Los presos asesinados en el retén San Carlos en el Zulia confirman el exterminio como política de Estado

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Por Thony Navas

El domingo 15 de marzo, cuando la atención de las venezolanas y venezolanos estaba centrada en la aparición de los primeros casos de coronavirus en nuestro país y en el anuncio de las deficientes medidas asumidas por el gobierno para contrarrestar la propagación de esa epidemia, dada la ruina en que se encuentra la estructura pública de salud como consecuencia de un brutal paquetazo antiobrero y antipopular implementado por Maduro y gestiones corruptas e ineficientes, se suscita la supuesta evasión de 84 privados de libertad del retén San Carlos en el estado Zulia, ubicado cerca de la población de Santa Bárbara.

En medio del presente contexto de incertidumbre y confusión que está la población mundial y venezolana, las autoridades gubernamentales han informado que el saldo de esa fuga fue cinco recapturados y treinta y cinco neutralizados, según las propias palabras del vocero oficial del comando militar y policial que intervenido en la recaptura de los evadidos. Tal hecho viene a ser parte de lo que se puede interpretar como una vulgar masacre, es decir, como la sórdida expresión de una reiterada política del Estado venezolano, quien viola las libertades democráticas y derechos humanos no solo en materia penitenciaria sino también en el tratamiento del delito e inseguridad pública y en la relación de la disidencia política y la protesta social.

El hecho mencionado viene a constituirse en otra carnicería humana como las que nos tienen acostumbrados los cuerpos militares y policiales del país. Como ejemplo están todavía frescas las masacres de la cárcel de Amazonas, de la Comandancia de Valencia, del Internado Judicial de Acarigua, de la cárcel de Puente Ayala, del retén del Marite, entre otras más.

Como cualquier gobierno burgués del Puntofijismo, la gestión gubernamental de Maduro y la cúpula militar está marcada por actuaciones que demuestran un profundo desprecio de clase. En este caso, la burocracia estatal que se jacta grotescamente de socialista, obrerista y humanista, solo le queda es el terror y al muerte producto del uso cotidiano de la represión, ante su gran descrito y la repulsión popular que genera su control del Estado.

Este abominable hecho ha pasado prácticamente inadvertido ante la opinión pública sin que la oposición patronal y los grandes medios de comunicación privados le den mayor cobertura, solo algunas organizaciones de derechos humanos, grupos sociales e individualidades del mundo académico han exigido una investigación al respecto y la condena a los culpables.

La masacre del retén de San Carlos en el estado Zulia, a pesar de la presente contingencia producto del coronavirus, deben concitar a los distintos factores políticos, gremiales y populares para realizar acciones de denuncia que movilicen la conciencia de la sociedad. En ese sentido, proponemos y asumidos la necesidad de difundir el rechazo al referido evento sangriento para que la violencia del Estado no sea ocultada y encubierta.

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