15 abril, 2026

Zhang Tuo: «En China las empresas tienen que ganar dinero»

Nota de Laclase.info: esta entrevista al embajador Zhang Tuo ofrece una interesante mirada al contradictorio discurso de la dictadura capitalista china, la restauración de una economía de mercado en ese país, y el carácter ultrarreaccionario de la burocracia del PC Chino.

Sean de propiedad estatal, colectiva o privada, sean de capital mixto, nacional o extranjero, las empresas establecidas en China se rigen por el principio de mercado. Es decir, «deben ganar dinero y hacer sus aportes», afirma el embajador de ese país en Venezuela, Zhang Tuo. La sustentabilidad y viabilidad del modelo pasa por la rentabilidad.

Nota de Laclase.info: esta entrevista al embajador Zhang Tuo ofrece una interesante mirada al contradictorio discurso de la dictadura capitalista china, la restauración de una economía de mercado en ese país, y el carácter ultrarreaccionario de la burocracia del PC Chino.

Sean de propiedad estatal, colectiva o privada, sean de capital mixto, nacional o extranjero, las empresas establecidas en China se rigen por el principio de mercado. Es decir, «deben ganar dinero y hacer sus aportes», afirma el embajador de ese país en Venezuela, Zhang Tuo. La sustentabilidad y viabilidad del modelo pasa por la rentabilidad.

En 60 años de revolución socialista, China se ha convertido en la tercera economía del planeta, aunque su ingreso per capita, sigue siendo bajo, comparado con Estados Unidos o Europa. Pero el gigante asiático crece a un ritmo anual de 8%. En apenas cinco años ha conseguido que 37 de sus empresas se listen entre las 500 más importantes del mundo y con ello se han vuelto visibles sus empresarios. Dos de ellos integran la lista de las fortunas más grandes, elaborada por la revista Forbes. «Algo que es natural», dice Tuo.

El gigante despertó, como lo vaticinó en su época Napoleón Bonaparte. Y lo hizo bajo el rótulo de República Popular China, hace 60 años, quitándose de encima más de 100 años de humillación, ocupación militar, colonialismo y neocolonialismo, por parte de potencias extranjeras.

¿Cómo definiría el modelo de China?

Indiscutiblemente, es un modelo socialista, pero con características propias, con características chinas. Mucha gente dice que China es un país capitalista, no es así. Hay varias razones que, además, son fundamentales. Primero: China está conducida por un partido que a lo largo de 60 años aboga por el socialismo. Segundo: la Constitución establece que China es un país socialista.

Tercero: el sistema de propiedad, la propiedad pública sigue siendo la más importante (60%). En China, por ejemplo, no hay una sola pulgada de tierra privada. La redistribución de la riqueza, además, se rige por un principio socialista: a cada uno según su aporte, según su trabajo. Claro, nosotros añadimos el capital y los derechos de propiedad intelectual como factores adicionales. En China el Estado juega un papel, porque controla y regula la economía, aunque también funciona el mercado. Ambas partes coexisten y se condicionan. Pero los sectores estratégicos siguen en manos del Estado, que además tiene planes para 50 años, 10 años o cinco años.

¿En China funciona una economía planificada?

La planificación no es un monopolio del socialismo. Así como tampoco la economía de mercado es un monopolio del capitalismo. El socialismo puede hacer uso del mercado para consolidar el sistema socialista. Esa es nuestra teoría.

¿En qué medida la economía china es planificada y, por tanto, socialista?

Durante 60 años se han aplicado 11 planes quinquenales y vamos a entrar al duodécimo.

Los sectores estratégicos: transporte, ferrocarriles, aviación civil, energía eléctrica, petróleo, banca, seguros, industria militar, están en manos del Estado. Pero en el comercio y la industria manufacturera funcionan diversas formas de economía (social, colectiva privada y extranjera). En la industria textil, por ejemplo, el 90% de la producción es privada o colectiva. Pero estas empresas funcionan de acuerdo al principio de la economía de mercado. Es decir, tienen que ganar dinero y hacer sus aportes. En China, las empresas públicas aportan 150.000 millones de dólares al ingreso fiscal del Gobierno (alrededor del 20%).

Usted puede entender cómo es la combinación de economía estatal y economía de mercado, y puede sacar sus propias conclusiones acerca de si China es un país socialista o un país capitalista.

En el listado de millonarios de la revista Forbes (fortunas superiores a 1.000 millones de dólares), hay dos empresarios chinos. ¿Usted ve eso como un avance o un retroceso?

Con el despegue económico de China salen las principales empresas, así como sus empresarios. Hace cinco años, por ejemplo, entre las 500 empresas transnacionales del mundo, solamente había seis de origen chino y ahora tenemos 37.

No se sabe cuál es el número de multimillonarios, pero es algo natural. Claro, China está haciendo grandes esfuerzos para reducir la brecha entre ricos y pobres. Tenemos que hacer un gran trabajo para que la redistribución de la riqueza sea justa. El Gobierno pone énfasis y prioriza la justicia social para que todo el pueblo chino pueda acceder a los beneficios de las reformas y la apertura.

¿En qué se parece China a un país del tercer mundo?

Un aspecto fundamental de la política exterior de China es que nuestro país pertenece a las naciones en vías de desarrollo. Siempre nos consideramos así. La riqueza absoluta de China es grande. Es la tercera potencia económica. Pero si dividimos esa riqueza entre 1.300 millones de personas, el ingreso de China es de 3.000 dó
lares per capita. Nosotros consideramos que todavía estamos en las filas de los países en desarrollo y queremos estar de su lado para ayudar a construir un nuevo orden político y económico mundial. Estamos en la etapa inicial, primaria, del socialismo.

¿China cree en un mundo pluripolar?

Siempre abogamos por un mundo multipolar. La tendencia actual apunta en esa dirección. No solamente Estados Unidos es una superpotencia, también ha surgido Europa.

Japón de por sí es una potencia económica. Hay varios polos y consideramos que América Latina, igualmente, está surgiendo. Es una tendencia muy clara de que este mundo se pone cada vez más multipolar.

¿No hay una invasión de empresas multinacionales en China?

China no considera que la inversión extranjera sea una invasión. Más bien les damos la bienvenida, entre otras cosas, porque la inversión extranjera trae consigo alta tecnología, buenas prácticas de administración y gestión, canales de comercialización para el mundo y capital que siempre es escaso.

También crea muchos puestos de trabajo. Actualmente, hay más de 100 millones de campesinos que trabajan en las fábricas de las ciudades chinas, muchas de ellas extranjeras que, además, pagan impuestos a nuestro Gobierno. Pero nosotros siempre hemos cuidado de que esto no afecte nuestra soberanía y hasta el momento hemos alcanzado esta meta. Nuestra soberanía se mantiene y no ha sido afectada por la inversión extranjera, que más bien ha traído riqueza a China. Se calcula que el 40% o 50% de las exportaciones del país se debe a las empresas extranjeras.

¿Mitad y mitad?

Tenemos muchas formas de inversión extranjera. Empresas mixtas con control de capital chino o empresas mixtas con control de capital extranjero.

Incluso, hay empresas que tienen 100% de capital extranjero. Son empresas que crean riqueza para nosotros.

¿Qué diría de los señalamientos que implican a China como uno de los países más contaminantes, uno de los que más genera carbono a la atmósfera y más depreda el ambiente?

Nuestra posición es que el mundo debe ser justo. China tiene casi la cuarta parte de la población mundial (1.300 millones de habitantes). Además, atraviesa por un proceso de industrialización acelerado. Eso supone una gran emisión de carbono. No lo negamos, pero también estamos haciendo grandes esfuerzos para reducirlo. Hemos dicho que este problema también hay que verlo desde otro ángulo. Si se hace una evaluación per capita, cada habitante de China es responsable de la emisión de cerca de 4 toneladas de carbono al año, mientras que un habitante de un país industrializado es responsable de la emisión de 12 toneladas. Esto es menos de 25% por habitante. Vamos a hacer un gran esfuerzo, pero la responsabilidad debe ser diferenciada y, además, históricamente: los países industrializados han emitido carbono desde hace más de 200 años, pero China tiene apenas 20 o 30 años, desde que empezó la industrialización. En cuanto a esta deuda histórica, la tienen que saldar primero los países más industrializados y luego las naciones del tercer mundo. Por eso hemos dicho que se trata de una responsabilidad común, pero debe ser diferenciada.

¿En qué consiste esa responsabilidad común?

Los países ricos tienen que reducir de gran manera su emisión de carbono y los países en vías de desarrollo tienen que adaptarse a una nueva realidad y hacer grandes esfuerzos dentro de sus capacidades.

China ya tiene sus planes y nuestro presidente (Hu Jintao) acaba de anunciar en Naciones Unidas que en cinco años vamos a alcanzar una meta que significa una reducción de 20% de emisión de carbono, comparado con 2005. Vamos a reforestar zonas del país con más de 40 millones de árboles para absorber carbono; vamos a incrementar el uso de energía renovable de 8% a 15%; igualmente vamos a desarrollar la economía verde; la economía de reciclaje y de bajo carbono, como parte de nuestra responsabilidad.

¿Qué diría de los acuerdos suscritos entre ambos gobiernos?

Son muchos. No recuerdo cuántos, sobre todo en materia económica y comercial. China está participando en proyectos que abarcan el área energética, telecomunicaciones, ciencia y tecnología, agrícola, construcción de viviendas y ferrocarriles, en muchos aspectos. Estamos trabajando en diversas áreas.

¿La balanza comercial?

Venezuela ya es el cuarto proveedor de petróleo de China.

En 2008 importamos 350.000 barriles diarios. La balanza comercial es ampliamente favorable a Venezuela, debido al incremento en los precios del petróleo. El intercambio casi llega a 10.000 millones de dólares y hace 10 años apenas era de 100 millones. Nosotros exportamos bienes terminados, textiles y maquinaria. Son acuerdos de complementariedad. Lo que Venezuela necesita podemos enviarlo y viceversa. No hay roces comerciales.

¿El intercambio va a seguir creciendo?

No puedo hablar por la parte venezolana, pero China lo necesita. Actualmente somos el tercer o cuarto productor de petróleo (190 millones de toneladas). Pero necesitamos importar un volumen similar. El desarrollo económico y un mejor nivel de vida del pueblo, al que todos aspiramos, significa más petróleo. Es inevitable. En 2009, por ejemplo, China se va a convertir en el país que produce y vende más carros, superando a Estados Unidos. Vamos a llegar a unas 12 millones de unidades.

Ojalá Venezuela pueda aumentar su producción y enviar petróleo a China. Somos buenos clientes y duraderos.

REGISTRO VERBAL

El jueves pasado, las autoridades del Partido Comunista de China presidieron la ceremonia que conmemoró el 60 aniversario de la fundación de la República Popular China. «En mi opinión, se trata del acontecimiento político más importante desde la Segunda Guerra Mundial. China se ha levantado en sus dos pies y ha terminado la historia de humillación, de ocupación militar, de 100 años de colonialismo, neocolonialismo y 2 mil años de feudalismo», afirma Zhang Tuo, embajador de China en Venezuela.

Al fundarse la República Popular China, se ha materializado su sistema político, que Zhang define como socialista, con sus particularidades chinas, se ha logrado la industrialización y China ocupa un lugar relevante en el concierto mundial de las naciones.

«Hemos recorrido en apenas 60 años, un camino que otros países han recorrido en 100 o 200 años. La creación de la República Popular no solamente ha cambiado la trayectoria de China, sino también ha ejercido una influencia en la trayectoria de la humanidad y del mundo».

Esto es lo que se celebró en Pekín ­el pasado jueves­ con bombos y platillos.

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