A 35 años del Caracazo. Su principal lección: construir un verdadero partido revolucionario

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Por Partido Socialismo y Libertad

El próximo 27 de febrero se cumplirán 35 años de la más bárbara represión ejecutada por la burguesía contra el pueblo trabajador venezolano. La masacre del “Caracazo” que se cobró unas 3.000 víctimas mortales, fue llevada a cabo por las fuerzas armadas con el respaldo de Acción Democrática, que gobernaba en ese momento, el apoyo de los demás partidos burgueses.

¿Qué pasó el 27 de febrero?

Este dantesco episodio de la historia contemporánea del país puso en evidencia la crisis del régimen del llamado Pacto de Punto Fijo, establecido en 1958 a la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, mediante el cual los partidos políticos encabezados por AD, en conjunción con Fedecámaras, la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas, establecían las reglas del juego democrático burgués, para perpetuar el sistema capitalista basado en la renta petrolera.

El detonante de esta masiva rebelión popular fue el paquete de ajuste acordado por Carlos Andrés Pérez con el Fondo Monetario Internacional. El descontento que se venía incubando en la clase obrera y los sectores populares, desde hacía una década por lo menos, estalló con el incremento del precio de la gasolina y el subsecuente incremento del transporte.

El Caracazo no fue una acción política deliberada, planificada por una o varias organizaciones políticas o sociales. No fue una acción política con objetivos o un programa específico de transformación de la realidad. Fue un levantamiento espontáneo del movimiento de masas. Fue un punto de quiebre del modelo de Punto Fijo. Aunque ya se venían produciendo expresiones de ésta crisis en otros ámbitos, como el electoral, el económico, el social, y en el 92 en el terreno militar con los dos golpes de Estado.

La principal lección de “febrero”: construir un partido socialista revolucionario

Si una lección podemos extraer de aquellos acontecimientos es que la tremenda energía subvertidora del pueblo no contó con una herramienta política, con un partido que agrupara a lo más dinámico y activo del pueblo, de la clase obrera, de la juventud y de los demás sectores oprimidos de la sociedad.

Después de más de dos décadas del chavismo en el poder, esta necesidad sigue planteada. El Psuv nunca fue una alternativa revolucionaria. Es una organización antidemocrática, que desde su origen fue controlada burocráticamente por Chávez, y hoy por el pequeño sanedrín que encabezan Maduro, Diosdado Cabello y los hermanos Rodríguez. Es un partido policlasista que sigue reproduciendo el sistema capitalista de explotación, más allá de la fraseología y los símbolos seudoizquierdistas con los cuales ha confundido a miles de activistas.

En medio de la tragedia económica y social que padece nuestro pueblo es más urgente que nunca construir esa herramienta política verdaderamente revolucionaria. Que debe nutrirse de los mejores activistas obreros y populares, de jóvenes y mujeres, muchos de los cuales creyeron en el chavismo, y que hoy ven como todas sus expectativas se derrumban en medio de salarios de hambre, la destrucción de los servicios públicos, la corrupción y la entrega de la soberanía a las transnacionales gringas, europeas, chinas, rusas etc.

¿Cómo debe ser ese partido revolucionario?

Ese partido debe acoger en su seno a los mejores y más activos luchadores juveniles, obreros y populares. Debe ser un partido en el que no tengan cabida burgueses, terratenientes, militares, ni los burócratas del Psuv enriquecidos bajo el amparo del control del aparato estatal. Una organización independiente del Estado, del gobierno y los patronos. Profundamente democrática, donde los dirigentes sean elegidos por las bases y rindan cuenta a estas, y la opinión de cada militante sea tomada en cuenta a la hora de elaborar la política; donde se debata a fondo la línea política a seguir, pero que luego intervenga como un ariete disciplinado en la lucha de clases. Pero este partido no se decreta, no se autoproclama, ni se puede organizar desde las alturas del poder, debe surgir de la lucha social y política mediante la confluencia de individualidades y colectivos obreros y populares probados en la lucha de clases. Un partido para construir una Venezuela socialista, sin patronos, terratenientes, burócratas ni corruptos. En esa tarea estamos embarcados los militantes y dirigentes del Partido Socialismo y Libertad.

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