El uso creciente del dólar en Venezuela y la supuesta recuperación económica

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Por Víctor Jimenez Pugliese 

Con el uso cada vez más cotidiano de divisas por parte de la población en sus transacciones comerciales y con las recientes declaraciones de Nicolás Maduro respecto al dólar como “válvula de escape” que “puede servir para la recuperación” de la economía venezolana, se ha desatado una oleada de opiniones al respecto, sobre si el uso de esta divisa es beneficioso para la economía del país, incluso muchos llegando afirmar que esto evidencia una dolarización en el país.

En primer lugar en Venezuela no existe una dolarización formal de la economía. Los últimos años han estado caracterizados por los controles por parte del Estado en el uso de divisas, que han beneficiado con un tipo de cambio sobrevaluado a los empresarios tradicionales y altos burócratas estatales con las importaciones subsidiadas a partir del ingreso petrolero. Lo que ha venido ocurriendo en los últimos meses es que el Estado ha venido relajando parte de esos controles ante el desplome del ingreso de divisas por las exportaciones petroleras y el estímulo del lavado de dinero de origen ilegal, lo que trae como consecuencia un incremento en el uso de las divisas en las transacciones comerciales, especialmente el dólar estadounidense.

Asimismo el Banco Central de Venezuela (BCV) ha venido distribuyendo divisas en la banca local para intentar detener el acelerado aumento en el tipo de cambio. Esto más las declaraciones de Nicolás Maduro sobre el dólar y su papel progresivo, representan un giro de 180 grados en la retórica del gobierno chavista, que siempre recalcó hasta hace poco, que la elevada inflación presentada en el país se debía a un ataque frontal dirigido por el “dólar paralelo criminal” como una de las armas de la “guerra económica”, al cual se le debía “torcer el brazo”.

Pero ¿el uso cada vez mayor del dólar representa algo progresivo para la economía del país? Sin duda flexibiliza las transacciones en el uso del dinero en efectivo y sirve como refugio de valor ante la depreciación del bolívar, pero es muy reducida la cantidad de personas que tienen la posibilidad de su uso. La gran mayoría en el país que es el pueblo trabajador recibe sus sueldos y pensiones en moneda nacional, y sigue sufriendo la depauperación de sus condiciones de vida. Incluso ese pequeño sector que se ha venido beneficiando del uso de las divisas se enfrenta a otra realidad, en la cual el rápido incremento de los precios de los bienes es mayor que la variación del tipo de cambio en el mercado paralelo, y se hace necesario el uso de una mayor cantidad de dólares para adquirir dichos bienes que además son muy escasos, muchos llaman este fenómeno erróneamente como una “inflación en dólares”.

Al mismo tiempo, a nivel macro la situación dista mucho de ser progresiva. Las constantes inyecciones de euros por parte del BCV para frenar el alza del dólar han venido dando muestras de agotamiento, en el mes de julio el dólar oficial se encontraba en 10.731,11 bolívares, en septiembre 20.746,39 Bs, en las primeras semanas de diciembre ya sobrepasa los 45.000 Bs. A su vez, el dólar paralelo mostró la misma tendencia al alza.

Solo en 2019, el mismo BCV reportó que la inflación se ubicó en 4.679,5% hasta septiembre. La destrucción del aparato productivo de la economía nacional que se ha concretado en una contracción del 60% del producto interno bruto desde 2014 hasta 2019, se sigue reflejando en un espiral inflacionario que no es contenido ni siquiera por la dolarización de las transacciones comerciales.

En definitiva, lejos de traer los beneficios que muchos creen, el uso cada vez mayor del dólar refleja la destrucción de la moneda nacional y la economía, a su vez que crea una enorme desigualdad entre ese reducido sector que tiene acceso a las divisas y que puede mejorar ligeramente su nivel de consumo, y el otro gran sector mayoritario del pueblo trabajador que vive de ingresos salariales en bolívares y por ende tiene un poder adquisitivo totalmente pulverizado como consecuencia del paquete antiobrero y antipopular de Nicolás Maduro.

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