Resultados del 14F: Mayoría del independentismo y crisis en la derecha. ¿Y ahora qué?

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Por Lucha Internacionalista (Estado español)

Mayoría independentista. Récord de abstención. Illa gana. ERC toma el timón. Crece la polarización. La derecha se hunde y Vox irrumpe en el Parlamento. Las elecciones de la pandemia dejan muchos titulares, pero no han servido para lo que el PSOE y el régimen con sus jueces pretendían: encontrar una salida a la crisis que ha abierto en el régimen del 78 la reivindicación nacional catalana.

Al día siguiente de las elecciones, la maquinaria represiva del estado se volvía a activar: el recurso de la fiscalía contra el tercer grado de las presas y presos políticos catalanes, el encarcelamiento de Hasél y las balas de foam de los mozos en las manifestaciones por su liberación.

Si siempre decimos que las elecciones son un reflejo distorsionado de la lucha de clases, de la situación en la calle, en este caso la distorsión ha sido doble, por la injerencia de los jueces, que fuerzan la fecha en este contexto extraordinario de pandemia, represión y desmovilización.

Si el plan del PSOE era debilitar el independentismo, la jugada no le ha salido bien. Una candidatura unionista primera en las elecciones, un debilitamiento del independentismo y una presidencia de la Generalitat en manos de ERC, daban alas al pacto PSOE-ERC, que Podemos-Comuns también ve con buenos ojos: el cambio de presos por una estabilización de la autonomía que deje en la papelera de los recuerdos el 1, el 3 de octubre y la proclamación de la república catalana. Pero el efecto Illa se ha quedado a medio camino porque, aunque el PSC ha sido el partido más votado en Catalunya y ERC -que ya le da apoyo en Madrid- gobernará la Generalitat, el independentismo no se debilita. ERC debía ser la muleta del PSOE en Madrid y los Comuns facilitarle la gobernabilidad en Catalunya, como hizo en los últimos presupuestos. Al igual que ERC ha apoyado Colau en el Ayuntamiento de Barcelona. Pero con una mayoría de votos y de escaños independentistas este escenario se complica.

El resultado del 14-F está marcado, pues por estos cinco elementos:

1. La mayoría independentista. Los votos independentismos superan el 51%, por primera vez y también consiguen un nuevo crecimiento en escaños (74) lo que sigue reduciendo el espacio político de los partidos del 155 y aleja la estabilización del régimen. ERC saca el mejor resultado en décadas en escaños, aunque baja 337.000 votos de 2017, cuando tenía casi un millón. Por primera vez ERC gana en su pugna con JxCat y se convierte en la primera fuerza del independentismo. A pesar de la pérdida de presidencia de la Generalitat, una vez más, Puigdemont aguanta. JxCat tenía un millón de votos y se queda en 560.000. Los 76.000 votos del PdeCAT habrían sido suficientes para hacer que Junts se mantuviera como la primera fuerza del independentismo, pero Mas ha tenido que hacer un nuevo paso a un lado y queda fuera del Parlament. No es un tema menor: la burguesía catalana pierde uno de sus baluartes más experimentado y mejor relacionado con las élites financieras. Probablemente se unirá – con el PNC de Marta Pascal- a la lista de cadáveres políticos de la burguesía que deja el Procés: CiU, UDC, CDC. Que Mas no dejara de recordar durante la campaña que la CUP le obligó a dar el primer paso a un lado ha sido una buena propaganda para la CUP-G.

2.- Una abstención histórica. Casi la mitad de los 5.368.881 catalanes/as con derecho al voto se abstuvieron. Una participación del 53,56%, 25 puntos menos que las últimas, que con el 79%, fueron récord de participación. Participación algo inferior a las gallegas (58’88%) y las vascas (54’57%). Pero otras elecciones se han hecho bajo pandemia, y, con una fuerte motivación política, han dado participaciones históricas, como ha ocurrido en Estados Unidos.

¿Por qué no hubo esta fuerte motivación en las elecciones del 14-F que sí estuvo en diciembre del 17? Hay un conjunto de explicaciones que van más allá de la situación epidemiológica: cansancio y rechazo del independentismo harto que se quiera tapar la falta de un plan político con los enfrentamientos entre ERC y JxCat en el Gobierno. Rechazo al desastre de la gestión de la crisis sanitaria, del Gobierno central y del autonómico y a la falta de respuestas concretas ante la gravísima situación económica que sufre una mayoría trabajadora. Y por último, la rabia por la injerencia de los jueces. Lo más castigado por la abstención ha sido el bloque unionista, por eso su retroceso en cómputo global y en escaños. Un dato complementario de la gente cabreada es el aumento sustancial del voto nulo, que se multiplica casi por tres respecto del 2017, hasta 43.000.

3.- El efecto Illa, a medias: no “se pasa página”. Illa ha ganado las elecciones. Obtiene 33 diputados/as, 652.000 votos, 46.000 más que las anteriores. Si habitualmente un aumento de la abstención hacía retroceder el PSC-PSOE, esta vez no ha sido así por el operativo de Estado que rodeaba la candidatura de Illa. Los jueces hicieron su trabajo: no sólo provocaron las elecciones (con la inhabilitación de Torra) sino que las pusieron en el momento más beneficioso para Illa. Iceta hizo su parte dejándole paso a cambio de un ministerio. Presentado como el voto útil del unionismo, Illa ha barrido a Ciudadanos.

Pedro Sánchez había jugado mucho con la operación Illa, una operación de estado. Illa gana las elecciones, primer objetivo conseguido. ERC desplaza a JxCat, y allana el camino para el pacto PSOE-ERC: «mesa de diálogo» y presos/as a cambio de estabilización autonomista. Pero no consigue ni con la represión, ni con la confusión y división entre ERC y JxCat que desmoralizan el movimiento popular por la república catalana, que el independentismo retroceda. Illa insistía con el diálogo una y otra vez, pero inmediatamente después de las elecciones, volvemos a la realidad: la maquinaria represiva se vuelve a poner en marcha.

Los resultados en Catalunya refuerzan Sánchez dentro del PSOE. Incluso alejan el gobierno tripartito de derechas de La Moncloa, pues PP y Ciutadans ahora deben digerir el batacazo electoral. Pero estos movimientos son de corta duración y no resuelven ninguna los problemas de fondo: ni la pandemia asociada a la gravísima crisis capitalista, la no menos grave crisis de régimen, ni tampoco el encaje de Catalunya.

4.- Polarización de la derecha y hundimiento de Ciudadanos y PP. Con 215.000 votos y 11 diputados, Vox se convierte en el principal referente españolista. El efecto de la polarización social ha afectado a derecha e izquierda, es el reflejo de una situación cada vez más desesperada para muchos que buscan otras respuestas a sus problemas, cansados ​​de los de siempre. VOX, con su discurso franquista, anticatalán, racista, machista, nacional católico … señala los culpables de todos los males: catalanes, inmigrantes, feministas, musulmanes … y es el partido que más claramente se enfrenta a los gobiernos establecidos, central y catalán, que gestionan la miseria.

Ciutadans: por el camino de la UPyD de Rosa Díaz. El peor descalabro en unas elecciones catalanas lo ha tenido Ciutadans, que se queda con 6 de los 36 escaños que tenía y poco más del 10% de los votos que tuvo hace tres años, cuando ganó las elecciones. Algunos de sus responsables ya abandonaron el barco que se hundía (como su portavoz Lorena Roldan que huía al PP), y habrá más. Su discurso claramente de derechas, próximo al PP, ha expulsado una parte importante de su votante del cinturón industrial, que puede no sentirse catalanista, pero que rechaza la derecha, y ha vuelto al PSC-PSOE. Otra parte la ha perdido a manos de Vox que, para ser centralista, lo hace sin complejos. El resultado catastrófico de Ciutadans en la tierra donde se creó, tendrá consecuencias estatales, porque son una serie de derrotas: generales noviembre 2019 de 57 a 10; dimisión de Rivera; pérdida de la mitad de los votos en la coalición con el PP en las vascas. Un nuevo cero a las galegas …

El PP obtiene los peores resultados de su historia en Catalunya. El PP en Catalunya pasa de 185.000 y se queda en 109.000 votos y pierde un diputado quedando 3. Pero el nuevo revés apunta directamente a Casado, que es quien ha impuesto el sesgo aznarista. No es casual que Casado, de la mano de Ayuso, se volcaran en la campaña catalana. Es el segundo desastre consecutivo de Casado, tras las vascas. Aguanta Feijó desde Galicia, que encabeza un frente de barones del PP anti Casado-Ayuso y el aznarismo. Las consecuencias pueden provocar un terremoto en un PP fustigado además por los escándalos de corrupción en los casos Bárcenas y caja B, Gurtel, Villarejo … ¿Una refundación al estilo de la de Convergencia?

5.- Los Comuns en tierra de nadie. Con las precedentes debacles de Podemos en las elecciones vascas y gallegas, los Comuns dan por bueno repetir los y las 8 diputados/as aunque se dejan el 40% de los votos que tuvieron hace tres años (de 326.000 a 194.000vots). Se repite, sin embargo, el mismo esquema. Resultados que permiten sacar pecho al PSOE, son malos resultados para Podemos, cuando comparten gobierno central. Y la lógica es que del PSOE ya se esperan las políticas económicas neoliberales, el centralismo monárquico …, pero de Podemos mucha gente no lo esperaba.

El debilitamiento progresivo de Comuns, no afloja. A las dimisiones de Albano, siguió la del Xavier Domènech, Alamany, Nuet … La estructura, como ya ocurrió en el ayuntamiento de Barcelona, ​​va siendo ocupada por los y las militantes de una ex-ICV que se disolvió en julio del 2019, con un concurso de acreedores y una deuda de 9 millones de euros. Junto con el aparato de CCOO. El nuevo sucesor del nefasto Joan Coscubiela es ahora Juan Carlos Gallego, que iba 2 en la candidatura por Barcelona.

¿Y ahora qué?
El gobierno más probable es el de ERC con JxCat, ahora con Aragonés presidente, pero esto requiere el apoyo de la CUP-G, y volvemos al presing CUP. Aunque Aragonés no consiga atar en corto la CUP-G en el gobierno o con un pacto de legislatura, necesita al menos la abstención para permitir hacer efectivo el Gobierno con mayoría simple en segunda votación. Los Comuns, que en el marco del pacto ERC-PSOE, han estado dispuestos a dar una mano como en los últimos presupuestos, no quiere entrar o apoyar un gobierno de ERC con JuntsXCat.

Pero hay un debate de fondo en la coalición, con las bases de la CUP que se han posicionado claramente por la independencia de clase, en la línea de los 12 puntos acordados por las organizaciones de la CUP-G. El segundo obstáculo es que ERC debe hacer pasar el pacto con el PSOE: presos/as por estabilización de la autonomía, en un marco de política represiva creciente (veremos quién será el nuevo consejero de Interior) y con un movimiento independentista que no está movilizado, pero tampoco liquidado.

Seguir con la parálisis y los enfrentamientos con sus socios no deja de ser una forma de tapar la impotencia, pero también supone un fuerte desgaste.

Tampoco es ninguna alternativa real, la propuesta de Domènech en nombre del Institut Sobiranies de un gobierno “de izquierdas” ERC-CUP-Comuns, con apoyo externo del PSC, en un intento de borrar la mayoría independentista, con un Comuns que el mismo día se abstenía en Madrid ante la propuesta de un referéndum pactado y días atrás tampoco votaba la amnistía.
Sánchez respira un poco más tranquilo, acalla las críticas dentro del PSOE, y mientras PP y C ‘s se lamen las heridas y se alejan de hacer sombra al gobierno de Madrid. Vox crece, pero aún está lejos. Y los problemas continúan agravándose: la pandemia, la crisis económica, el deterioro de la monarquía, la corrupción en el estado … pero quien días pasa años empuja.

A la clase obrera y el pueblo nos queda seguir poniendo todos los esfuerzos en recuperar la movilización para hacer frente la dramática situación que estamos viviendo y en construir una alternativa que de verdad responda a la crisis económica y democrática, de ruptura con la Monarquía en defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos, y de ruptura con el capitalismo, por un plan obrero de emergencia.

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