El único presidente que renunció en toda la historia de EEUU: La caída de Nixon

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Nixon

Por: Mercedes Petit (Izquierda Socialista)

El 8 de agosto de 1974, con ojos hinchados y un rostro cadavérico, Richard Nixón anunció por televisión que al día siguiente presentaría su renuncia. En medio de la crisis económica y el ascenso popular, en gran medida vinculados a la invasión yanqui a Vietnam, el Congreso le preparaba un inminente juicio político. ¿Por qué, por primera y única vez, en EE.UU. cayó un presidente?

Desde abril de 1789, en el siglo XVIII, cada cuatro años se renueva el mandato presidencial en Estados Unidos (salvo cuatro asesinatos y cuatro fallecimientos). En las décadas del sesenta y setenta del siglo XX la movilización de las masas sacudía todo el mundo capitalista e imperialista. Bajo la presidencia del demócrata Kennedy, Estados Unidos comenzó a intervenir en Indochina, para apoyar a la dictadura del Vietnam del Sur, que era enfrentada por el Vietcong. En noviembre de 1963 se produjo el cuarto magnicidio en 175 años: Kennedy fue asesinado. A mediados del 64, su sucesor Lyndon Johnson utilizó un falso incidente contra una nave yanqui en el Golfo de Tonkin, fraguado por los servicios secretos, para iniciar una escalada sangrienta contra el Vietcong y todo el pueblo vietnamita.

En abril de 1965, con 20.000 manifestantes, se produjo la primera expresión popular importante contra la invasión. En 1970, cinco años después, se movilizaban millones.

La presidencia de Nixon

Quien se dio a conocer luego como “Tricky Dicky” (Ricardito el tramposo) se crió en la extrema pobreza en una granja rural de California, con padres cuáqueros. Con una oscura carrera de abogado y político republicano, ascendió hasta ocupar la vicepresidencia del país entre 1952 y 1960 (los dos mandatos de Eisenhower).

Como candidato del Partido Republicano en 1968 pudo capitalizar el descontento social y malestar contra los demócratas. Johnson estaba acosado por el crecimiento de los movimientos contra la guerra de Vietnam, y también de los negros y las mujeres. Nixon ganó ampliamente en noviembre de 1968 y asumió en enero de 1969. Sus promesas eran mentiras, y mantuvo al pie de la letra la política exterior de los demócratas.

El movimiento antibélico en 1970 reunió a millones de manifestantes en la célebre “marcha sobre Washington”, y siguió creciendo. En 1971 se produjo el escándalo de “los papeles del Pentágono”. Gracias a las denuncias de Daniel Ellsberg, que había trabajado en la embajada yanqui en Saigón, se destapó una cantidad de irregularidades, informes falsos y operaciones encubiertas -nacidas en la Casa Blanca con los demócratas-, perpetradas por la CIA y las cúpulas militares. Así se supo que lo del Golfo de Tonkin había sido un montaje falso. Nixon y sus altos funcionarios mintieron e intentaron impedir que se hicieran públicas las denuncias. Luego intentaron atacar a Ellsberg robando su historia clínica a su psiquiatra. Todo esto, -un anticipo de los actuales célebres “wikileaks”-, fue desclasificado y confirmado en 2011. Para aspirar a un segundo mandato, Nixon tenía que cambiar algo. En medio del creciente descalabro económico, instaló las negociaciones de paz en Paris con los representantes del Vietcong, con la falsa promesa de poner fin a la guerra. También viajó a China, donde se entrevistó con Mao Tse tung y comenzó el restablecimiento de relaciones comerciales y políticas.

Watergate y la segunda presidencia

Durante la campaña electoral de 1972, el 17 de junio, se produjo un hecho policial aparentemente mínimo en las oficinas centrales del Partido Demócrata en el edificio Watergate. En la madrugada, el guardia encontró las puertas abiertas, y llamó a la policía, que detuvo a cinco intrusos que estaban instalando equipos de espionaje. El episodio tuvo una primera transcendencia en la prensa, pero luego fue silenciado por orden de la Casa Blanca. Pero el hecho de que uno de los intrusos era funcionario del Comité por la Reelección de Nixon, permitió que dos periodistas del Washington Post, Bob Woodward y Carl Berstein (ver recuadro) al correr de los meses, fueran desenredando los hilos del operativo, hasta transformarlo en una bomba de tiempo que estalló en manos de Nixon dos años después.

En enero de 1973 Nixon logró asumir su segundo mandato, y poco después se firmaron los acuerdos de paz en Paris, pero el pueblo vietnamita no se engañó. Siguió luchando encarnizadamente para conquistar la unificación y la expulsión total de los yanquis.

En abril por primera vez el presidente habló de Watergate, mintiendo sin ningún escrúpulo al negar que él o sus colaboradores cercanos tuvieran algo que ver. De todos modos, no sería ni el primero ni el último presidente de Estados Unidos que mintiera. Prácticamente todos lo han hecho, con más o menos éxito y habilidad (Johnson y Tonkin, Clinton y Lewinsky, Bush y las armas de destrucción masiva de Sadam, Obama y Guantánamo, Afganistán, Irak y un largo etcétera).

Nixon navegaba en aguas muy movidas. Estaba dando algunos pasos para salir de la crisis de “los precios del petróleo”, que se dio en 1973-74. La economía yanqui estaba fuertemente golpeada, con una galopante inflación y caída de los salarios reales. Una oleada de huelgas se extendía por todo el país, con los metalúrgicos al frente. Las movilizaciones de las mujeres estaban conquistando el derecho al aborto (el célebre juicio “Ward vs. Roe”) y otros derechos, junto a los negros. Hasta los indios -que ocuparon la isla de Alcatraz- y los chicanos exigían lo suyo.

Gran parte de la gran patronal le soltó la mano

Ante la gravedad de la crisis, Nixon optó por concentrar todo el poder y las decisiones en sus manos, más allá de sus atribuciones “constitucionales”. Sin consultar al poderoso Congreso, tomó decisiones hacia las negociaciones y la guerra en Vietnam, invadió la vecina Camboya, junto con la ITT y la CIA operó contra el presidente Allende en Chile, y tomó medidas en el terreno de la economía que afectaban a todo el país y al resto del mundo. En esta situación, la gran patronal se dividió. Un sector de las grandes multinacionales siguió apoyándolo, pero otro reivindicó el papel tradicional del Congreso y rechazó sus actuaciones unipersonales (que podríamos llamar “bonapartistas”). En medio de una guerra interminable en Indochina, la burguesía tenía que cerrar esa brecha, que era solo comparable con la que había ocurrido durante la guerra civil del norte contra el sur. A medida que se agravaban los problemas se aproximaba el principio del fin del presidente.

Era bastante fácil acusar a Nixon por delitos de corrupción o espionaje aunque fuesen prácticas bastante habituales), que fueron saltando. En octubre de 1973 tuvo que renunciar el vice Spiro Agnew, involucrado en negociados demasiado escandalosos e inocultables. Así comenzó a crecer la presión alrededor del total esclarecimiento y castigo a los responsables de la incursión en la oficina central de los demócratas en Watergate en 1972. Para su desgracia, Nixon -bastante paranoico- tenía micrófonos instalados por sus colaboradores y el FBI en todas las oficinas de la Casa Blanca. Sus propias grabaciones permitieron aportar pruebas que lo comprometían en el tema Watergtate. La gran prensa, algunos funcionarios judiciales, el opositor Partido Demócrata y crecientes sectores del Partido Republicano le soltaban la mano y exigían que asumiera su responsabilidad judicial en el espionaje.

En enero de 1974, The New York Times decía: “Casi no puede concentrarse en el Medio Oriente, la escasez del petróleo y otras crisis, y ni siquiera en los asuntos de rutina del gobierno, ya no está dirigiendo un gobierno, sino una defensa legal”. (NYT, 3/1/74, citado en Solidaridad Socialista Nº 116, 8/8/1985) A mediados de año ya era inminente el juicio político.

Cayó Nixon y los Estados Unidos perdieron la guerra

El 8 de agosto, lloriqueando en la TV, finalmente Nixon aceptó renunciar. El director de Le Monde Diplomatique, Claude Julien, señalaba lo que no dijo la prensa yanqui: “La eliminación del señor Richard Nixon deja intactos todos los mecanismos y todos los falsos valores que permitieron el escándalo Watergate” (citado por Howard Zinn, en La otra historia de los Estados Unidos). Ford mantuvo a Henry Kissinger al frente de la política exterior, y nombró como vice a Nelson Rockefeller, conocido multimillonario perteneciente al sector de los monopolios que impulsaron la caída del presidente. Nixon fue rápidamente indultado por Ford. Tranquilamente se pudo volver a California, disfrutando de una suculenta pensión y sin afrontar cargo alguno por sus innumerables y comprobados delitos. Menos favorecidos, 19 funcionarios de su entorno fueron a prisión por el caso Watergate.

El 29 de abril de 1975, siete meses después, el Vietcong tomó Saigón. Los vietnamientas triunfaron gracias a su heroísmo y también al apoyo que les significó el multitudinario rechazo del pueblo yanqui a la invasión. La derrota del imperialismo yanqui fue festejada y fortaleció a todos los pueblos del mundo. Y desde entonces, el monstruo imperialista más poderoso del planeta ha ido debilitándose y retrocediendo en su dominio mundial.

Nixon en el cine

En 1977 se estrenó Todos los hombres del presidente, protagonizada por los muy populares actores Robert Redford y Dustin Hoffman. Se convirtió en un clásico, que muestra de manera detallada la investigación de los dos periodistas. Se hizo célebre el personaje “Garganta Profunda”, que aludía al funcionario que fue la fuente secreta que tuvieron los jóvenes del Washington Post.

Ese mismo año, para sorpresa de muchos, por primera y única vez Nixon aceptó conceder cuatro entrevistas a un muy célebre periodista inglés, sir David Frost, a cambio de cientos de miles de dólares. Tuvieron una tremenda repercusión, y en la última, finalmente un Nixon muy golpeado, pidió perdón. En 2008 fueron llevadas al cine en la excelente película Nixon-Frost.

Por último, nadie puede dejar de ver Nacido el 4 de julio, de 1989, basada en la vida del veterano que quedó paralítico, Ron Kovic, que desde su silla de ruedas se sumó e impulsó las movilizaciones masivas contra la guerra y enfrentó los palos y los gases de la policía de Nixon.

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