios” y “escuálidos” que pululan por doquier).

Claro que esa indiferencia de la jerarquía eclesiástica para con las necesidades de las mayorías no es algo reciente; el origen de esta actitud se remonta claramente a la época en que el cristianismo pasó a ser fundamento ideológico del Imperio Romano, y por tanto se transformó en instrumento de opresión de los pueblos por parte de los poderosos. Más aún, la misma Iglesia Católica fue una institución opresora per se, con notable poder en diversos ámbitos, especialmente durante la Edad Media y la Edad Moderna. Dentro de este espíritu totalmente reñido con los principios cristianos originarios, la Iglesia Católica incluso llegó a ser una institución esclavista, tomando ventaja tanto de la mano de obra forzada como del comercio de humanos.

En tal contexto, retomamos en el presente escrito lo abordado en días pasados respecto a la vinculación de la Iglesia Católica con la esclavitud en la Mérida colonial, enfatizando en el “buen trato” de dicha institución hacia los esclavos. Recordemos, en primer lugar, que en las Indias Occidentales fue prohibida formalmente la esclavitud de los indígenas desde mediados del siglo XVI (lo que no significa que al ser “libres” estuvieran mucho mejor que los esclavos); de manera que todos aquellos personajes y funcionarios coloniales no autorizados a explotar la mano de obra aborigen (sólo los encomenderos tenían el privilegio, desde el punto de vista jurídico-administrativo, de utilizar a indígenas en distintas actividades), tuvieron que apelar a los ‘negros’ para la realización de diversas faenas agrícolas, pecuarias y de otra índole en sus unidades productivas o en sus aposentos.

En este contexto cabe destacar que la Iglesia en la provincia de Mérida, particularmente la Compañía de Jesús, llegó a ser propietaria de centenares de ‘negros’, necesarios para el cultivo y la cría de ganado en sus abundantes tierras del sur del lago de Maracaibo, del piedemonte andino-llanero y del valle alto y medio del río Chama. A pesar de lo nefasto de la explotación humana bajo la figura de la esclavitud, no faltan los defensores de los jesuitas, muchos de ellos dentro de la misma orden religiosa o de la Iglesia Católica en general. Aunque parezca increíble para algunos lectores, se alega por parte de tales defensores que si bien los jesuitas eran esclavistas, éstos procuraban darle a los esclavos un “buen trato” acorde a los principios cristianos originarios. De entrada es absurdo hacer referencia a un buen trato, pues la Iglesia consideraba prácticamente como bestias a los ‘negros’, en un estado evolutivo inferior al de los indígenas, quienes al menos tenían el “privilegio” de ser evangelizados en Pueblos de Doctrina.

Consideramos importante, por tanto, detallar parcialmente la forma como los jesuitas trataban a los esclavos en la Mérida colonial, y contribuir de esta manera a desmontar el carácter falsamente humanitario de la Iglesia Católica en nuestro continente, en especial de sus jerarcas. A continuación una breve lista de procesos y acciones ejecutadas por los jesuitas en contra de los ‘negros’, siempre enmarcadas en el “buen trato”:

1. Intento de erradicación de creencias mágico-religiosas originarias del continente africano. Para lograr tal objetivo, los jesuitas no sólo consideraron la catequización de los ‘negros’ en las mismas unidades productivas, sino que prácticas como la yerbatería y la hechicería debían ser abordadas como “faltas”, y por tanto castigadas de diversas maneras.
2. Castigos corporales severos y/o reclusión en cárceles por “delitos” como la rebelión, las fugas, el robo, entre otros. Es importante destacar en este sentido, que los sacerdotes no se manchaban sus propias manos con la sangre esclava, sino que “dejaban esa desagradable tarea a terceros, sin la asistencia de los religiosos (…)” (Edda O. Samudio A. “El Colegio San Francisco Javier en el contexto de la Mérida Colonial”, p. 250). Por lo general se colocaban grilletes y esposas a los ‘negros’, y luego se procedía a su azote con látigos: “(…) que no pasaran de veinticinco azotes y cárcel por ocho días para las faltas comunes, mientras se determinó cincuenta azotes y la cárcel por un mes, para las extraordinarias, advirtiéndose que de no haber enmienda se procediera a su venta”. (Edda O. Samudio A. Ob. Cit., p. 249).
3. Implantación del terror como mecanismo de sujeción en las unidades productivas. A manera de ejemplo, los jesuitas amenazaban a los ‘negros’ que se quisieran fugar y que luego fueran capturados, con trasladarlos a lugares en los que las condiciones climáticas pudieran llegar a ser perjudiciales para su salud.

A partir de este “noble trato” de los jesuitas a los ‘negros’, puede entenderse en parte el desinterés actual de la jerarquía eclesiástica por las necesidades de las mayorías, y por tanto su doctrina y práctica religiosa excluyente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *