30 mayo, 2026

Un triunfo político y moral de los trabajadores de Mitsubishi

En nombre de los dirigentes sindicales del Estado Aragua y en el mío propio, quiero empezar estas breves reflexiones, saludando a los trabajadores de Mitsubishi por el triunfo alcanzado y felicitar a todos aquellos dirigentes sindicales de otras empresas y de otros estados, que estuvieron aportando su solidaridad material, moral y política y poniendo en juego hasta sus vidas, para hacer posible este significativo avance.

En nombre de los dirigentes sindicales del Estado Aragua y en el mío propio, quiero empezar estas breves reflexiones, saludando a los trabajadores de Mitsubishi por el triunfo alcanzado y felicitar a todos aquellos dirigentes sindicales de otras empresas y de otros estados, que estuvieron aportando su solidaridad material, moral y política y poniendo en juego hasta sus vidas, para hacer posible este significativo avance.

Cuánto quisiera que el desenlace de este conflicto no se cerrara sin esclarecer y castigar ejemplarmente a los responsables materiales, pero sobre todo a los autores intelectuales y políticos del detestable asesinato de los compañeros José Javier Marcano y Pedro Suárez. También es odioso saber que los camaradas han tenido que firmar un acta final, en el que se tiene que soportar que la empresa no pague el 100% de los salarios dejados de percibir durante el conflicto, tal como debe ser, y que a cambio reciban un miserable bono sustitutivo.

Igualmente resultó injusto que no se haya impuesto a los patronos de la MMC la absorción inmediata, como trabajadores fijos a los 138 compañeros despedidos por la contratista Induservi, y que fueron en buena parte el origen del conflicto; y peor aún, saber que los “negreros” de las contratistas que explotan sin piedad a los trabajadores sigan subsistiendo y sirviendo como “intermediarias” para la consecución de fuerza laboral tercerizada al servicio de la multinacional Mitsubishi.

Al conocerse estos datos del arreglo final suscrito entre empresa y sindicato -el cual ha sido avalado por el Ministerio del Trabajo-, pareciera difícil concluir, como efectivamente lo hace nuestra corriente político-sindical CCURA, que se trata de un triunfo. Por el contrario es más fácil llegar a la conclusión que se ha retrocedido, porque la empresa, la contratista y los asesinos, por ahora, se han salido con la suya. Sin embargo, a pesar de lo que estos datos nos indican, somos tajantes en afirmar que los trabajadores de Mitsubishi han obtenido un triunfo político de amplias dimensiones, que sin duda tonificará las nuevas luchas sindicales que salen a la calle.

A nuestro parecer, los trabajadores de la Mitsubishi han triunfado porque le han demostrado al resto de los trabajadores y las trabajadoras de Venezuela y del mundo, que la clase obrera está más viva que nunca y en pie de lucha para defender sus derechos. Han demostrado que las organizaciones genuinas de los trabajadores, es decir sus sindicatos, tienen plena vigencia. Han dejado claro que los trabajadores ya son mayores de edad y no son fácilmente engatusados con demagógicas promesas, ni se forjan vanas ilusiones creyendo que la salvación de la clase obrera vendrá de la mano de mesías y salvadores supremos.

Triunfaron, porque desenmascararon durante 60 días de combate, los falsos o dobles discursos de quienes pregonan “obrerismo”, pero que cuando los trabajadores se levantan para exigir el fin de la tercerización, del esclavismo de las contratistas, y reclaman la absorción de los trabajadores por parte de las empresas, entonces guardan un duro silencio, ya que no tienen ninguna autoridad política y moral para exigirle a los patronos privados el fin de la tercerización y la precariedad laboral. Y no tienen esta autoridad moral ni la voluntad política para enfrentar la tercerización en las empresas capitalistas, porque son los funcionarios públicos los que más promueven la tercerización en las instituciones del Estado.

Es muy difícil para los funcionarios del gobierno “reclamarle” a la multinacional Mitsubishi la absorción de 138 trabajadores, cuando en la Sidor comprada por el Gobierno este derecho se niega a más de 9 mil trabajadores, y cuando en la administración pública existen más de 450 mil trabajadores bajo el régimen esclavista de las contratistas o de las cooperativas; o cuando en la industria petrolera se desarrolla a cuenta gotas la absorción de valerosos luchadores que dieron lo mejor de si para recuperar la industria en las épocas aciagas del paro-saboteo patronal.

Y sobre todo han triunfado, porque no se doblegaron ante la poderosa Alianza Anti-sindical que se forjó en su contra, con el propósito de hacerles morder el polvo de la derrota, utilizando la represión salvaje y segando la vida de dos valiosos camaradas. Ese es el mérito y contenido político que nos hace pensar que el saldo de esta batalla ha sido ampliamente favorable para los trabajadores, muy a pesar de que no se hayan obtenido todas las aspiraciones por las cuales los trabajadores de la multinacional se trenzaron en una ardua lucha para defender derechos fundamentales.

Para mejor comprender nuestra afirmación de que se trata de un triunfo y no un retroceso, trataré de desglosar el análisis del conflicto alrededor de los tres aspectos antes mencionados, sin los cuales no se puede llegar hasta el hueso sobre el balance de este importante conflicto: el primero de ellos, la coyuntura política en la que se desarrolla el conflicto, en segundo lugar, la lucha contra la tercerización y en tercer lugar, los poderosos enemigos que debieron enfrentar los trabajadores de la Mitsubishi, en su justo reclamo.

Una coyuntura en la que el gobierno, los boli-burgueses y la burocracia sindical gobiernera tenían sus propias “prioridades” y miraban para otro lado

Debemos tener presente que el conflicto, aunque tiene una historia de varios meses, tiene su explosión el 12 de enero, cuando los trabajadores deciden ocupar la planta ante la cerrada intransigencia de los patronos y tiene su efervescencia el 29 de ese mismo mes, cuando Jueces acompañados de un “pelotón de fusilamiento” de la policía del Estado Anzoátegui, se hace presente en la empresa con el objetivo de desalojar a los trabajadores, intento que termina con el asesinato a sangre fría de dos valerosos obreros, uno de ellos de Mancusa y otro de la Mitsubishi, varios heridos de bala y destrozos en la planta y bienes de los trabajadores que se encontraban al interior de la misma.

Como puede observarse, hitos importantes de la lucha de los trabajadores de la multinacional Mitsubishi se desarrollaron a menos de un mes de la realización del referendo político impulsado por el Gobierno para aprobar la postulación ilimitada presidencial. Es decir, la lucha se desarrolla en el justo momento en que el Gobierno afirma que “no hay tarea más revolucionaria” y que sus acólitos en el movimiento sindical -mediocres y domesticados por el discurso gubernamental- se suman al coro de voces para distraer y mentir descaradamente al afirmar que era una necesidad triunfar en la batalla del referendo, supuestamente porque ella allanaría el camino hacia la profundización de la revolución y el socialismo. Cuánta desfachatez tuvimos que soportar la clase trabajadora venezolana durante ese período y en qué soledad política debieron los obreros de Mitsubishi mantener su combate contra una patronal intransigente.

Descaro que no sólo se apreciaba en las mentiras calculadas de los burócratas de gobierno y la nueva casta social boli-burguesa que hoy domina las decisiones de gobierno, sino también en la perversa intención de invisibilizar la lucha de los trabajadores. Recordemos que durante esos días a Rafael Ramírez, Ministro de Energía y Petróleo y Presidente de PDVSA, no le tembló la voz para sentenciar a los trabajadores en la Costa Oriental del Lago, de que sólo se iniciaría la negociación del contrato petrolero después del 16 de febrero, porque la prioridad del gobierno era la enmienda. De manera similar, los personeros del gobierno trataron a la clase trabajadora en cada oportunidad.

Por su parte, los “dirigentes sindicales” de oficio del gobierno, desde los rojo-rojitos hasta las falsas corrientes de izquierda, pero que son igual de reformistas que los primeros, hacían toda clase de malabares para no dejar caer en la tentación de la lucha a los trabajadores que querían salir a defender sus derechos. Durante esos días, los dirigidos por Osvaldo Vera afirmaban que hacer paros, movilizaciones o huelgas era hacerle el juego a los desestabilizadores y a la derecha, mientras que los otros cerraban su boca, se “olvidaban” temporalmente del conflicto y en sus discursos encendidos hablaban que el socialismo estaba a la vuelta de la esquina una vez se triunfara en el referendo del 15 de diciembre.

Fue tal el grado de indolencia y cinismo del gobierno y sus voceros, que llegaron al colmo de esforzarse para hacer que el conflicto pasara desapercibido y en el momento álgido del asesinato de los dos camaradas, hicieron todo lo posible por esconder las responsabilidades. Por ejemplo, se señaló en primer momento que el problema era responsabilidad exclusiva de dos juezas del tribunal que supuestamente dieron las órdenes para arremeter contra la masa laboral. Luego, el ministro del Interior y Justicia, Tarek El Aissam, siguiendo el mismo esquema simplista utilizado en Aragua cuando asesinaron a nuestros camaradas, se apresuró a decir que ya habían sido detenidos varios de los agentes policiales. Y hasta el presidente Chávez, quiso justificar la represión y los asesinatos cuando utilizó como ejemplo un conflicto de trabajadores en el Estado Bolívar donde supuestamente los trabajadores estaban armados y según él eso habría originado la respuesta violenta de la policía y la Guardia Nacional.

Pero no sólo eso. Los defensores de oficio del Gobierno tuvieron que hacer esfuerzos exagerados para aclarar que el mensaje enviado días previos por el Presidente Chávez a las fuerzas represivas del Estado en el sentido de utilizar “gas del bueno” para impedir las manifestaciones de protesta no se aplicaban a las luchas de los trabajadores, lo cual es una tremenda falsedad. La mejor forma de demostrar que la orientación presidencial aplica para toda ocasión o brote de protesta lo pudimos sentir el 5 de marzo cuando los obreros de Aragua y Anzoátegui nos vimos forzados a desplazarnos por los andenes del Avenida Méjico en Caracas, ya que el gobierno local rojo-rojito no autorizó el permiso. Además de cercenarse nuestro derecho a la protesta y a la movilización, fuimos “resguardados” por varios carros anti-motines y personal de la policía fuertemente armado para impedir cualquier desacato a la autoridad.

Es decir, para asegurarse el triunfo en la enmienda, que era la prioridad del gobierno, de la tecno-burocracia, la boli-burguesía y burocracia sindical roja-rojita, estos factores no dudaron en tender un cerco de silencio sobre el conflicto y cuando el conflicto se agravó por la masacre de los trabajadores, todos salieron a ocultar las responsabilidades políticas del Gobernador, del Secretario de Gobierno, del Jefe de la Policía, de las juezas, y del propio Presidente que dio carta blanca a los represores de actuar con mano firme para detener cualquier manifestación de protesta, viniera de donde viniera.

Por eso debemos resaltar que el conflicto de los compañeros de la Mitsubishi fue un triunfo porque logró derrotar la represión, y el silencio oficial no fue suficiente para ocultar o desfigurar la lucha aguerrida de los trabajadores de la Mitsubishi y la acción solidaria de trabajadores de la zona y del resto del país. Se derrotó el silencio criminal de los supuestos dirigentes sindicales que se jactan de ser revolucionarios pero que quieren apaciguar a los trabajadores diciéndoles que sus luchas son utilizadas por la CIA, la contrarrevolución, los golpistas, y toda suerte de embustes para desmovilizarlos.

Para resumir esta parte, podríamos decir que el conflicto de los trabajadores de la Mitsubishi fue la antítesis del conflicto vivido el año pasado en la empresa General Motors. Recordemos que en aquella oportunidad todos los funcionarios de Gobierno, el Ministerio del Trabajo, los pseudo-dirigentes y sus amigos de “izquierda” se esforzaba por conformar un sólido bloque para pelear por privilegios laborales y económicos para los dirigentes sindicales y para los funcionarios de gobierno, como las consabidas cuotas de camiones.

En aquella oportunidad todo el país sabía que había un conflicto con una “poderosa multinacional” y había toda una operación de denuncia contra ella, ya que el fin común era desplegar la mayor campaña de desprestigio que les facilitara su meta de extorsionar a los patronos. En la lucha de la Mitsubishi fue distinto, reinó el silencio y hasta el propio sindicato de la General Motors, en la voz de su Secretario General, se manifestó en contra de participar en un paro del sector automotriz, autopartista y carrocero en solidaridad con los obreros de la Mitsubishi. Tenían toda la razón estos verdugos de los trabajadores, ya que se corría el riesgo de que la lucha de la Mitsubishi se convirtiera en una “prioridad obrera” distinta a la prioridad del gobierno, de los tecno-burócratas, los boliburgueses y los inspirados voceros del Frente “Socialista” de Trabajadores.

La lucha contra la tercerización desenmascaró a patronos públicos y privados

Mucho se ha hablado en los últimos años de que avanzamos hacia el socialismo y que cada vez estamos más cerca de la redención de los trabajadores. Sería necio desconocer que gracias a la lucha hemos alcanzado logros importantes, pero otra cosa muy distinta es intentar engañar con discursos a los trabajadores sobre las supuestas bondades de la política del gobierno en material laboral, cuando a diario vemos que los trabajadores retrocedemos en aspectos esenciales como las relaciones contractuales.

Desde un tiempo para acá, en todas las regiones, en la administración pública o en la empresa privada, existe un florecimiento del odioso sistema de las contratistas que vulneran derechos fundamentales de los trabajadores en materia laboral, de prestaciones sociales, salud y reivindicaciones socioeconómicas. En las industrias básicas, en la industria petrolera, en las grandes empresas multinacionales y hasta en los más pequeños entes empresariales, la proporción de empleo tercerizado es notorio, brindándole oportunidad a los empresarios para que sigan llenándose los bolsillos a costa del sacrificio de los trabajadores.

Pero no se trata sólo de explotación, también está presente la humillación, la opresión y la negación de derechos y libertades democráticas y políticas. En la Administración Pública y en la empresa privada los contratados son ciudadanos de tercera categoría condenados a cumplir con los mandatos de los jefes, no pueden organizarse sindicalmente y especialmente en épocas electorales, son obligados a apoyar las directrices políticas de sus jefes, ya sea a favor del gobierno o a favor de la derecha golpista. Esta es una dura realidad que golpea la dignidad de los trabajadores, que humilla y que nos demuestra cuán lejos estamos aún de eliminar las distinciones de clase que nos dividen entre poseedores y no poseedores de los medios de producción.

En el caso concreto de Mitsubishi, una de las banderas de la lucha fue el combate a este régimen laboral semi-esclavista que nos vienen imponiendo los patronos del sector privado y público bien sea a través de las contratistas o de esa nueva forma de tercerización que son las cooperativas. El gran mérito de los camaradas de Mitsubishi fue poner sobre relieve esta realidad, cuestionar a los empresarios japoneses y reclamarle al gobierno un pronunciamiento al respecto.

Al no querer y no poder resolver este justo reclamo, el conflicto se convirtió en una “papa caliente” para empresarios y representantes del gobierno. Por eso las reuniones de la mesa de trabajo siempre llegaban a un punto muerto, porque la empresa no estaba dispuesta a la absorción de los trabajadores contratados y el gobierno no tenía la autoridad política para ordenar a la empresa la incorporación a su nómina de los contratados, además de que con ello, se sentaría un precedente estimulante para los trabajadores de Sidor y otras empresas estadales a luchar contra la tercerización. Es decir, con la orden de reabsorción el gobierno estaría creando cuchillo para su propia garganta. En el conflicto de Mitsubishi, al igual que en la lucha de los camaradas sidoristas, desde nuestro punto de vista triunfaron los trabajadores porque lograron sacar a la luz pública esta tragedia que pretende ser negada, o al menos invisibilizada, por los empresarios públicos y privados.

¿Cómo puede hablar el Presidente Chávez, la tecno-burocracia, la boli-burguesía o la burocracia sindical de que estamos en presencia de un gobierno “obrerista”, cuando precisamente este gobierno ampara el sistema de las contratistas en las empresas privadas y es uno de sus grandes promotores en la administración pública?

Los obreros de la Mitsubishi nos han llamado la atención al resto del movimiento sindical y nos enseñan con su lucha que una de las grandes batallas que están por venir en este país es precisamente contra la tercerización, flagelo de la globalización capitalista, que desgraciadamente es aceptado, amparado y aupado por el gobierno. Las condiciones en que se desarrolló la lucha no dio para alcanzar la absorción, pero podemos afirmar con certeza que el conflicto confrontó a los empresarios privados en una de sus estrategias fundamentales para super-explotar a los trabajadores, pero también desenmascaró al gobierno, a sus funcionarios y a los dirigentes sindicales cobijados bajo el manto del Frente Socialista de Trabajadores, que no dicen una palabra sobre esta realidad, y lo que es peor, que nunca estarán dispuestos en ir hasta el final en esta batalla, porque sería entrar en contradicción con sus jefes políticos y con su gobierno, que de obrerista no tiene nada, pero si mucho de burgués explotador, así su ropaje sea nacionalista.

Una poderosa Santa Alianza se configuró para derrotar a los trabajadores de la Mitsubishi

Decía anteriormente que la lucha de los trabajadores de Mitsubishi fue la antítesis del conflicto laboral en General Motors de Venezuela. Aquí se luchaba por la defensa de los derechos de los trabajadores y allá se trataba de los privilegios de la burocracia sindical. Por eso la “solidaridad” de los funcionarios de Gobierno y del Ministerio del Trabajo con los trabajadores de la Mitsubishi no se expresó, como sí lo hizo cuando el conflicto de la General Motors.

Frente a este conflicto, el gobierno tomó distancia del reclamo de los trabajadores y esta política se hizo más evidente en la última semana del conflicto, cuando se ejerció mayor presión sobre los dirigentes sindicales para llegar a un acuerdo que pusiera fin a la paralización y toma de la empresa. No fue casual esta presión, ya que ella estaba ligada a las necesidades del Gobierno Nacional de establecer acuerdos económicos con el gobierno japonés que le permitiera la obtención de ingresos económicos para paliar la crisis económica y financiera que hoy golpea a nuestro país, y que como en anteriores oportunidades de crisis, también se aprieta para que seamos los trabajadores los que la paguemos. De hecho, pocos días del acuerdo firmado con la empresa, el gobierno nacional estableció un acuerdo multimillonario con representantes del gobierno japonés.

En los hechos, los trabajadores de la Mitsubishi tuvieron que enfrentar un sólido frente anti-sindical que se fue construyendo y consolidando en la sombra para arremeter contra ellos. Primero los trabajadores cuestionaron a la contratista, luego a la multinacional Mitsubishi, posteriormente a los tribunales, a sus jueces, y en su conjunto al sistema judicial pro-capitalista que rige el país, luego a la represión policial oficial, posteriormente al Gobernador que quiso evadir sus responsabilidades políticas; luego a las distintas argumentaciones que desde el Secretario de Gobierno del estado, pasando por el Ministro de Interior y Justicia, y terminando en las palabras del Presidente Chávez, quisieron justificar el alevoso crimen cometido en las instalaciones de la empresa.

Finalmente debieron enfrentar la artillería pesada del Ministerio del Trabajo y la burocracia sindical del Frente Socialista de Trabajadores, que empezó a dar ultimátum a los trabajadores y a los dirigentes sindicales para que llegaran a un acuerdo. Un acuerdo que como decíamos al principio, no refleja las aspiraciones del colectivo laboral de la Mitsubishi ni de los trabajadores de otras compañías que brindaron su solidaridad, pero que demuestra que los compañeros fueron hasta el final, confrontaron a quienes debían confrontar, desenmascararon a quienes debían desenmascarar, y nos legaron importantes y ejemplarizantes lecciones que las trabajadoras y trabajadores venezolanos debemos aprender y asimilar para las futuras batallas.

Que grande ha sido vuestra lucha camaradas. Ustedes han enfrentando a una poderosa multinacional que hoy sigue gozando de una perversa legislación que le permite a sus anchas explotar la fuerza laboral venezolana. Ustedes han demostrado que una de las grandes batallas que tenemos por delante es enfrentar y derrotar la tercerización y que para ello debemos enfrentar no sólo a los empresarios privados sino también a los empresarios públicos y boliburgueses. Ustedes han demostrado que la herramienta de la huelga y la toma de la empresa son instrumentos fundamentales para la consecución de nuestros derechos.

Ustedes han demostrado que se requiere carácter y firmeza y ustedes lo han tenido. No se han dejado encandilar por quienes hablan de control obrero, de socialismo y hasta se atreven a “criticar” a una parte de la burocracia del gobierno y a denunciar supuestamente a un ala pro-capitalista, o derecha endógena como la califican, pero que todos sabemos que no es más que un estratagema para seguir confundiendo a los trabajadores y hacerlos seguir confiando en un gobierno que no representa los intereses de la clase obrera y que a cada paso que da, lo que hace es profundizar sus alianzas con la burguesía.

El camino de la lucha por el socialismo con democracia obrera y regido por los propios trabajadores no es fácil, pero es más seguro que los atajos y los falsos resplandores de un “socialismo del siglo XXI”, o “socialismo con burgueses”, que se hace llamar obrerista, bajo cuya sombra existe una siniestra capa burocrática y una clase social igual de explotadora, los nuevos ricos que hoy todos conocemos como boli-burguesía. Gracias por estas lecciones que nos han dado, gracias por colocar a todos los actores en su justo lugar.

Desde Aragua y desde nuestra corriente político-sindical, les reiteramos que pueden contar con nosotros. Sólo nos bastó hablar con ustedes por teléfono para ponernos rápidamente de acuerdo para coordinar acciones de lucha para expresar la solidaridad y confrontar el velo de la impunidad que se cierne amenazador sobre el asesinato de nuestros camaradas. Pese a que el reformismo trata de torpedear la unidad de nuestras luchas, con sus ataque e intrigas, tenemos una identidad común, somos trabajadores, queremos el socialismo y luchamos para que seamos los trabajadores los que gobernemos el país y el mundo, y no esa cuerda de burócratas, corruptos y boliburgueses que vestidos de rojo, gobiernan el país en nombre del socialismo.

Coordinador UNETE/Aragua y dirigente nacional de CCURA
Unete-aragua@hotmail.com

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