Argentina: A 40 años de la masacre de Pacheco

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Desde el 1º de mayo de 1974, con Perón en la presidencia, los atentados y crímenes de las bandas fascistas se fueron incrementando. El asesinato de los tres militantes del PST tuvo repercusión nacional. Desgraciadamente, el llamado a la unidad de acción antifascista no pudo llevarse a la práctica.

Desde el 1º de mayo de 1974, con Perón en la presidencia, los atentados y crímenes de las bandas fascistas se fueron incrementando. El asesinato de los tres militantes del PST tuvo repercusión nacional. Desgraciadamente, el llamado a la unidad de acción antifascista no pudo llevarse a la práctica.

El miércoles 29 de mayo, cuando varios compañeros finalizaban una reunión, una ráfaga de ametralladora acribilló la persiana del local en Pacheco. Una nutrida patota de asesinos provistos de armas largas asaltó el local. Entre golpes, gritos e insultos, tres compañeras y tres compañeros fueron echados al suelo y pateados. Luego de robar, romper e incendiar lo que encontraron dentro del local, los obligaron a salir hacia los autos que tenían afuera. Las tres compañeras, después de seguir recibiendo golpes y amenazas, fueron dejadas en la vereda a varias cuadras. Los compañeros fueron metidos en los baúles de los coches, y en la mañana del 30 de mayo sus cuerpos acribillados aparecieron en Pilar.

Oscar Dalmacio Meza, “Hijitus”, era correntino y tenía 26 años. Venía encabezando la lucha en su lugar de trabajo, la metalúrgica Astarsa, y en otras fábricas de la zona Norte. A comienzo de año había impulsado la lista de oposición en la UOM Vicente López que fue proscripta, junto al Indio Fernández (ver El Socialista Nº 267, 6/5/2014), asesinado 20 días atrás.

Mario Zida, el “Tano”, tenía 22 años y había nacido en Italia. En 1972, siendo militante de la Juventud Socialista del PST, estaba entre los dirigentes de la lucha de los colegios industriales, mientras estudiaba en la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1, de Tigre.

Antonio Moses había entrado al PST a través de la agrupación FELNA, cuando cursaba el ingreso a Ciencias Exactas en la UBA en 1971. Rápidamente fue adquiriendo experiencia en tareas de organización y seguridad del partido. Dos meses antes de su asesinato se había “proletarizado”, ingresando a la metalúrgica Wobron.

La masacre de Pacheco tuvo repercusión nacional

El PST era ampliamente conocido y tenía una importante inserción estudiantil y sindical. Su fórmula Coral- Páez había sido la única alternativa de independencia de clase y socialista a la candidatura de la derecha peronista Perón-Perón, en las elecciones de septiembre de 1973.

En Astarsa se paralizó la fábrica el día del entierro de Hijitus. Se lo veló en el cuerpo de Bomberos de Tigre. La patronal hizo llegar su adhesión, y hasta Minguito, el burócrata de Vicente López, rodeado de guardaespaldas, pasó por ahí. En Wobron se paralizó la fábrica a medida que las secciones fueron recibiendo la noticia del asesinato de Tony, contra la indicación de los delegados de la burocracia. En colegios y facultades hubo todo tipo de actividades de repudio y solidaridad. El ENET de Tigre paró el jueves y el viernes por el “Tano”.

El jueves a la noche, cuando se realizaba un acto en la facultad de Derecho, se sumaron los obreros gráficos que realizaban otro por la libertad de prensa con Agustín Tosco. Con estudiantes de otras facultades se reunieron más de 3.000 personas. Entre otros, hablaron Miguel Sorans, Alicia Eguren de Cook y cerró el acto Agustín Tosco.

En el velatorio realizado en el local central del PST en la calle 24 de Noviembre, en el barrio de Once, se recibieron repudios solidarios de más de cien sindicatos, listas y comisiones internas de fábrica.

Entre ellos, la Lista Marrón de los metalúrgicos de Villa Constitución, Raimundo Ongaro de la Federación Gráfica, el diputado nacional de la Democracia Cristiana Héctor Sandler. En medio de un desfile permanente de gente, se presentó Juan Carlos Dante Gullo, junto a otros dirigentes de la JP regionales (quienes aclararon que no concurrirían al acto del día siguiente por las diferencias políticas que manteníamos). Se pronunciaron la Unión Cívica Radical, el Partido Comunista, PSP, PI, FIP, PRT, PCR, Política Obrera, entre otros.

Al día siguiente se realizó un acto en la calle, y estuvieron presentes representantes de muchos de los nombrados. Hubo 22 oradores. Entre los centrales estuvieron Juan Carlos Coral (quien cerró el acto) y Nahuel Moreno (ver recuadro) por la dirección del PST, y Ortega Peña, por el Bloque de Base. También hablaron Marcelo Stubrin por la Juventud Radical, Julio Magri por Política Obrera, Jorge Di Pasquale, del Sindicato de Farmacia y el Peronismo de Base, así como Miguel Sorans de la JSA, Arturo Apaza (trabajador de Del Carlo desaparecido en 1976), y Jorge Avila de Propulsora, los tres del PST.

¿Qué dijo Perón?

El presidente Perón y el Consejo Superior Peronista fueron de los escasos sectores políticos (junto con la derecha de Manrique y Nueva Fuerza) que no denunciaron la masacre de Pacheco. Sin embargo, el 4 de junio, cuando recibió a una delegación de la Federación Juvenil Comunista, Perón se refirió a esos hechos, diciendo: “[…] hemos dado la más amplia libertad para que estos problemas se discutan; no podemos evitar que entre facciones, algunas veces, se produzcan hechos lamentables. Sé que ustedes han llegado en un momento en que acaba de producirse un hecho muy desagradable, que tres muchachos han sido asesinados por otro grupo. Son grupos antagónicos, que pelean entre ellos en vez de discutir y acordar, pero eso pasa en todas partes del mundo. […] si nosotros inyectamos violencia a ese hecho violento, no haríamos sino agitar más las aguas; hay que dejar que se serene y se sedimente. […]” (El Cronista Comercial, 5/6/1974, citado en Avanzada Socialista Nº 109).

Cínicamente, Perón puso en un mismo plano a los asesinados, que actuaban a cara descubierta en su militancia política, estudiantil y sindical, con la banda de hampones que desde las sombras los secuestró y acribilló. Decía AS: “sus expresiones, que pretenden ocultar esas diferencias entre un partido político y una banda de asesinos, apuntan indirectamente a neutralizar a la clase trabajadora y al pueblo para que nadie tome posición, como cuando se pelean dos patotas en una calle oscura.” Así Perón apañaba a las bandas engendradas y protegidas por la burocracia sindical y su propio gobierno, ante lo cual el PST denunciaba que “el peronismo es el tren político del fascismo” (AS Nº 106).

Las bandas fascistas se nutrían de las patotas de la burocracia sindical y del aparato represivo (sectores de la policía y las fuerzas armadas, en actividad o dados de baja por delincuentes o corruptos). La investigación por la masacre de Pacheco forma parte de la causa contra Rodolfo Almirón, ex policía y uno de los jefes de la Triple A, fallecido en 2009.

“Al fascismo se lo destruye en la calle”

Este fue el centro del llamado del PST, expresado por Juan Carlos Coral, Nahuel Moreno y otros compañeros en el acto central, y por toda la militancia en los distintos ámbitos sindicales, estudiantiles y políticos. La propuesta de hacer una reunión (ver recuadro), desgraciadamente, solo fue tomada por el Bloque de Base. Su dirigente, Rodolfo Ortega Peña, había hablado en el acto, y fue el único sector que dio una respuesta positiva concreta a la iniciativa del PST. Ni la JP, ni los Montoneros, ni el PC aceptaron impulsar una acción unificada contra los fascistas. Esto envalentonó a la Triple A. El accionar irresponsable de las organizaciones guerrilleras, impulsando una “guerra de bolsillo” aislada de las movilizaciones de masas, exacerbó la respuesta represiva, facilitando el camino hacia el golpe genocida de 1976.

Nahuel Moreno en el acto de repudio

Llamado a la unidad de acción antifascista

“Murieron por lo que eran: socialistas, revolucionarios, internacionalistas legítimos, y por todo ello queremos reivindicarlos. También queremos reivindicarlos como luchadores de toda la izquierda en su conjunto, frente a un peligro que nos amenaza a todos: el fascismo y el golpe reaccionario. […]

“Es evidente que hay una escalada fascista en el país. […] que se predica desde el mismo gobierno. Lo demuestra un elemento categórico apenas reflexionemos un poco. ¡Hasta ahora no se ha descubierto un solo atentado contra militantes de izquierda, ni la muerte de un obrero comunista, ni las torturas, ni la muerte de Montoneros ni de militantes de la JP, ni de nuestros muertos! ¡Jamás! […] el propio gobierno alimenta esos sectores fascistas […].

[…] hoy estamos acá gritando por la unidad de acción. A nuestro partido le preocupa profundamente si esta unidad de acción es para acompañar los cortejos al cementerio o va a ser la unidad de acción en la calle para derrotar y aplastar a la bestia fascista […] queremos impedir que el fascismo llegue, ¡y queremos impedirlo ahora!

[…] Al fascismo tampoco se lo discute. No es una tendencia política o intelectual. ¡Al fascismo, compañeros, se lo destruye en la calle, con los mismo métodos que ellos utilizan!

[…] ¡aprendamos que antes de que nos maten ellos tenemos que pararlos nosotros! Por eso la dirección de nuestro Partido, como resolución de su Comité Ejecutivo, invita a todas las tendencias aquí presentes y a las que no lo están, para que el próximo miércoles, a las 19, en nuestro local, empecemos a constituir las brigadas o piquetes antifascistas, obreras y populares, que serán la herramienta con la cual abatamos definitivamente a las bandas fascistas en nuestro país. (Avanzada Socialista Nº 106, 4/6/1974).

*Periódico de Izquierda Socialista, Argentina

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