Por Miguel Ángel Hernández

El 24 de febrero, el ejército ruso ingresó a territorio ucraniano por su frontera este, con un contingente de casi 200 mil soldados. El gobierno de Putin utilizó el eufemismo de operación militar especial para denominar lo que a todas luces era una invasión de su país vecino. Sus objetivos, según el gobierno ruso, serían “desnazificar” y “desmilitarizar” a Ucrania. Culminaba así un período de casi 4 meses de alta tensión mundial, durante el cual Putin había venido concentrando tropas en la frontera con Ucrania.

Bombardeos a civiles, negociaciones y crisis de refugiados

Desde entonces los medios de comunicación internacionales han mostrado las imágenes de destrucción provocada por la agresión rusa.

La situación para millones de ucranianos es cada día más desesperada. Ya estaría en curso en Ucrania la segunda más grande crisis de refugiados desde la segunda guerra mundial. Han salido del país 2 millones y medio de personas, la mayor parte se ha dirigido a la vecina Polonia, a donde habrían ingresado un millón quinientos mil refugiados, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur). De Kiev, la capital de más de 3 millones de habitantes, ya habría salido la mitad de la población. La misma organización calcula que en total el flujo de refugiados podría llegar a 6, 7 millones de personas.

Ucrania es objeto de bombardeos continuos a civiles. La aviación y la artillería rusa están atacando edificios de apartamentos, casas, hospitales y escuelas. Un hospital pediátrico en la capital Kiev fue alcanzado por los misiles rusos al comienzo de la invasión. En Irpin, a las afueras de la capital, los ataques han sido indiscriminados. Se destruyó el principal puente de la ciudad. Jarkov, la segunda ciudad del país con más de un millón de habitantes, lleva días siendo blanco de bombardeos. Mariúpol al sur, frente al mar de Azov, se encuentra al borde de una catástrofe humanitaria. Está rodeada por las fuerzas rusas. Miles de sus habitantes aún permanecen en ella, sin agua ni alimentos. Recientemente fue bombardeado un hospital materno infantil en dicha ciudad. En Zhitomir, ciudad ubicada a 150 kms. al oeste de Kiev, también fue arrasado un centro de enseñanza preescolar, primaria y secundaria. El ejército ruso incluso llegó a bombardear la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa. Todas estas acciones son similares a las que llevaron a cabo las tropas rusas en las ciudades de Grozny (Chechenia, 1999) y Alepo (Siria, 2015), con bombardeos masivos e indiscriminados.

Según cifras difundidas por la ONU, hasta el 12 de marzo habrían muerto 579 civiles y 1.002 han resultado heridos en Ucrania desde el comienzo de la invasión rusa del país.

El pasado 28 de febrero comenzaron las negociaciones entre representantes del gobierno ruso y del gobierno de ucraniano de Zelensky. Las mismas se han estado llevando a cabo en la frontera con Bielorrusia. Hasta ahora es poco lo que se ha avanzado en las mismas. El único acuerdo logrado fue el de establecer corredores humanitarios para sacar a los civiles de las ciudades asediadas, especialmente Kiev, Mariúpol, Jarkov y Sumi. Sin embargo, Rusia no ha cumplido con el cese al fuego necesario para evacuar a los habitantes de esas ciudades, y ha bombardeado dichos corredores ocasionando la muerte de civiles.

Pero lo importante a destacar es que, a pesar de los bombardeos y el asedio a las ciudades, el ejército de Putin ha encontrado una tenaz y heroica resistencia por parte del ejército ucraniano y las unidades de numerosos voluntarios civiles que se han incorporado a la lucha contra los invasores.

Los analistas daban por descontado que el más poderoso y tecnológicamente avanzado ejército ruso iba a tener un avance mucho más rápido en territorio ucraniano, pero esto no ha sido así. El avance de las tropas rusas ha sido más lento de lo esperado. Desde hace días un convoy de carros de combate, blindados y suministros de más de 65 kms. de extensión se encuentra a las afueras de la capital Kiev, su avance ha sido obstaculizado por la resistencia ucraniana, incluso se habla de fallas logísticas y escasez de combustible. Recientemente se supo que este convoy tuvo que dispersarse debido a los ataques ucranianos.

En Ucrania no hay una guerra interimperialista

Es necesario desmitificar algunos aspectos de lo que sucede hoy. Para la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI) es fundamental caracterizar qué tipo de guerra o confrontación se está produciendo en Ucrania. En ese país no hay una “crisis”, un “conflicto” o una “guerra”, en abstracto. Lo que hay es una invasión de un país capitalista-imperialista, Rusia, de más de 150 millones de habitantes, una potencia nuclear, contra un país semicolonial, empobrecido, de poco más de 41 millones de habitantes. Similar a cualquier país pobre de América Latina, África o Asia.

En Ucrania no hay una guerra interimperialista. No hay dos países imperialistas enfrentados militarmente. No es una confrontación bélica entre Estados Unidos y Rusia, como sectores de la izquierda lo quieren hacer ver. Ni los Estados Unidos, ni la Unión Europea, ni la OTAN, han enviado tropas, ni están combatiendo en Ucrania.

La asimetría entre Rusia y Ucrania es abismal. De acuerdo con el ranking de 2022 de Global Firepower, Ucrania apenas tiene 200.000 soldados, en comparación con 900.000 efectivos rusos. Rusia cuadruplica a Ucrania en cantidad de tanques. Tiene 15 veces más barcos de guerra y 16 veces más helicópteros de ataque. El presupuesto militar anual de Rusia es de 61 mil millones de dólares y el de Ucrania no llega a los doce mil millones de dólares. Rusia tiene 5.977 ojivas nucleares, Ucrania no tiene ninguna.

No somos neutrales ante la invasión de Rusia

Por ello, desde la UIT-CI tenemos una posición muy clara y categórica: En ese sentido somos fieles a la tradición de los socialistas internacionalistas. No somos neutrales ante la guerra desatada por Putin contra Ucrania. Nos colocamos sin ambages del lado de la nación invadida que es Ucrania, contra la potencia capitalista invasora. Damos todo nuestro respaldo a la resistencia, apoyamos el armamento popular para frenar el avance de las tropas de Putin en territorio ucraniano y derrotarlas militarmente.

Pero también somos claros en plantear que como trotskistas no otorgamos ningún apoyo político al gobierno capitalista de Zelensky. Estamos en su mismo campo militar pero somos independientes políticamente. Y estratégicamente luchamos por la verdadera autodeterminación del pueblo y los trabajadores ucranianos que solo será posible cuando ascienda al poder un gobierno de las y los trabajadores, en una Ucrania Socialista.

También dejamos en claro que nuestra solidaridad con la lucha del pueblo ucraniano no tiene nada que ver con la cínica e hipócrita oposición a la invasión rusa de Estados Unidos, la Unión Europea, Macron o Boris Johnson. Son los mismos que han invadido y avalado bombardeos criminales en Vietnam, Afganistán, en Irak, en los Balcanes, en Yemen, Siria, en América Latina y el Medio Oriente. Ejecutando matanzas de civiles similares a las que hoy realiza el ejército ruso. Con su posición política actual solo buscan sacar partido para su propio proyecto de dominación de Ucrania, en el marco de su disputa interimperialista con Rusia. En tal sentido, solo confiamos en los trabajadores y trabajadoras, jóvenes y mujeres, que combaten en toda Ucrania.

Discrepamos con los sectores de izquierda o que se reivindican antiimperialistas, que lamentablemente adoptan una postura neutral en esta guerra. Y con todos aquellos que directamente apoyan a Putin o justifican la invasión, como el caso de los gobiernos del falso socialismo y sus simpatizantes en Venezuela, Nicaragua, Cuba o China; o del peronismo kirchnerista en Argentina.

Esta neutralidad, o peor aún, el apoyo a Putin, lo hacen desde una perspectiva equivocada. Parten de considerar que el gobierno ruso es antiimperialista, o tiene algo de progresivo porque tiene roces con Estados Unidos y la Unión Europea. Argumentan para defender la invasión que a Putin no le quedó otra opción que invadir a Ucrania, supuestamente para defenderse del cerco tendido por la OTAN, por la presencia de tropas y bases de esa organización militar imperialista en el este de Europa.

No hay dudas que desde la caída del muro de Berlín en 1989 y la posterior disolución de la URSS, el imperialismo norteamericano y europeo en el marco de la restauración capitalista de la URSS y Europa oriental, avanzaron en la semicolonización de esos países a través de sus transnacionales y el FMI, y simultáneamente también incorporaron a muchos de ellos a la OTAN, incrementando su presencia militar en toda la región.

Pero lo que no es cierto es que el imperialismo yanqui o el europeo quieran “cercar” a la Rusia de Putin porque se trate de un gobierno antiimperialista o progresista, que defiende al pueblo trabajador de Rusia, y que en ese sentido signifique un peligro para Estados Unidos y la Unión Europea. Esto es totalmente falso. Ya hace 33 años que desapareció la URSS, y desde entonces Rusia es un país capitalista. Putin encabeza hoy un régimen capitalista-imperialista autoritario y represivo, apoyado por un grupo de oligarcas mafiosos ligados a los negocios del petróleo y el gas.

Otro argumento que esgrimen los defensores de Putin es que su gobierno supuestamente combate a un gobierno neonazi, apoyado en bandas de nacionalistas fascistas. Esto no tiene nada que ver con la realidad. Volodimir Zelensky hasta 2019, cuando fue elegido presidente, había sido actor y comediante. Hoy dirige un gobierno burgués liberal. Fue elegido con un gran respaldo (70% de los votos) gracias a su popularidad en la TV y el descreimiento en los políticos que gobernaron desde 1991. Zelensky es hijo de madre judía. Sin duda en Ucrania hay organizaciones fascistas, pero no son la base política y social de su gobierno.

En realidad, el que sí está ligado a organizaciones nacionalistas de ultraderecha es el gobierno de Putin. Además, son conocidos los nexos de oligarcas estrechamente ligados a Putin, como Vladimir Yakunin y Konstantin Malofeev, a organizaciones de ultraderecha globales como Hazte Oír y Citizen Go, a las cuales financian, desarrollando campañas en distintos países contra los movimientos feministas o de defensa de los derechos de la diversidad sexual.

¿Cuáles son las verdaderas razones de la invasión?

La razón fundamental hay que buscarla en que Rusia es parte de la actual crisis económica del capitalismo mundial. El país vive un gran retroceso económico. Tiene años estancado, con un crecimiento entre 1% y 2% anual. En 2019, el PIB de Rusia creció solo un 1,3%, frente al 2,5% del año anterior. En 2020 con el impacto de la pandemia se contrajo un 3,6% (la mayor caída desde 2009). Tiene al 13,2% de la población viviendo en la pobreza.

Desde la desaparición de la URSS, Putin y los oligarcas vienen aplicando brutales ajustes al pueblo trabajador ruso y persiguiendo a la oposición. Ha llegado al extremo de envenenar a una decena de opositores y encarcelar a miles. Todo esto ha causado un gran desgaste al gobierno de Putin, tal como se reflejó en las elecciones parlamentarias de septiembre de 2021, cuando sufrió un gran retroceso, al punto que el Partido Comunista logró aumentar su votación de 13% a casi el 20% de los votos.

Asimismo, se ha visto obligado a enviar tropas para sofocar las rebeliones populares de Bielorrusia contra su aliado el dictador Lukachenko, y la rebelión popular de masas en Kazajistán.

Putin invade tratando de exacerbar los sentimientos nacionalistas de los rusos, y buscando unificar al país alrededor de la supuesta defensa de la patria contra la “nazificación de Ucrania”. Putin no quiere restablecer la Unión Soviética. Más bien a lo que aspira es a volver al imperio zarista. Busca conquistar a Ucrania y desaparecerlo como país independiente. No es casual entonces que haya afirmado que Ucrania fue un invento de Lenin porque en la revolución rusa de 1917 reconoció la autodeterminación de Ucrania como nación. Mientras criticaba a Lenin, reivindicaba a Stalin y su dictadura que oprimió al pueblo ucraniano.

El origen del conflicto desde 2014

Por todo lo anterior, Putin, en medio de su crisis política y económica, invade buscando recuperar Ucrania para convertirla en una semicolonia de Rusia. Para poner sus riquezas naturales al servicio de su burguesía. Esa es la disputa que tiene con EE.UU. y la Unión Europea (UE).

Hasta el 2014, Rusia controlaba a Ucrania a través del gobierno capitalista de Víktor Yanukovich quien, sin embargo, desde el 2013 planteó la integración de Ucrania a la Unión Europea. En esa perspectiva llegó a un acuerdo con el FMI que incluía la congelación de salarios y pensiones, el recorte del gasto público y el fin de las subvenciones al gas para los hogares ucranianos.

Yanukovich presionado por el gobierno de Putin, que había establecido una serie de restricciones al comercio con Ucrania, decidió echar para atrás el acuerdo con la Unión Europea, lo cual fue la chispa que detonó el estallido social de la plaza Maidán, que terminó con su caída y huida a Rusia.

La independencia de Ucrania se produjo en 1991, como consecuencia de la desaparición de la URSS y la restauración capitalista. Esto fue un duro golpe para la economía de Rusia. Ucrania había sido la segunda economía de la Unión Soviética, y la región que le suministraba gran parte de los cereales y alimentos, así como diversos minerales en los que es rico el país.

En Ucrania el capitalismo postestalinista se cimentó en una estrecha alianza de los nuevos empresarios con el poder político y estatal, mediada por la corrupción.

Desde entonces la restauración capitalista llevó a décadas de saqueo de los inmensos recursos naturales del país, y a una caída brutal del nivel de vida del pueblo. Para el año 2014 el desempleo era de 8%; el valor de la hora de trabajo 14 veces menor al de Alemania, y más bajo que en China. La tasa media de inflación en el período 1993-2020 fue de 236,8%. Incluso la población se redujo de más de 51 millones en 1994 a 41 millones y medio en 2020.

Las protestas que se desarrollaron entre noviembre de 2013 y febrero de 2014, con epicentro en la plaza Maidán de Kiev, la capital ucraniana, tuvieron como causa fundamental el pronunciado deterioro del nivel de vida de los trabajadores y el pueblo ucraniano. No hubo un golpe de Estado “fascista”, aupado por Estados Unidos y la Unión Europea, aunque así lo presentó la propaganda rusa. En abril del 2014, Putin reaccionó anexando Crimea e impulsando el separatismo de la región del Donbás.

Solidaridad internacional contra la invasión

La lucha contra el invasor ruso es difícil pero el pueblo ucraniano sigue resistiendo. Mientras esto ocurra, el desenlace sigue abierto, y nosotros desde la UIT-CI seguiremos brindando todo nuestro apoyo.

En ese sentido, la heroica resistencia del pueblo es fundamental pero también lo es la solidaridad internacional que hoy se expresa en el crecimiento de las movilizaciones en Europa y todo el mundo, pero especialmente en Rusia, en ciudades como Moscú y San Petersburgo.

Por eso convocamos a acrecentar la movilización unitaria contra la invasión, reclamando ¡Fuera las tropas de Putin! y en apoyo a la resistencia del pueblo ucraniano, sin dar ningún apoyo al gobierno de Zelensky. Exigiendo que los gobiernos rompan relaciones diplomáticas con Rusia, que se desmantele todo el armamento nuclear de la OTAN y Rusia y repudiando toda injerencia imperialista en Ucrania, sea del imperialismo ruso, de Estados Unidos, del imperialismo europeo o de la OTAN.

17 de marzo de 2022

Publicado originalmente en:

https://uit-ci.org/index.php/2022/03/28/correspondencia-internacional-49/

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