FMI preocupado por posibles estallidos sociales*

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Por José Castillo**

“La desigualdad elevada está relacionada con más estallidos sociales […] y el malestar social será mayor cuanto más elevada la desigualdad de riqueza al inicio”. ¿De quién es este pronóstico? Para sorpresa de muchos es de un estudio del Fondo Monetario Internacional sobre los peligros sociales de la pandemia. Tiene razón el FMI de estar preocupado.

Estamos en medio de la crisis más grande de la historia del capitalismo. Las y los trabajadores y los pueblos del mundo viven sumidos en la angustia de una pandemia que no termina y que ya recorre su segunda ola, de gobiernos que no dan las más elementales respuestas sanitarias, de multinacionales farmacéuticas que muestran toda su rapacidad regateando las vacunas. A la vez, existe un aumento sin precedentes de la pobreza, el desempleo y la miseria, mientras un puñado de multimillonarios y sus empresas agrandan aún más sus fortunas y ganancias. Una pregunta aparece con fuerza: ¿hacia dónde irá el mundo en medio de esta crisis sin precedentes?

Para intentar responder a este interrogante, vayamos a una fuente insospechada de “izquierdismo”: el propio Fondo Monetario Internacional y un estudio de enero de 2021 titulado “Las repercusiones sociales de las pandemias” y firmado por los economistas Philip Barrett y Sophia Chen.

“La historia está llena de ejemplos de epidemias que tienen fuertes repercusiones sociales: transforman la política, subvierten el orden social y provocan estallidos sociales”, se afirma. Sin embargo, el estudio reconoce que “la pandemia tampoco es la causa inicial sino un catalizador”. Por el contrario, afirma: “pone de manifiesto las fracturas ya existentes en la sociedad: la falta de protección social, la desconfianza en las instituciones, la percepción de incompetencia o corrupción de los gobiernos […] Los resultados de nuestro estudio indican que la desigualdad elevada está relacionada con más estallidos sociales […] y el malestar social será mayor cuanto más elevada la desigualdad de riqueza al inicio”. (cita del documento del FMI en “El mundo después de la Covid: El máximo riesgo de crisis política es a los dos años del pico de la pandemia”, Andy Robinson, La Vanguardia, febrero 2021)

El informe del Fondo advierte que: “sube el riesgo de graves crisis políticas (que pueden derribar gobiernos)”. Reconoce que “el malestar social era elevado antes del Covid19 y se ha moderado durante la pandemia, pero, si la historia nos sirve de guía, es razonable esperar que, conforme la pandemia se disminuya, los estallidos sociales emergerán de nuevo”.

Ya en octubre de 2020, otro informe del FMI iba en la misma dirección. Bajo el título “Cómo las pandemias conducen a la desesperación y al malestar social”, los expertos Tahsin Saadi Sedik y Rui Xu, afirmaban que “las epidemias severas que provocan elevada mortalidad aumentan el riesgo de disturbios y manifestaciones antigubernamentales” y “generan un riesgo de desorden civil significativamente más elevado después de 14 meses”. Pronostican, entonces, un crecimiento de las luchas, rebeliones y revoluciones hacia 2022.

¿Por qué el FMI realiza estos estudios?

Evidentemente, refleja el temor del capitalismo imperialista, sus gobiernos, los organismos internacionales y la gran burguesía transnacional ante el horizonte de una posible nueva oleada de luchas, manifestaciones y rebeliones populares.

El FMI pronostica futuros estallidos por medio de complejos estudios. Para la clase trabajadora y los pueblos del mundo, la cuestión aparece mucho más sencilla e intuitiva. Ya hace medio siglo que la economía capitalista imperialista mundial está en crisis crónica. Cada vez se profundiza más la pobreza, la marginación, las bajas salariales, la precarización laboral y el desempleo. Crece el saqueo y la depredación ambiental. Y, como contrapartida, se agudizan las diferencias sociales, por medio de un aumento obsceno de la riqueza de la cúpula de megamillonarios. Más aún, después del último episodio agudo de crisis, en 2007/2008, millones de personas nunca recuperaron los trabajos que perdieron en esos años, o lo hicieron en puestos más precarizados, más superexplotados y con peores salarios. Por eso, ya venía dándose el crecimiento de movilizaciones y explosiones sociales que habían llegado a configurar una auténtica oleada en 2019. Ahí estaban los levantamientos en Hong Kong, las movilizaciones en el norte de África, o las insurrecciones en Puerto Rico, Ecuador o Chile en Latinoamérica.

En 2020, con la aparición de la pandemia, la economía mundial cayó como nunca. El desbarranque de todos los indicadores sociales alcanzó un carácter catastrófico: los peores números desde la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, siguió creciendo, más aún se aceleró, la polarización de la riqueza social: los multimillonarios y sus empresas ganaron más que nunca.

Este es la explicación profunda por la que “se huele en el aire” un descontento social a escala mundial. Obviamente que, en un primer momento, el temor al contagio y las propias cuarentenas ante el Covid generaron una lógica reducción en el número de luchas. Pero queda flotando en el aire, la sensación de que la clase trabajadora y los sectores populares van a seguir enfrentando los recortes y ajustes sociales.

No se trata, por supuesto, sólo de intuiciones o de los cálculos estadísticos del FMI extrapolando experiencias pasadas. Están las propias luchas que se dieron en medio de la pandemia. Ante los intentos de las propias patronales de seguir funcionando aún a riesgo de la vida de los propios trabajadores, como lo vimos en el norte de Italia o en el país vasco. Por cierre de empresas, como sucedió con la Nissan en Barcelona o Mittal en Italia. Las gigantescas movilizaciones contra los planes de ajuste, como en Líbano u otros países del norte de África. Las luchas en muchísimos países de los trabajadores de la salud. Las protestas en los barrios populares de Chile, Paraguay o contra Bolsonaro en Brasil. E incluso el estallido de movilizaciones por causas democráticas, cuyo pico, sin duda, estuvo en el levantamiento en Estados Unidos tras el asesinato de Lloyd Floyd y el repudio a Trump, que llegó a movilizar entre 15 y 20 millones de personas en todo el mundo.

Las rebeliones populares y la necesidad de una nueva dirección

¿Qué conclusión debemos sacar los socialistas revolucionarios? Que el capitalismo imperialista y sus gobiernos pronostican y se preparan para enfrentar esta nueva oleada de luchas.

Parte de esto explica los billones de dólares que el nuevo gobierno de Biden ha lanzado para tratar de “reactivar la economía”, continuidad de lo que ya vienen haciendo los bancos centrales y la propia Unión Europea, o la inyección de dinero que se apresta a emitir el FMI. Pero nada de eso resolverá las más urgentes necesidades populares.

Lo que sucederá, una vez más, será el intento de que la crisis la paguen los trabajadores y los pueblos con más planes de ajuste y saqueo de sus riquezas. Lo que llevará a nuevas oleadas de luchas. Acá está exactamente el terror de la burguesía imperialista y lo que provoca los llamados de alerta del FMI.

El punto débil del proceso de las luchas obreras y populares, de las rebeliones populares, es la falta de una nueva dirección política y de las luchas. Frente a esta perspectiva, es más urgente que nunca avanzar en la unión de los revolucionarios, en la construcción de partidos revolucionarios y una alternativa política para la clase trabajadora. Una dirección que levante un programa de emergencia, obrero y popular, que parta de dejar de pagar las deudas externas, rompa con los planes de ajuste del FMI y le cobre impuestos especiales a las grandes fortunas. Para poner todo ese dinero al servicio de la atención de las dos pandemias, la sanitaria y la social. Un programa que incluya, además, la exigencia de la liberación de las patentes de los laboratorios multinacionales, para que efectivamente las vacunas lleguen a toda la población. Y, por supuesto, que plantee la tarea fundamental: imponer gobiernos de las y los trabajadores que inicien la construcción de una sociedad socialista.

*En Correspondencia Internacional No. 46, abril de 2021

**Economista, dirigente de Izquierda Socialista de Argentina

Foto: protesta de «chalecos amarillos» en Francia

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