Vigencia de la lucha por la segunda y definitiva independencia en una Venezuela Socialista
El recogimiento propio de la Semana Santa fue interrumpido por los gritos de libertad. Un tumulto a la entrada de la catedral frustró los rezos de los feligreses, en aquella mañana calurosa de abril. Cuando el capitán general Vicente de Emparan intentaba ingresar al templo para participar del tradicional Te Deum de Jueves Santo, un grupo de mantuanos encabezados por Francisco Salias lo conminó a dirigirse al cabildo.
El recogimiento propio de la Semana Santa fue interrumpido por los gritos de libertad. Un tumulto a la entrada de la catedral frustró los rezos de los feligreses, en aquella mañana calurosa de abril. Cuando el capitán general Vicente de Emparan intentaba ingresar al templo para participar del tradicional Te Deum de Jueves Santo, un grupo de mantuanos encabezados por Francisco Salias lo conminó a dirigirse al cabildo.
Emparan se vio obligado a regresar al ayuntamiento donde fue conminado a entregar el poder a lo que llamaron Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. Este, desde el balcón de la casa sede del ayuntamiento capitalino, consultó a las personas reunidas en la Plaza Mayor sobre si deseaban que se mantuviera en el mando, a lo que la multitud contestó: ¡No lo queremos!…!no lo queremos! Y este contestó: Pues, yo tampoco quiero mando.
En la noche de aquel 19 de abril de 1810, el capitán general Vicente de Emparan fue detenido junto a sus principales colaboradores, y posteriormente fueron expulsados.
El movimiento insurreccional fue precedido de varios levantamientos de esclavos negros y sectores medios de la sociedad. El primero fue el de José Francisco de León en 1749, que fue seguido por el de José Leonardo Chirinos en 1795. Luego se produjo el levantamiento de Manuel Gual y José María España en 1797, y los desembarcos de Miranda en Ocumare y Coro en 1806.
Un año después, en marzo de 1811, se instaló el congreso nacional que declararía luego la independencia de Venezuela el 5 de julio de aquel año, iniciándose entonces la guerra de independencia, la más cruel, larga y violenta de todo el continente. En sus primeros años tuvo el carácter de una guerra civil en la que los mestizos, pardos y negros fueron los soldados rasos de los dos bandos en disputa.
El 19 de abril de 1810, fue parte de un movimiento independentista de escala regional que tenía como fin fundamental lograr la plena soberanía de todos los territorios coloniales respecto del imperio español. Si bien surgió con el pretexto de conservar los derechos de la Corona española en América, después de la abdicación del Rey, ante la invasión francesa, en realidad fue la oportunidad esperada por los criollos blancos para hacerse con el poder político.
Por todo esto, la cruenta guerra de independencia desarrollada entre 1811 y 1821, aparte de la independencia política respecto a la metrópoli, no significó un verdadero cambio para los negros, pardos, mestizos y blancos pobres, que eran la mayoría de la población de Venezuela. La esclavitud no fue abolida sino hasta 1854; la vieja oligarquía mantuana, que encabezó la revolución de independencia, fue sustituida por una nueva clase dominante terrateniente compuesta por los caudillos que liderizaron la guerra, cuyas cabezas más importantes fueron Páez, Mariño, y los hermanos Monagas, entre otros, quienes fueron los verdaderos beneficiarios de la independencia.
Mientras tanto la dependencia económica de Venezuela se trasladó de España a Inglaterra, que se convirtió en el principal comprador de materias primas y suministrador de productos manufacturados.
Una década después de la batalla de Carabobo -la cual selló la definitiva liberación de Venezuela, en junio de 1821-), el país seguía sumido en la profunda desigualdad y discriminación racial que la caracterizaba en los albores del siglo XIX. De 900.000 personas que era su población aproximada, un 15% eran esclavos negros, y una élite de 10.000 comerciantes y ricos terratenientes controlaban todos los cargos civiles y militares, eran dueños de las fértiles tierras de los valles de Aragua y monopolizaban el comercio, antes bajo control de España. Una alianza de hacendados, comerciantes y empleados de las instituciones estatales, era la base del poder que ahora ejercía José Antonio Páez, albacea y heredero de los privilegios de la Corona española.
La primera independencia sólo sirvió para traspasar el poder a manos de los caudillos militares y los mantuanos sobrevinientes de la guerra. Mientras que el dominio económico se trasladó a Inglaterra.
En el año del Bicentenario de la liberación del dominio español, los trabajadores y el pueblo venezolano debemos plantearnos el desafío de alcanzar nuestra segunda y definitiva independencia, esta vez de las cadenas del imperialismo y la explotación capitalista, liberándonos de la burguesía nacional heredera de los mantuanos y caudillos militares, la cual nos somete al sojuzgamiento del FMI, el Banco Mundial, la ONU, la OEA, y las grandes transnacionales.
Esto se hace hoy más urgente ante la gran estafa que ha significado el gobierno del presidente Chávez, que posa de nacionalista, habla de socialismo del siglo XXI e invoca a Bolívar y a los héroes de la independencia, mientras hipoteca nuestra soberanía nacional entregando los recursos petroleros, y en particular la Faja del Orinoco a través de las empresas mixtas con Chevron, Repsol, Mitsubishi y demás transnacionales imperialistas. Similar situación se vive con el aluminio, donde el gobierno autorizó la venta a futuro de millones de toneladas, beneficiando con ello a las grandes multinacionales. Entrega la Sierra de Perijá a los consorcios del carbón y a los ganaderos y hacendados, operación que repite con el oro de Guayana, mientras que los yacimientos gasíferos de la Plataforma Deltana se entregan también a la Chevron y otras transnacionales.
Por otra parte, el gobierno nacional paga puntualmente la deuda externa contraída ilegalmente por los gobiernos adecos y copeyanos, una onerosa carga que pesa sobre los hombros del pueblo trabajador, y que a pesar de su pago puntual se ha duplicado en los últimos 11 años.
La experiencia con el gobierno de Chávez pone en evidencia que ningún sector burgués, por muy nacionalista y revolucionario que se autoproclame, llevará hasta el final la lucha por la verdadera independencia del país.
Esa tarea sólo podrá ser cumplida por un verdadero Gobierno de los Trabajadores y el Pueblo. Sólo un gobierno de estas características dejará de pagar la fraudulenta deuda externa, expropiará a las multinacionales sin ninguna indemnización, y entregará las empresas a los trabajadores para que las gestionen de forma democrática, asegurando el control absoluto del pueblo sobre sus recursos naturales, y la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales del pueblo. Todo en la perspectiva de un proceso revolucionario continental que expulse las bases militares yanquis de Colombia, Guantánamo, Haití, y Honduras; que logre la independencia de Puerto Rico, y forje la unidad de los pueblos en lucha, hacia la conformación de la Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina.