23 de agosto de 1939: a 70 años del pacto entre Stalin y Hitler

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En una aberración sin límites, el gobierno burocrático de la URSS firmó un compromiso de “paz y ayuda mutua” con Hitler. Dos semanas después comenzó la segunda guerra mundial. Sacarse de encima la barbarie nazi le costó al pueblo soviético más de veinte millones de muertos.

Hitler y Stalin

Por: Mercedes Petit (Izquierda Socialista)

En una aberración sin límites, el gobierno burocrático de la URSS firmó un compromiso de “paz y ayuda mutua” con Hitler. Dos semanas después comenzó la segunda guerra mundial. Sacarse de encima la barbarie nazi le costó al pueblo soviético más de veinte millones de muertos.

Durante décadas, los manuales que divulgaban la “historia” del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) directamente omitían mencionar la firma del pacto germano- soviético. Hasta para la burocracia de Stalin y sus sucesores resultaba un fardo demasiado pesado recordar su decisiva ayuda al nazismo en el inicio de la guerra.

La burocracia que traicionó la Revolución de Octubre

Desde la década del 20 se produjeron cambios radicales en la URSS. El primer gobierno obrero y campesino revolucionario, asentado en los Soviets y dirigido por los bolcheviques de Lenin y Trotsky, había quedado aislado. Una burocracia parasitaria se encaramó en el poder, liquidó la democracia obrera e impuso un viraje político contrarrevolucionario, que denominaron el “socialismo en un solo país”. León Trotsky encabezó la oposición internacionalista y revolucionaria, pero fue derrotado y expulsado. Desde entonces, la burocracia totalitaria encabezada por José Stalin comenzó a pactar y conciliar con las potencias imperialistas, renunciando a impulsar la extensión de nuevos triunfos revolucionarios.

En la década del 30, a medida que crecía el fascismo, la política de Stalin fue decisiva para facilitar su avance. Se traicionaba en los hechos las campañas “antifascistas” que adelantaban los partidos comunistas en muchos países. Cuando Mussolini invadió y anexó Etiopía en 1935-36, Stalin siguió vendiéndole petróleo a Italia. Previamente, el Partido Comunista alemán (fiel seguidor de las órdenes de Moscú) había tenido una política divisionista y aventurera, facilitando el ascenso y triunfo de Hitler en 1932-33. Durante la guerra civil en España, mientras Mussolini y especialmente Hitler ayudaban con todo a Franco, la URSS vendía armas carísimas y con cuentagotas a la República, hasta que fue aplastada. Esas derrotas debilitaban al movimiento obrero en Europa y la propia URSS, que seguía aislada.

La “sorpresa” que Trotsky venía anticipando

En 1933 Trotsky comenzó su ardua labor de formación de una Cuarta Internacional. Combatía a la burocracia soviética y a su aparato mundial, formado por los partidos comunistas y la Tercera Internacional estalinizados. Desde 1933, alertaba sobre una nueva guerra mundial y que Stalin buscaría un entendimiento con Hitler. La voz del trotskismo era muy débil. Eran masacrados dentro de la URSS y perseguidos por la policía secreta soviética (la GPU) en el extranjero. La política exterior de la URSS, mientras tanto, proclamaba a los cuatro vientos su defensa de la “democracia” ante el fascismo.

En Munich, en 1938, se reunieron representantes de Francia e Inglaterra con Hitler y Mussolini, en negociaciones que intentaban evitar la guerra. Stalin quedó afuera. Poco después, comenzó a negociar directamente con Alemania. El viraje que sorprendió al mundo se conoció el 23 de agosto de 1939. En Moscú, en presencia de Stalin, el ministro de Asuntos Exteriores, Viacheslav Molotov, firmó con su par alemán, Joaquin Ribbentrop1, un tratado de “amistad” y “no agresión” mutua. Se mantuvo en secreto por varios años un apéndice por el cual las dos potencias se repartían Europa Oriental.

Stalin y Hitler, astros gemelos

Así los definía Trotsky a fines de 1939 a ambos dictadores. Cuando firmaron el pacto, Trotsky reiteró su definición de que Hitler tenía como objetivo supremo liquidar a la URSS, y que Stalin le hacía el juego. Había descabezado al Ejército Rojo, que estaba en muy malas condiciones para actuar militarmente. Y con el pacto, confundía y desmovilizaba aún más al pueblo soviético. Trotsky recordaba que en vida de Lenin se habían firmado distintos pactos, que eran legítimos y necesarios, pero que “la política exterior soviética tenía como objetivo real el triunfo del socialismo a nivel internacional e incidentalmente trataba de aprovechar los antagonismos entre las grandes potencias a fin de defender a la República Soviética”. Y repetía: “El pacto germanosoviético es una capitulación de Stalin ante el imperialismo fascista con el fin de resguardar a la oligarquía soviética.” 2

A la semana de firmado, el 1º de setiembre, Hitler comenzó la invasión a Polonia, y el 3 de ese mes Inglaterra y Francia declaraban la guerra a Alemania. El 17 de setiembre las tropas rusas invadieron Polonia por la frontera Este. Ya arrasados por Hitler, el ejército y la población polaca oriental fueron masacrados por Stalin.3

Ese pacto monstruoso y el accionar de Stalin, una vez comenzada la guerra impactó en la joven Cuarta Internacional. En EE.UU. surgió un sector en el SWP (Socialists Workers Party) que comenzó a rechazar la definición de la URSS como un estado obrero, aunque degenerado por la burocracia, que Trotsky consideraba como uno de los pilares del programa de la nueva internacional.

En 1940, los ejércitos nazis habían ocupado prácticamente toda Europa continental. Se vivía “la medianoche del siglo”. Dos días antes del primer aniversario de la firma del pacto, el 21 de agosto de 1940, Trotsky moría en México. Había sido atacado mortalmente el día anterior por un agente infiltrado de la GPU. Menos de un año después se cumplía su vaticinio sobre Hitler y la traición de Stalin: los ejércitos nazis comenzaban en junio de 1941 la Operación Barbarroja, la invasión a la Unión Soviética.

1.Ribbentrop fue juzgado como criminal de guerra en Nuremberg y ahorcado el 16 de octubre de 1946.
2.“Stalin, el comisario de Hitler” (2/9/ 39), y “La alianza germano-soviética” (4/9/39). En Escritos, tomo XI, vol. 1. Pluma, Bogotá, 1979.
3. Se acaba de estrenar la película Katyn, en la cual el director polaco Andrew Wadja recuerda la masacre en ese paraje, que fue negada durante décadas por la burocracia soviética.

Nahuel Moreno recuerda el pacto: “El estalinismo es como una iglesia medieval”

En su libro Conversaciones, Moreno comenta una anécdota de su juventud, cuando con otros compañeros trotskistas frecuentaba el Teatro del Pueblo (el San Martín de entonces), donde tenía importante influencia el Partido Comunista. Dos veces por semana se hacían funciones de teatro con polémicas, en un ambiente de mucha libertad. En 1939 era un tema de discusión permanente la lucha contra el nazismo, y las denuncias contra las persecuciones a los judíos y los campos de concentración eran aplaudidas por todos.

“Una noche, siendo las ocho o nueve, nos llegó la noticia, traída por nuestros amigos del diario El Mundo, de que se acababa de firmar el pacto Hitler-Stalin. Yo tomé la palabra inmediatamente para denunciar el hecho y Sergio Satanovsky [su amigo, muy ligado al PC], que estaba en un palco a la derecha del escenario, se retiró. El resto de los estalinistas se quedaron, escuchándome en silencio. Eran la mitad de la concurrencia, y a su vez eran casi en su mayoría judíos.

“Alrededor de las doce de la noche volvió Satanovsky, que evidentemente había ido a consultar con el Comité Central del partido si la noticia era cierta. Y entonces sucedió algo que me provocó un impacto tremendo, hasta el día de hoy no lo he podido olvidar. Tomó la palabra y dijo más o menos lo siguiente:

“ «¡Repudiemos a la canalla imperialista que se disfraza de democrática para atacar al pueblo alemán y a su gran gobierno! ¡Es mentira que Hitler persigue a los judíos, es mentira que persigue al PC, no hay campos de concentración en Alemania! Son todas mentiras del imperialismo.»

“Y a continuación… ¡lo aplaudieron todos los estalinistas! ¡No pudimos ganar a un solo judío del PC para nuestras posiciones! ¡Ni uno! Todos lo aplaudieron.

“Bueno, me quedé anonadado […]. Ahí quedé convencido de que el estalinismo es como una iglesia medieval, nadie duda de nada, todos aceptan lo que dice la dirección. Yo no podía creer lo que veía, aunque los compañeros anarquistas ya me habían prevenido. […] La gran preocupación del PC no son los intereses del movimiento obrero y la manera de movilizarlo, sino los intereses de la burocracia del Kremlin.”

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