Mayo Francés: De la rebelión estudiantil a la huelga general

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Nada fue igual desde 1968, aunque el capitalismo sobrevivió. Terminaban los años de bonanza económica de la clase obrera europea luego de haber derrotado al nazismo. Desde los Estados Unidos, la agresión militar contra el pueblo vietnamita provocaba un creciente repudio mundial. El sacudón revolucionario que vivió Francia se extendió al mundo.

Nada fue igual desde 1968, aunque el capitalismo sobrevivió. Terminaban los años de bonanza económica de la clase obrera europea luego de haber derrotado al nazismo. Desde los Estados Unidos, la agresión militar contra el pueblo vietnamita provocaba un creciente repudio mundial. El sacudón revolucionario que vivió Francia se extendió al mundo.

A medida que avanzaba la década de los 60, se iba notando el fin del boom de la economía capitalista iniciado luego de la Segunda Guerra. El aumento del desempleo, la caída de los salarios y la falta de perspectivas de una creciente masa juvenil que, aun accediendo a la educación, no encontraba una salida de progreso, fue provocando en los años 66 y 67 un creciente descontento. Empezaron los estudiantes de Alemania Federal, luego estallaron los estudiantes y obreros franceses, en mayo de 1968. Desde entonces, el ascenso fue cada vez mayor. En los Estados Unidos, mientras crecía el movimiento contra la guerra de Vietnam, se insurreccionó la población negra. En Italia las huelgas obreras sacudieron el otoñodel69.En América latina entró la rebelión estudiantil en México, Uruguay, Argentina… donde se produjo también el Cordobazo. La crisis crónica del capitalismo y la movilización de las masas instalaron desde entonces una situación revolucionaria mundial.

Primero salieron los estudiantes

Las universidades de Nanterre y la Sorbona de París, fueron los focos iniciales de una masiva movilización estudiantil. Rechazaban los planes de estudio, el autoritarismo y a la “sociedad de consumo” capitalista, que los asfixiaba. Surgieron nuevas organizaciones, como la Juventud Comunista Revolucionaria, encabezada por Alain Krivine y Daniel Ben Said, afines al trotskismo y al dirigente belga Ernest Mandel; el Movimiento 22 de Marzo, de Daniel Cohn Bendit, con orientaciones anarquistas, autonomistas y horizontales; los maoístas…

El espontaneísmo, la democracia asamblearia y la acción directa se combinaban con la búsqueda de la unidad con la clase obrera y los anhelos de cambios de fondo en la sociedad. Todos los días se daban asambleas, manifestaciones, choques con la policía y con grupos “de orden” (derechistas gaullistas o del Partido Comunista). La primera batalla campal con las barricadas en el Barrio Latino (sede de la Sorbona ) fue el 10 de mayo. Las armas de los jóvenes eran los adoquines, las bombas molotov, las cercas de hierro que protegen los árboles, los autos incendiados. La represión respondía con los gases, palos, y balas de goma. Esa noche, los vecinos de los edificios también tiraron proyectiles a la policía y cobijaron a los manifestantes. Hay muchos jóvenes obreros y estudiantes heridos. Se escuchaba el grito “De Gaulle, asesino”.

De las barricadas a la huelga general

Las principales centrales obreras, en primer lugar la CGT comunista, se vieron obligadas a convocar, junto con las organizaciones estudiantiles, a un paro de 24 horas y una manifestación obrera para el 13 de mayo. El gobierno vaciló, anunciando la reapertura de la Sorbona y la liberación de presos. La movilización reunió cientos de miles (un millón según los organizadores). En las pancartas se leía “El poder para los obreros y estudiantes” y otras consignas semejantes.

Los estudiantes, para evitar nuevos cierres, ocuparon definitivamente la Sorbona, donde cada vez eran más los jóvenes obreros que se sumaban. Y espontáneamente comenzó la ocupación de fábricas y la huelga general obrera, que desborda a la CGT. El 14, es SudAviation en Nantes, el 15 Renault-Cleón, y luego Renault-Billancourt, en pleno París. Las ocupaciones se extendieron a toda Francia con diez millones de trabajadores en huelga indefinida. Los estudiantes marchaban por miles hacia las fábricas a solidarizarse. El gobierno quedó paralizado, suspendido en el aire. Todo se ocupaba, no sólo las fábricas, escuelas y universidades. Estaban de huelga el metro, correos, teléfonos, gasolineras, ferrocarriles, músicos de ópera, futbolistas, enfermeras, empleados de comercio, de los bancos… Se instaló de hecho un doble poder y los trabajadores cuestionaban quiénes eran los dueños del país.

El 23 de mayo, 200.000 campesinos se manifestaron contra el gobierno. El 24 fue el gran enfrentamiento de obreros y estudiantes con la policía. La multitud abucheó un discurso de De Gaulle, y se dirigieron al edificio de la Bolsa, que fue ocupado e incendiado. Pero la ausencia de una centralización que fijara objetivos comunes y precisos, permitió la acción divisionista y desmovilizadora del PC y la dispersión. Una buena parte de estudiantes y obreros se dirigió al Barrio Latino. Allí se vivió una noche de violencia superior a la del 10 de mayo. Hubo enfrentamientos también en la Bastilla, en Les Halles y ataques a los ministerios de Justicia y de Finanzas. Preventivamente, la policía reforzó la protección del Palacio del Eliseo, sede del gobierno. En otras ciudades, como Nantes, Bordeaux, Estrasburgo y Lyon, hubo situaciones parecidas.

La gran traición del PC francés

Desde el comienzo de la rebelión estudiantil el todopoderoso Partido Comunista francés se puso en contra. Denunciaba como provocadores a los estudiantes movilizados y a las nuevas agrupaciones revolucionarias. Desde que se impuso la huelga general intentó encauzarla y levantarla con negociaciones parciales y por sector. El enfrentamiento del 24 marcó el punto culminante del ascenso insurreccional y a partir de ese momento el movimiento comenzó a retroceder, empujado por el creciente protagonismo del aparato de la CGT y el PC, que negociaban con el gobierno.

Los “acuerdos de Grenelle” finalmente firmados el 27 de mayo, contemplaban aumentos del salario mínimo, aumento del 7% de los sueldos, reducciones en la jornada de trabajo, flexibilidad en la edad de retiro y pago de los días caídos. De todos modos, las bases obreras, que habían percibido que podían adueñarse de todo, en un primer momento los repudiaron, encabezados por la Renault. De Gaulle, mientras tanto, retomó la ofensiva política, anunciando que “el poder no está vacío” y desparramando en las calles grupos derechistas en defensa del “orden, la patria y la bandera tricolor”. El PCF y los socialistas aceptaron entrar en el juego electoral. El 30 de mayo De Gaulle anunció la disolución de la Asamblea Nacional y elecciones legislativas anticipadas para fin de junio, que finalmente las ganará.

El gran problema es que la huelga se mantiene. Para terminarla, el PC y toda la burocracia pulverizan su unidad, trasladando las negociaciones a cada sector o empresa. Así van logrando que ferroviarios, el subte, correo, teléfonos, mineros, electricistas, entre otros, vayan volviendo masivamente al trabajo, aceptando los logros económicos arrancados a la patronal y el gobierno. Van quedando focos: Renault, Citroën…

El 7 de junio a la madrugada la policía comenzó el operativo en la localidad de Flins, para quebrar la ocupación de la Renault. Hubo enfrentamientos durante tres días de huelguistas y estudiantes contra la policía. La huelga aún se cumplía y endurecía en Renault-Billancourt, en Citroen, en la televisión y otros sectores clave del país. La última batalla será el 10 de junio, en todo París y otras ciudades. Saldo: 1.500 detenidos, cientos de manifestantes heridos, 72 polícias, algunos graves, 72 barricadas, 75 coches incendiados, 10 vehículos policiales incendiados, 5 comisarías atacadas, infinidad de incendios, vidrieras rotas. En Flins es asesinado un estudiante secundario por la policía.

Una vez más, repitiendo su historia de colosales traiciones (1936, 1944-45…), el comunismo francés, principal fuerza entre los trabajadores, será el partido de “la calma y el orden” para salvar al capitalismo. Pero los diez años de férreo “gaullismo” quedaron heridos de muerte. Antes de cumplirse un año, el 28 de abril de 1969, De Gaulle perdió un referéndum y renunció a la presidencia. El Partido Comunista mantendrá su rumbo cada vez más integrado al poder imperialista. Llegará a integrar un gobierno con los socialistas, accediendo a un par de ministerios, pero transita una larga agonía, hasta su casi desaparición actual.

El día que De Gaulle huyó de Francia

No ha sido recordado en ninguno de los innumerables artículos y entrevistas aparecidos sobre este aniversario. Pero el 29 de mayo, con toda su familia, el presidente Charles De Gaulle salió clandestinamente hacia Alemania en un helicóptero. ¿Razones? “La revolución amenaza con derrocarle”, decía uno de sus biógrafos.

Un punto común en casi todo lo que se puede leer en estos días, es la reiteración de que el “mayo del 68 no fue una revolución”. Daniel Cohn Bendit, su legendario líder anarquista y hoy eurodiputado verde, es un ejemplo. Pero hay cientos. Prácticamente nadie informa sobre los hechos de mayo-junio de 1968. Se esconde así, el hecho de que lo que allí se vivió, fue una colosal revolución obrera y juvenil, traicionada por el Partido Comunista francés (véanse notas en El Socialista Nº100 y 101).

El recreo no terminó

De Gaulle (1890-1970) intentó responder con indiferencia a la creciente movilización. “Simples chiquilladas…”, le decía a su jefe de Gobierno George Pompidou. El 10, la primera noche de las barricadas, se fue a dormir. El 13 de mayo, cuando se cumplían 10 años del “golpe de Argel” que lo había reinstalado como presidente, no pudo festejar. Casi un millón de personas atravesaron París gritando “Con diez años nos basta”, “Obreros y estudiantes unidos venceremos”.

El 14, justo cuando comenzaba a instalarse la huelga general, De Gaulle viajó a Bucarest, capital de Rumania. El 18 regresó y desde el aeropuerto siguió su farsa de gobernante firme. “Se terminó el recreo”, declaró ante millones de obreros que ocupaban las fábricas.

El viernes 24 De Gaulle intentó retomar la iniciativa. Anunció que hablaría por radio a todo el país (recordando la época de la Francia ocupada…). Las calles se colmaron esperando su discurso. “El mediocre e indeciso llamamiento que lanza el día 24 por la noche, y en el que se limita a anunciar un referéndum para el mes de junio, pone de manifiesto su desconcierto, la impotencia del poder, e infunde valor a los rebeldes.”* Fue el detonante para que la multitud se enardeciera, al grito de “Adiós De Gaulle”. Esa noche el pico de la insurrección sacudió París y el resto de Francia. Se incendiaron comisarías y el edificio de la Bolsa. Hubo cientos de heridos, entre policías y manifestantes.

Con diez millones de huelguistas paralizando el país, Pompidou comenzó a combatir el vacío de poder, negociando con la dirigencia comunista. Pero nada les resultaría fácil. Cuando el lunes 27 a la mañana, el secretario general de la CGT llevó la propuesta de lo que serán los “acuerdos de Grenelle” a la asamblea de Renault de Billancourt, fue abucheado y debió retirarse. Con el apoyo del prestigiado dirigente socialista Pierre Mendes France y todo el aparato del PC-CGT, los acuerdos se firmaron.

De Gaulle huyó con la familia a Alemania

No sólo Francia estaba paralizada, también el todopoderoso De Gaulle. Dice uno de sus biógrafos, Jean Lacouture: “El lunes 27 de mayo, Francia parece sumida en un estado de anarquía, o más precisamente, de anomia. El pueblo se burla de la oferta de referéndum hecha por el jefe de Estado y los obreros rechazan con desprecio los acuerdos [de Grenelle] propuestos por el jefe de Gobierno, la policía ha desaparecido: las fábricas, las universidades, las empresas siguen ocupadas: las organizaciones de izquierda, incluyendo al Partido Comunista, parecen incapaces de controlar a las masas. […] En el ministerio de Interior se entra sin llamar: los bedeles han desaparecido, las telefonistas ya no responden. ¿Quién gobierna Francia? Aquel día, ningún policía se hubiera atrevido a detener a un estudiante que abofetease a un ministro…[… ] desde el 27 de mayo, el poder había sido aniquilado, la autoridad disuelta y los jerarcas del gaullismo se encerraban en el mutismo.” Este gaullista describía vívidamente la crisis revolucionaria, el vacío de poder. Resumía la situación de De Gaulle diciendo “La revolución amenaza derrocarle” (véase recuadro polémica Moreno-Mandel).

El miércoles 29, temprano, el presidente partió en helicóptero, supuestamente hacia su residencia en Colombey. En realidad, junto a su esposa, sus hijos y sus nietos, viajaron clandestinamente a la vecina Alemania Federal. Aterrizaron en la base francesa de Baden-Baden. Allí De Gaulle se entrevistó por casi tres horas con el jefe del ejército, general Massu. Poco trascendió de aquel encuentro, salvo que Massu le garantizó la fidelidad del ejército si era necesario reprimir. Quedó flotando si De Gaulle prometió la libertad de Raoul Salan, uno de los militares terroristas de la guerra de Argelia…

Ese mismo día, en París, el Partido Comunista y la CGT realizaron una gran movilización. Aunque se gritó “gobierno popular”, se reafirmó en las calles la política de la dirección del PC, de salvar al poder burgués imperialista francés y acabar con la huelga general. Con esos dos reaseguros, el anciano general volvió a Francia.

El 30 de mayo, también por radio, decía: “No me retiraré.” Anunció la disolución de la Asamblea Nacional y elecciones anticipadas para el 30 de junio. Al día siguiente, Le Figaro decía: “En ningún momento, el Partido Comunista y la CGT empujaron la rebelión ni quisieron derribar el poder gaullista”. Era cierto, aunque los obreros y los estudiantes lo habían derrotado. Por eso De Gaulle tuvo nueve meses de sobrevida, disimulando su caída, al ganar las elecciones en junio. En abril del año siguiente, luego de una huelga general obrera y estudiantil en el mes de marzo, perdió un referéndum, y renunció. La revolución de mayo del 68 ya lo había herido de muerte.

Polémica de Moreno con el mandelismo: Ernest Mandel y la “estrategia socialista” del control obrero

En los años previos a 1968 las fuerzas del trotskismo europeo eran casi inexistentes. El dirigente más conocido era el economista belga Ernest Mandel. Desde América latina, nuestro maestro y fundador Nahuel Moreno criticaba sus posiciones oportunistas y revisionistas. Moreno polemizó contra las posiciones de Mandel, referidas a la huelga general y la consigna de control obrero.

Ya en 1965, mucho antes de que se iniciara la oleada de luchas masivas del proletariado europeo, el mandelismo había adoptado una resolución que decía: “La consigna del control obrero aparece como la consigna central en esta etapa de la lucha, en la cual desembocan todas las otras reivindicaciones transitorias.”** Este cambio importante en relación a la consigna central del Programa de Transición (que para Trotsky es la toma del poder) tuvo su aplicación concreta en las posiciones de Mandel frente a la huelga general francesa.

Decía Moreno: “Para Mandel, esto [que la huelga general plantea el problema del poder] no es cierto. El dice que en mayo de 1968 los obreros franceses «…usaron formas de lucha mucho más radicales que en 1936, 1944-46 […] Si hubieran estado educados durante los años y meses precedentes en el espíritu del control obrero habrían sabido qué hacer: elegir un comité en cada planta que habría comenzado por abrir los libros de la compañía, calculando por sí mismos los reales costos de manufactura y utilidades de cada compañía, establecido el derecho al veto en la contratación y el despido y sobre todos los cambios en la organización del trabajo; reemplazado los capataces y supervisores elegidos por los patrones con compañeros elegidos por los trabajadores (o con miembros del conjunto turnándose en sus turnos de trabajo)».

“En una situación única, de unos pocos días, que una vez pasada vaya a saber cuándo se va a volver a repetir, cuando lo que estaba planteado era el problema del poder, cuando lo que había que hacer era plantearlo y denunciar a las organizaciones oportunistas por no hacerlo, Mandel aconseja «elegir un comité en cada planta que … abra los libros de la compañía, calcule los reales costos de manufactura y utilidades de cada compañía, etc.» Un trotskista consecuente hubiera dicho lo opuesto: «Si hubieran sido educados durante años y meses precedentes en el espíritu de la revolución socialista, de la imperiosa necesidad de que la clase obrera tome el poder como caudillo del pueblo explotado, habrían sabido qué hacer: transformar la huelga general en una lucha por el poder».

“[…] En la más grande huelga general que ha realizado el proletariado francés en este siglo, cuando se planteaba tomar el Eliseo, la «estrategia » del control obrero, y la teoría que la acompaña, quieren encerrar a los trotskistas franceses en las contadurías de las fábricas para … ¡¡ «calcular costos y utilidades»!!”

Hace cuarenta años Mandel ya venía transitando la senda del reformismo y anticipando muchas de las “novedades” que hoy presentan los voceros del “socialismo del siglo XXI”.

* Datos de De Gaulle, por Jean Lacouture, Salvat, 1986; Mayo 68, por José M. Vidal Villa, Bruguera, 1978.

** Véase El Partido y la revolución, de Nahuel Moreno, escrito en 1973. Las de Mandel corresponden a textos de 1968 y 1969, citados por Moreno.

El presente texto corresponde a dos artículos publicados en 2008 a propósito de los 40 años del Mayo Francés, en el periódico argentino El Socialista.

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