Venezuela: El 19 de abril de 1810
A partir de 1806, España entra en alianza con la Francia de Napoleón creyendo, como le suele suceder a muchos, que plegarse a los poderosos asegura tranquilidad y permanencia.
Al igual que en otros países de la América Latina, los venezolanos nos aprestamos a celebrar el Bicentenario de nuestra Independencia respecto al otrora imperio español. Más que exaltar una fecha en particular, estaremos conmemorando todo un ciclo de acontecimientos, porque la independencia de entonces, tal como la actual, constituyó un largo proceso de lucha a lo largo del cual muchos hombres y mujeres comprometieron su esfuerzo y entregaron sus vidas mismas para que Venezuela deviniera una república independiente, soberana y próspera, signada por la igualdad y la justicia.
A partir de 1806, España entra en alianza con la Francia de Napoleón creyendo, como le suele suceder a muchos, que plegarse a los poderosos asegura tranquilidad y permanencia.
Al igual que en otros países de la América Latina, los venezolanos nos aprestamos a celebrar el Bicentenario de nuestra Independencia respecto al otrora imperio español. Más que exaltar una fecha en particular, estaremos conmemorando todo un ciclo de acontecimientos, porque la independencia de entonces, tal como la actual, constituyó un largo proceso de lucha a lo largo del cual muchos hombres y mujeres comprometieron su esfuerzo y entregaron sus vidas mismas para que Venezuela deviniera una república independiente, soberana y próspera, signada por la igualdad y la justicia.
A ello consagraron su vida entera Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, y muchos otros que sintieron el dolor de la patria oprimida y tuvieron la conciencia de estar viviendo en una sociedad ficticia, en tanto ésta se encontraba sometida al férreo yugo de un imperio: el español, cuyo poder había sido construido a partir de la conquista militar, la explotación de las cuantiosas riquezas de América y la colonización de las almas y voluntades de sus habitantes.
Tras trescientos años de aparente “calma” bajo el dominio español – como lo reclamó el joven Bolívar en el momento de las grandes decisiones – los diversos intentos de emancipación que, sobre todo el último cuarto del siglo XVIII, se habían estado manifestando tanto en la Provincia de Venezuela como en otras circunscripciones coloniales de la América hispana, encontraron la circunstancia apropiada para comenzar a materializarse.
En efecto, a partir de 1806, el mismo año en que Miranda arma su expedición libertadora y logra desembarcar en La Vela de Coro, España entra en alianza con la Francia de Napoleón creyendo, como le suele suceder a muchos, que plegarse a los poderosos asegura tranquilidad y permanencia. Muy pronto comprenderá la tragedia de su error, pues como se explica más adelante, será Napoleón quien ponga en evidencia y acelere la decadencia del imperio español. Al mismo tiempo, la crisis de poder generada por la ocupación francesa del territorio español y la prisión de Fernando VII, servirá de acicate para que las ideas de independencia, presentes desde hacía ya cierto tiempo en un creciente número de criollos en diversos rincones de América, encuentren cauce para su expresión concreta.
En Venezuela, diversos factores confluyeron para que el 19 de abril de 1810, un Jueves Santo, un grupo de blancos criollos de Caracas, en consuno con algunos pardos, decidieran deponer a la máxima autoridad española de la provincia, el Capitán General Vicente de Emparan, y constituir una Junta de Gobierno autónoma que si bien juró lealtad al rey Fernando VII, prisionero en ese momento de Napoleón, comenzó a tomar de inmediato un conjunto de medidas políticas y económicas que a las claras indicaban que sería muy difícil, en caso de que el imperio superara su crisis y Fernando retomara el cetro, que se volviera al anterior estado de sujeción. De hecho, no tardó esa Junta en incitar al resto de las provincias de América a seguir su ejemplo, así como en convocar a las otras ciudades de la Provincia de Venezuela a elegir diputados con el objeto de instalar en Caracas un Congreso Constituyente que decidiera la nueva forma de gobierno que Venezuela habría de darse.
De modo que si bien en ese día del 19 de abril de 1810 no llega a hablarse de independencia, no sólo ese espíritu estaba claramente presente en varios de los que precipitaron los acontecimientos de esa fecha, sino que la decisión tomada de constituir una Junta de Gobierno autónoma, será el primer ejercicio de libertad que ensayen los venezolanos.
A este movimiento se incorporará Miranda ocho meses después y su presencia, junto a la del joven Bolívar, será determinante para que al siguiente año, el 5 de julio de 1811, la provincia de Venezuela sea la primera de la América hispana en declararse República independiente.
Con el propósito de facilitar el conocimiento de lo que ocurrió ese día y a objeto de que sirva de insumo para la discusión que todos y todas debemos dar sobre el significado y trascendencia del 19 de abril de 1810, hemos preparado una síntesis del hecho mismo y del contexto histórico en el cual éste se dio, tanto en lo que respecta a nuestro territorio, como a lo ocurrido en España y en el resto de América.
Hacemos la salvedad de que el presente texto constituye a su vez un resumen de trabajos ya existentes, cuyas referencias se dan al final del mismo.
Finalmente, queremos invitar a todos y a todas a generar a partir de ahora una gran discusión colectiva sobre lo que se avanzó en aquel entonces en el camino de la independencia y sobre lo que aún falta por hacer. El proceso de liberación iniciado hace doscientos años por Miranda y Bolívar está aún inconcluso. Intereses de clase, ambiciones personales, afán de riquezas, traiciones y mezquindades coartaron el sueño de libertad que el pueblo venezolano había comenzado a construir. Las burguesías nacionales se aliaron con nuevos imperios, más poderosos que el español, convirtiéndonos de nuevo en sumisa colonia. Hoy, que la espada de Bolívar campea de nuevo victoriosa por América Latina, estamos obligados a completar la magna obra de nuestra independencia y a construir esa sociedad justa y de iguales, fundamento de toda libertad y de toda prosperidad.
Junto con las diversas efemérides bicentenarias de nuestro proceso de independencia, celebremos también las de nuestros países hermanos. No olvidemos que hace 200 años nuestra América nació unida para la libertad, y en tanto herederos que somos del Padre Libertador, es también nuestra responsabilidad ayudar a recuperar y consolidar esa unidad.