“Los dotores de la Juniversidá”

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Eran tiempos de universidad, o mejor dicho de formación académica, intelectual y humana, cuestionando las actitudes de quienes encierran y bordean el exclusivo circulo de los “intelectualosos” que leen con la intención firme de diferenciarse de aquello amorfo llamado masa, donde la categoría pueblo queda execrada del vocabulario cotidiano, y en última instancia se utiliza, para hablar de algo que “nos interpela desde lo masivo”, diría en este caso el filosofo Barbero.

Eran tiempos de universidad, o mejor dicho de formación académica, intelectual y humana, cuestionando las actitudes de quienes encierran y bordean el exclusivo circulo de los “intelectualosos” que leen con la intención firme de diferenciarse de aquello amorfo llamado masa, donde la categoría pueblo queda execrada del vocabulario cotidiano, y en última instancia se utiliza, para hablar de algo que “nos interpela desde lo masivo”, diría en este caso el filosofo Barbero.

Y es que el mismo Rama, en su texto “La Ciudad Letrada”, nos expone y nos explica, cómo la enfermedad de la letra, se adueña de quienes consideran que son los únicos amos y constructores de la llamada civilización. Para ellos la modernidad y el prestigio se encuentra, no en las letras, sino en la soberbia y la arrogancia que se expresa en el desprecio a quienes ellos consideran “analfabetos”, alejados del cenáculo de los que leían los textos elaborados por la modernidad Europea.

El mismo Simón Rodríguez, criticó fuertemente, en la primera mitad del siglo XIX, a quienes viajaban a Europa y regresaban asumiéndose como parte de una “estirpe”, que se alejaba de la idiosincrasia americana. Pero las advertencias elevadas desde entonces fueron a parar a oídos sordos, reforzándose por el contrario la concepción dominante de quienes tenían dominio de las letras.

Y es que en la actualidad nos encontramos de nuevo en un proceso de formación, que en realidad nunca acaba, en el que sería pertinente preguntarnos para qué o para quién, por qué y con que fin nos formamos, puesto que en definitiva debiéramos deslastrarnos de la concepción ilustrada que durante siglos ha tenido la universidad. Recuerdo que en una de esas etapas de conflicto mental (de-formativa), me cayó en las manos un artículo que escribió, fusiló, cortó y pegó o simplemente creó aquel compañero de textos y trabajo, llamado Daniel Moreno, quien me aseguró esa era su concepción de lo que entendía por Universidad. Cuestión que a mi criterio está cargada de un fuerte valor sentimental y de un alto compromiso con quienes durante años compartieron su entorno. Quisiera compartir este texto con ustedes, ya no como crítica a otros, sino con el fin de que seamos nosotros quienes nos veamos en las líneas que se convierten en espejo de una realidad que debemos mantener al margen. Bella cara cundida de pueblo, pero no holgazana, no ociosa, ni mucho menos pasiva, internalizando que formamos parte de la construcción colectiva (no individual) y que el disfrute, lectura y análisis de grandes textos deben contener alguna viabilidad práctica que contribuya a cambiar radicalmente las relaciones sociales de dominación que aun se mantienen en nuestro país. Por ello, diría Juan Bimba:

No jilé compaí, cuando andaba puya, en mi pueblo bonitico,

Soñaba con vení pá la kapital pá sel dotor de la JUNIVERSIDAD pa ayuda mis paisanos,

Cuanto chillé como sute chiquito, por está lejos de mí jente, de mis paramos y mis frailejones,

Pu qué to los diaz me pirdia entre carros metros y cornetas,

Harta jente por toitos laós,

Chinos groseros y mal hablaó por donde quiera los vía,

Unaz callez largas y casa altototas que yo ni sabia ni por donde intrar,

Pero lligué a la JUNIVERSIDAD compa a incontrar los inteleituales que si me iban a enseñá,

Pá algun día dejá de se un don naiden y ayuda mi jente a se educaó como en la kapital,

Cominze a ver mancebos de toitos los otros estaos, la mayoria tan di pueblo como lo soi yo,

Aprendí a querelos pu que se lo han ganaó, unos mas qui otros pero igual si dan,

Pur il contrario los inteleituales cuando saludaba esos jipatos culiapretao no voltean ni a mira,

Ellos se sienten importantes por i que saben mucho aunque no les silve pa ná,

Ni al primer jodío los he mirao ayudando, mas bien les dan asco y le pasan a un laó a uno,

Pu que mi mama vieja sin pode estudia me enseño a se jente y me inseño a amar,

Amar a mi jente y amar a mis montañas amar a mi vida y ayudá a los dema,

Despue qui vi esto y pa no abandona aguante callao pa pode acaba,

Esta payasá de queré se educao al lao de jente que yo tengo que educá,

Hoy a dios padre doi gracia pol podé aguanta hoy ya tirmine,

Aunque no aprendí mucho de eso de inteleitual,

Me alegro qui conocí jente guena, mis compañeroz di clase con los qui voi a contá,

Pá contrui una patria grande de iguales y justos ante la humanidá,

En dondi los inteleituales de la JUNIVERSIDAD de seguro no quieren ni entrá,

Por que lis daría salpullio el estar con el pueblo y aprende a amar,

No sere dotor, ya no me interesa, sigo siendo pueblo,

Por qui esos dotores disque saben mucho y no saben ná,

Mas sabe mi mama vieja que apunta e ternura me dio,

Lo qui a esta jente naiden les dará,

Y de virdad disculpen si comito errores,

Igualito ustedes me van a despreciá.

JUAN BIMBA.

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