Por Miguel Lamas

La aprobación por decreto del presidente Macron de la reforma de pensiones el 16 de marzo, aumentando edad, años y aportes para jubilarse, incentivó la rebelión obrera y popular. Ya van casi tres meses de protestas, con manifestaciones que agrupan a millones de personas en todo el país y con jornadas de huelga. La decisión del Consejo Constitucional de validar el texto principal de la reforma y la promulgación de la ley, por Macron, a las 3 y 28 de la mañana del 15 de abril le metió más leña al fuego de la crisis política y social del país.

Como lo expresó un manifestante “¡Ya no es sólo por las pensiones, es por todo!” El grito de ¡Fuera Macron! y las estrofas del himno La Marsellesa, que para los franceses está asociado a las revoluciones y rebelión popular, inundaron las calles.

El decreto de Emanuel Macron, se basó en el artículo 49.3 de la Constitución, permitió sacar adelante la ley sin aprobación legislativa. Esta aprobación por decreto es evidentemente antidemocrática, ya que una amplísima mayoría de franceses, un 70% según encuestas, se oponen.

Además de millones de manifestantes, hombres y mujeres, de todas las edades, jóvenes y también jubilados, la agencia France 24, señala que “una amplia mayoría de los franceses también ha expresado su apoyo a las huelgas pese a que han interrumpido las clases, el transporte público, aviones y trenes, y la recolección de basura”.

En lugar de favorecer la resignación, la aprobación con el polémico artículo 49.3 de la Constitución acentuó la indignación. Del rechazo de la reforma, se ha pasado a una contestación más generalizada contra Macron y el sistema vertical y presidencialista de la Quinta República, además de la denuncia de la violencia policial contra manifestantes.

En esta nueva etapa del proceso, uno de los datos más relevantes es la entrada masiva del movimiento estudiantil y juvenil.

La derrota de Macron en la Asamblea Nacional (parlamento) se explica también por esta gran presión popular, que hizo que hasta los diputados de la ultraderecha que encabeza Marine Le Pen, tengan que oponerse a la reforma. Aunque muchos de estos mismos diputados actuaron como cómplices, cuando pocos días después no votaran a favor de la “censura” a Macron que hubiera provocado su caída y la anulación del decreto.

La rebelión obrera, ya va, al momento de escribir esta nota, por la undécima marcha masiva con millones de personas en decenas de ciudades y numerosas huelgas en diferentes sectores como transporte, recolectores de basura, educación, puertos, electricidad, etcétera. Y después de la aprobación por decreto por Macron las movilizaciones dieron un salto, entraron en una nueva etapa exigiendo en las calles que se vaya Macron, y comenzaron también enfrentamientos por represión policial.

Según informaciones policiales, sólo en el pasado jueves 23 de marzo, a una semana del decreto repudiado, las protestas masivas dejaron un total de 457 detenidos y 441 policías y gendarmes heridos.

Muchos medios ya comparan lo que sucede con mayo del 68, la gran rebelión obrera y estudiantil francesa posterior a la Segunda Guerra Mundial.

“¡Queremos la cabeza de Macron!”

Esto gritaban muchos manifestantes en las calles, inspirados por La Marsellesa, comparando con lo sucedido al rey decapitado, Luis XVI, en 1793.

Según una de las crónicas: “hemos visto a todo el mundo salir a la calle. Desde el principio pareció que no se trataba sólo de una huelgaen el sentido sindical habitual en Francia. Estudiantes, colectivos feministas, trabajadores de todos los sectores imaginables, trabajadores de la limpieza, bomberos, enfermeras, repartidores, migrantes indocumentados, familias con sus hijos, grandes bloques en las marchas de mujeres inmigrantes kurdas con bailes y música, con canciones guerrilleras, gente de todas las edades, griegos que no podíamos imaginar que hubiera tantos en París, todos los sindicatos con sus colores y coches viniendo al frente de las marchas…” (desinformémonos.org)

Es desde hace muchos años que los gobiernos capitalistas franceses intentan liquidar la importantísima conquista de las jubilaciones en Francia, basadas en el sistema de reparto, que se pagan con aportes de los que trabajan y también de los patrones. En 1995 hubo un intento y fue derrotado por otra gigantesca movilización.

En 2019, durante su primer mandato, también fue derrotado por masivas protestas el primer intento de Macron por cambiar el sistema de pensiones. Entre ellas un gran paro ferroviario, el más extenso en la historia de Francia.

La reforma actual que intentan, no es sólo aumento de la edad jubilatoria de 62 a 64 años, sino también aumento de los años de aportes que llegan a 43 años. Y también el fin de las jubilaciones a los 60 años que favorecía a trabajadores de salud.

Macron está más débil que en el 2019, el capitalismo está más en crisis y exigen a Macron que adopte medidas para aumentar o recuperar sus ganancias. Por eso aprobó la reforma de pensiones y ni se reunió con las direcciones sindicales para discutir alguna modificación menor.

La ley de pensiones es parte, pero también están los salarios, las leyes laborales, la carestía de la vida en primer lugar, los combustibles, electricidad y gas (motivo de la rebelión de “chalecos amarillos” en el 2018), y también la destrucción ecológica. Por eso el descontento de millones.

El corresponsal del diario español El País en París señala: “ahora se han sumado en masa a las protestas adolescentes y estudiantes universitarios que salen a manifestarse por la lejana pensión, pero también por una aspiración más abstracta y a la vez poderosa: un futuro mejor”. Es decir, no sólo pensiones en su vejez, sino trabajos y salarios dignos en su juventud.

El rol de las direcciones reformistas

El 17 de abril Macron dio un mensaje por la televisión a la hora de la cena, pretendiendo calmar los ánimos y prometiendo leyes y un “pacto de la vida del trabajo”. Pero nadie le cree. La respuesta fue la realización de cerca de 300 cacerolazos espontáneos en todo el país. La consigna que más se cantaba fue “Macron dimisión”.

Macron no hace más que agudizar la crisis política y social de Francia. Ante esta situación de gran confrontación social y con un rechazo del 70 por ciento de la gente a Macron, cabe preguntarse: ¿por qué no cae aún la reforma y el mismo Macron?

Sencillamente porque las direcciones políticas y sindicales reformistas no tienen esa política. Veamos cómo actúan y que proponen. Mientras miles hacían 300 cacerolazos en repudio al discurso de Macron del 17 de abril y pedían que se vaya, la Intersindical, que agrupa a varias centrales, convocaba a “una gran movilización” recién para el 1° de mayo. Casi para 15 días después, sin convocar ni preparar una huelga general que paralice Francia para anular la reforma y que se vaya Macron.

La consigna de “Macron dimisión” no ha sido levantada ni por las centrales sindicales ni por la oposición de izquierda reformista, empezando por la figura más reconocida de Jean-Luc Mélenchon, dirigente de la organización Francia Insumisa.

Todos han salido con duras declaraciones contra Macron pero ninguno plantea, hasta ahora, que se vaya ni convocan a organizar una huelga general y un plan de lucha hasta que se vayan la reforma jubilatoria y Macron. Esa izquierda reformista también pesa en las direcciones sindicales de la Intersindical.

El centro de la política de la izquierda parlamentaria es evitar la caída del gobierno de Macron por una movilización revolucionaria. Buscan usar el desgaste político de Macron para ganar espacio hacia futuras elecciones. Por eso su centro ha sido presentar un proyecto parlamentario para promover un referéndum popular, el RIP (siglas en francés de Referéndum de Iniciativa Compartida). O sea, desviar la movilización de masas hacia la búsqueda de cerca de 5 millones de firmas que se necesitaría. Aunque el Consejo Constitucional ya lo habría rechazado también.

La izquierda reformista está nucleada en la Nueva Unión Popular Ecológica y Social (NUPES) integrada por la Francia Insumisa y los partidos Comunista, Socialista y Europa Ecología los Verdes(1).

En esta situación hasta la ultraderechista Marine Le Pen, le compite a la izquierda reformista con su discurso agresivo contra Macron.

Preparar una huelga general y un plan de lucha por “Fuera Macron y la reforma”

Las centrales sindicales francesas, unidas en la Intersindical(2), han convocado a diez gigantescas marchas nacionales en decenas de ciudades. Hay huelgas parciales en diferentes sectores. Sólo convocan a marchas callejeras que son masivas por el empuje de las bases, pero son insuficientes para derrotar a Macron. La Intersindical sigue sin preparar y lanzar una huelga general unida que paralice a Francia y un plan de lucha conjunto discutido con las bases en asambleas.

La Intersindical la encabezan direcciones conciliadoras históricamente influenciadas por las diversas alas de la socialdemocracia, el PC, sectores ligados a la Iglesia, ex miembros del PC, etcétera. La primera central es la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT, encabezada por Laurent Berger, proveniente de una corriente cristiana, y la segunda es la Confederación General del Trabajo (CGT), históricamente influenciada por el PC, aunque ha ido perdiendo hegemonía. Hasta marzo, y durante ocho años, la dirigió Philippe Martínez, un ex militante del PC. Lo reemplazó Sophie Binet, una izquierdista independiente y ecologista.

El 4 de abril, después que se aprobara por decreto la Reforma de Pensiones, y a pesar de la declaración posterior del gobierno afirmando que “la discusión terminó, la reforma se aprobó”, los dirigentes de la Intersindical se reunieron con la primera ministra Elisabeth Borne. Salieron de la reunión calificándola de “un fracaso” pero insistiendo en negociaciones para “postergar” la reforma. Laurent Berger, secretario general de la CFDT, llegó a decir que “quizás no haya salida y esta ley finalmente se promulgue y aplique”(Clarín, Argentina, 16/4/2023)

Pero en las calles ya no se cree en negociaciones y la demanda es ahora ¡Fuera Macron! Y las bases están desbordando a los dirigentes con bloqueos, huelgas, muchas decididas por las bases, y enfrentando a la policía. La profundización de la lucha plantea la necesidad de discutir la perspectiva de un gobierno del pueblo trabajador desde sus organizaciones obreras y juveniles de lucha.

Es cada vez más necesario una huelga general y un plan nacional de lucha para derrotar al gobierno e imponer un plan económico del pueblo trabajador. No sólo exigir que se anule la reforma de pensiones, sino reclamos de fondo como lo están planteando algunos sectores de izquierda y de base, como una nacionalización con control de los trabajadores de todo el sistema energético y los bancos, los dos grandes sectores capitalistas que se están beneficiando o especulando con la crisis.

Denunciando la política conciliadora de la Intersindical con el gobierno, se formó la “Red por la Huelga General”, con 250 activistas y dirigentes de base de diferentes sindicatos y la juventud, que llama a dar el “golpe final” a la reforma de pensiones (ver nota). La formación de esta red es un gran paso en la lucha por lograr una nueva dirección política y sindical de la clase trabajadora y la juventud francesa.

¡Viva la lucha de trabajadoras, trabajadores y juventud de Francia! Desde la UIT-CI damos todo nuestro apoyo y llamamos al apoyo internacional.

 


1. El Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) se dividió en su congreso de diciembre de 2002 debido a que la tendencia que encabeza la corriente mandelista (ex LCR) con las figuras públicas del partido (Philippe Poutou y Olivier Besancenot), decidió irse hacia una alianza con Francia Insumisa y NUPES.
2. La Intersindical la integran la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT, Confederación General del Trabajo (CGT), la Sud Solidaires, Fuerza Obrera (FO), la Federación Sindical Unitaria (FSU), Unión Nacional de Sindicatos Autónomos (UNSA), la Confederación Francesa de Gestión Confederación General de Ejecutivos (CFE-CGC) y la Confederación Francesa de Trabajadores Cristianos (CFTC).

*Nota publicada en la revista Correspondencia Internacional N°52.

 

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